José Carrascosa: "Luis Enrique es un muy buen gestor de las emociones"
Activación, energía, tarea. Carrascosa, pionero de la Psicología del Deporte en España, desgrana las claves psicológicas de la Selección.

Hoy sábado comienzan los octavos de final del Mundial de Catar, para los que España se clasificó hace dos días, no sin sufrimiento. No sin presión. Ha sido la palabra clave para numerosas selecciones en esta primera fase de la competición, en la que hemos visto golpes en el pecho como los de Laïdouni, llantos como el de Luis Suárez y cuadros de ansiedad como el de Pablo Aimar.
Sobre las emociones intrínsecas al fútbol del alto nivel y cómo gestionarlas hemos hablado con José Carrascosa, pionero de la Psicología del Deporte en nuestro país, fundador y director de Saber competir, además de actual psicólogo del Athletic Club, tras su paso por clubes como el Sevilla o el Valencia, entre otros. Carrascosa tiene claro el diagnóstico de la España de Luis Enrique, al que califica de "muy buen gestor de las emociones". Lo analizamos.
Desde el punto de vista psicológico, José, ¿qué le pasó a España contra Alemania?
¿Qué decide la calidad del juego? La parte actitudinal: la concentración, la activación, que en fútbol se le llama intensidad. La activación es energía, es agresividad, es ritmo de juego. Además, eso te ayuda a tener más iniciativa, a ganar duelos. Estos son aspectos determinantes en el juego, tanto como la propia idea de juego. ¿Qué pasó ayer? La activación. ¿Qué vimos? Un Japón, un rival, con un nivel de activación mayor, que nos superó. España empieza bien. Nos metemos en el partido, nos adelantamos, estamos tranquilos, pero el rival nos sorprende y ya no podemos recuperar el nivel óptimo de activación, porque vienen los nervios, la precipitación, la inseguridad… El nivel de energía, la activación, cuando se te pone de cara todo y sientes que ya está, baja. Entre comillas, te aflojas. Eso provoca una disminución del nivel de atención, juegas más lento… Y cuando el rival te mete en dificultades, ya no te vuelves a activar de la misma manera. Es una cuestión emocional, no es un tema de motivación ni tampoco de cabeza.
¿Qué diferencia hay entre que sea un tema de motivación o de cabeza?
Voy a usar una expresión que utilizan los futbolistas. Hay partidos que te ponen. Imagínate en una relación personal, hay una persona que te pone. Eso lo notas. Y es una cuestión emocional, no de cabeza: no es que lo piensas, es que lo notas. Entonces, hay partidos, te hablo en general, porque es una experiencia de todos los futbolistas a todos los niveles: hay partidos que te ponen, porque es un derbi, porque es un partido de rivalidad, porque es un Mundial, porque es un primer partido de un Mