REAL MADRID

Gary, el uruguayo 'olvidado' del Real Madrid: "No le decía hola a Cristiano por si acaso"

Gary Kagelmacher jugó tres años en el Castilla. Recuerda en Relevo su paso por Valdebebas y destaca la humanidad de Raúl, la calidad de Robben o la contundencia de Pepe.

Gary Kagelmacher, durante su etapa en el Real Madrid Castilla./
Gary Kagelmacher, durante su etapa en el Real Madrid Castilla.
Jorge C. Picón

Jorge C. Picón

A Gary Kagelmacher (35 años, Montevideo, Uruguay) se le conoció en Madrid por su nombre. Él mismo reconoce que es difícil de pronunciar y que incluso en su camiseta optó por ponerse 'Gary'. A secas. Sencillo, como su forma de jugar, la que convenció al Real Madrid para firmarlo para el Castilla tras un gran Mundial Sub-20. Era un duro y prometedor central que despertó el interés de la directiva de Ramón Calderón y, luego, de la de Florentino Pérez, que volvió a reclutarlo cuando ya había regresado a Uruguay. Recuerda que tuvieron que pulir su agresividad y no se olvida de la humanidad de Raúl y el respeto que le generaban Cristiano o Benzema. Tres años en Valdebebas fueron un máster para después cumplir 14 años de carrera en Europa. Ahora, agota su carrera en Universidad Católica de Chile mientras enseña a los jóvenes de todo lo que ha aprendido.

¿Cómo se dio tu fichaje por el Real Madrid?

Uno siempre guarda los recuerdos como si fuese ayer. Hicimos un gran Mundial Sub-20 con Uruguay, en Canadá. Pero noté que era difícil salir al exterior. Era un 28 o 29 de agosto y las ofertas eran escasas. Me había hecho a la idea de quedarme un año más en Danubio. Pero increíblemente, un 28 por la tarde, me levanta mi mamá de la siesta después de un entrenamiento para decirme que llamase a mi agente, que tenía una oferta del Real Madrid. No podía creerlo. Me parecía una broma. Pero era así y empezó el proceso de ir para allá.

¿Te tuvieron que convencer?

La comunicación entonces no era tan fluida como ahora. Quedaba tan poquito tiempo para que cerrase el mercado... Fue una oferta que le llegó a mi agente, me la mostró y cómo le iba a decir que no al Real Madrid. No me importaba lo económico sino la oportunidad increíble que me estaban dando. Al día siguiente tomé el avión y llegué el 30.

Gary Kagelmacher, durante un Osasuna-Real Madrid en 2009.
Gary Kagelmacher, durante un Osasuna-Real Madrid en 2009.

Según cuentas, todo sucedió muy deprisa. Cambiabas de continente de un día para otro. ¿Fue difícil?

Fue duro. Estábamos en un momento en el que no había casi móviles. La comunicación con mis amigos o familiares era todo por teléfono e internet no había siempre en mi casa. Me agarró tan a trasmano que mi idea fue hablarlo con mi familia que estaba ahí, mis padres y mi hermano, hacer las maletas, hacerme a la idea que me voy… Esto fue una llamada a las cuatro de la tarde de un viernes y el sábado en el vuelo de la una ya estaba viajando. De un día para otro estaba en otro continente. A mis amigos les tuve que decir desde España lo que había pasado.

¿Te dejaste algo en Uruguay?

Sí, me dejé algo seguro. Agarré una maleta de 23 kilos y llena de ilusión...

¿Qué impresión te llevaste cuando viste por primera vez la ciudad deportiva de Valdebebas?

Fue un cambio increíble. De un día para otro. Pasar de Uruguay, con nuestra precariedad en canchas, en infraestructuras, donde nos bañamos a veces con agua fría, a una ciudad deportiva con vestuarios para la cantera increíbles, donde teníamos todo. Fue muy llamativo y mi cabeza cambió enseguida. Empecé a ver el fútbol de otra manera. La oportunidad que me estaban dando no la podía dejar pasar. Me lo tomé como un trabajo. Cuando vi todo eso me dije: 'Tengo que quedarme aquí el mayor tiempo posible'.

Gary: «Me levantaron de la siesta y me dijeron que tenía una oferta del Real Madrid».Relevo

¿En ningún momento pensaste que la situación podía llegar a superarte o que no podrías dar el nivel para jugar en el Real Madrid?

Nunca se me pasó por la cabeza. Venía con confianza. Sabía que podía competir contra cualquiera. Mi idea desde el principio era demostrar mis ganas y mi humildad. Y aprender muchísimo de otro fútbol y de otra manera de vivirlo. En Uruguay en aquel entonces se hablaba mucho de la garra. De no perder. De competir. Y se dejaba un poco de lado lo futbolístico. Creo que mi garra y mi actitud me ayudaron mucho a darle algo al Castilla que en aquel entonces no tenía y, a la vez, aprendí de los jugadores y los entrenadores.

Hablando de entrenadores, ¿hubo algún entrenador que te marcó?

Tuve tres entrenadores y todos me dejaron cosas. Mandía, Menéndez y Lopetegui. Aprendí muchísimo de su método. También de los preparadores físicos, con una metodología más moderna. Venía de la nuestra, más antigua. De carreras largas. De entrenamientos largos. Me costó un poco porque yo veía mucha calidad individual. En pases, controles, orientaciones... Había una velocidad de juego y yo venía de otra. Me costó agarrar los entrenamientos. Pero el plantel era muy bueno, me arroparon enseguida porque vieron que tenía humildad y venía a trabajar.

Coincidiste con Nacho, al que he visto que hace unos años le dedicaste una publicación en Instagram. ¿Cómo era tu relación con él? ¿Todavía la mantienes?

Era más joven que yo. Cuando llegué estaba en el C y empezó a subir con nosotros. Había una competencia linda entre los centrales. Había varios buenos jugadores como Mateos, Agus García, Tébar… También un alemán, Christopher Schorch. A Nacho al principio le costó un poco. Jugaba también de lateral. Pero como había jugadores de más edad, el entrenador solía apostar por ellos. Con él me llevé muy bien. Una buena persona, trabajadora. Muy majo y correcto. Tengo una relación normal, a distancia. De vez en cuando intercambiamos algún mensaje. Me pone muy contento por él que se haya mantenido durante tanto tiempo en un equipo con tanta presión, donde hay que ganar todos los años.

¿Cuál de los dos pegaba más patadas?

Yo, seguro (se ríe).

¿Eras el que más patadas daba?

Sí, al principio. Luego me lo fueron puliendo. Pero lo pienso ahora y es normal. Piensa que el Madrid ficha a un niño de 19 años y quieres comerte el mundo. A veces me pasaba de ganas. El primer año tuve varias expulsiones por juego brusco. Por querer robar la pelota. Por querer contagiar. Recuerdo que en los entrenamientos, Alberto Bueno le decía al míster: 'Dile que no me pegue más hostias'. Y el míster se cagaba de la risa. Le gustaba que fuese así, fuerte. Al principio se quejaban un poco los jugadores, pero me fueron conociendo y yo fui bajando un poco la intensidad y corrigiendo.

«Alberto Bueno le decía al míster 'dile que no me de más hostias'».Relevo

¿Recuerdas subir mucho a entrenar con el primer equipo?

Subía, pero no mucho. Cuando faltaban algunos jugadores por lesión. O en época de fecha FIFA. Cuando subí más fue cuando jugué mi único partido, que el Castilla estábamos entrenando por si el primer equipo necesitaba algún jugador. Estábamos un poco fuera de forma porque el ritmo era muy leve. Pero ahí sí me toca el llamado porque había varios lesionados.

Coincidiste con Ramos o Pepe. ¿Hubo algún defensa que te sorprendiese especialmente?

En ese tiempo me impresionó mucho Pepe. Era un jugador muy agresivo, muy rápido, iba bien de cabeza. Me gustaba su estilo y el físico que tenía. Con personalidad y su carácter, a veces desmedido, pero me gustó mucho.

¿Recuerdas cómo fue entrar en el vestuario del primer equipo del Real Madrid?

El tema es que nos cambiábamos en el vestuario nuestro y sólo íbamos a entrenar. Sí que nos mezclábamos en las salas de recuperación con piscinas, sauna, etc… Y siempre venía Raúl y era uno de los pocos que nos preguntaba cómo nos estaba yendo. Por el campeonato. Cómo había ido el fin de semana. Quizás para él no era nada, pero para nosotros era un montón.

Justo quería preguntarte por Raúl y por Guti, que venían de la cantera y estaban en ese equipo. ¿Se preocupaban más que el resto por vosotros?

Siempre fueron muy correctos. A mí el que más me impresionó como persona fue Raúl. Una persona muy dada, siempre preguntándonos. Y entrenando también. Era una época en la que ya no iba a la selección y eran muy pocos los que se quedaban. Sólo seis o siete. Pero él siempre se entrenaba fuerte y serio. No daba una pelota por perdida. Igual que Míchel Salgado, otro loco súper competitivo. Que se calentaba cuando perdía y puteaba… Yo en mi cabeza pensaba 'si estos locos ganaron todo y en un entrenamiento con juveniles, en fecha FIFA y se calientan'. Fueron cosas que me dejaron un aprendizaje. Habían jugado tantos partidos y seguían con esa competitividad. Era llamativo.

Gary: «Raúl era de los pocos que nos preguntaba cómo nos iba».Relevo

Al final de tu segunda temporada juegas tu primer y único partido con el primer equipo. ¿Cómo recuerdas aquella experiencia?

Fue todo muy emocionante. Me tocó toda la semana ir a entrenar y poder viajar con el equipo ya era un premio increíble. Después, el día previo me dicen que voy a viajar a Pamplona y me quedo contento. Me toca ir a probar el traje. Me dan una maletita. Vas al aeropuerto y no haces check-in ni nada. Te subes directo al avión. Nosotros con el Castilla íbamos tres horas antes, cada uno con su maleta... Yo preguntaba si llevaba algo y me decían que no, que no llevara nada. Cuando llego al hotel estaba toda mi ropa, de mi talla y en mi puerta. Otro mundo. Luego, yo pensaba que iba al banco de suplentes. Que en vez de darle la oportunidad a un canterano se la dan a un jugador del plantel. Pero en la charla me dice Juande Ramos que me va a dar la oportunidad. Que me había visto en los partidos de la cantera y que lo hiciese igual. Ahí sí empezaron los nervios. A sudar. Era difícil hablar con la familia. Llamé a mi esposa actual y mis padres y les dije que iba de titular. No podía creerlo. Quedaban tres horas para el partido y no pude ni descansar. No quería liarla. Penaba en hacerlo todo bien porque estaban ahí Robben, Raúl, Higuaín, Míchel Salgado, Miguel Torres… Quería dársela a ellos y que lo hicieran ellos. Hacer un partido normal.

¿Hubo algún jugador del primer equipo que destacara por encima del resto?

A mí me gustó mucho Robben. Era muy rápido. Muy encarador. Te salía para los dos lados. Sabías que iba a ir para dentro y, aún así, te ganaba igual. Jugador que podía correr mucho y hacer muchos esfuerzos. Era una persona más tímida, introvertida, pero con una calidad increíble.

A ti te trajo la directiva de Ramón Calderón, pero viviste el cambio a la de Florentino. ¿Te afectó de alguna forma?

Sí, recuerdo que varios compañeros se fueron. Con Calderón de presidente se trajeron muchos extranjeros. Después se fueron acortando y quedamos otro y yo. Cuando se fue cambió un poco la metodología. Firmé por dos años pero cuando regreso a Uruguay me llama una persona de la directiva que me dijo que me querían de vuelta por un año más.

Entonces, ¿jugaste una temporada más?

Jugué como uno más, todos los partidos. Siempre regular en el equipo, con Lopetegui de entrenador. Treinta y pico de partidos.

El vestuario del primer equipo cambió mucho, con la llegada de Cristiano, Kaká o Benzema. ¿Recuerdas subir a entrenar con ellos?

Ese año sí que subí muy poco. Ya había pocos canteranos subiendo, cada vez menos. Uno estaba deseando ir en pretemporada, que a veces subían alguno, pero sólo subieron uno o dos. Creo que Parejo y uno de los hermanos Callejón.

Gary: «Veía a Ronaldo y pensaba 'no voy a decir hola por si acaso'».Relevo

¿Y pudiste coincidir con alguno de ellos en la ciudad deportiva?

Sí, pero yo era respetuoso. A Cristiano a veces me lo cruzaba en la zona común de recuperación y estaba allí haciendo sus rutinas. Pero es tanto el respeto que generan esos jugadores que uno piensa 'no voy a decir ni hola por si acaso'. También Benzema, que estaba en el agua fría y uno no quería ni meterse para no decir nada inadecuada.

Por último, se dice que Madrid tiene peligro para los jugadores por las opciones de salir que existen. ¿Tu tuviste algún problema en este sentido?

Por supuesto y justo lo hablaba con un chico joven acá. Es algo que fue una fortaleza mía. En ese tiempo y ahora. Desde mis comienzos no salí, no me gustaba. Sabía que si elegía esta carrera conllevaba un sacrificio. Sé que Madrid es una ciudad preciosa, inmensa, con un millón de posibilidades… Pero nunca tuve un problema con eso. Vine a jugar al fútbol convencido. De muy lejos y sin familia. No me merecía la pena llevar esa vida. Opté por jugar y por quedarme en Europa. Pude quedarme en ese continente 14 o 15 años y hacer una carrera muy valiosa.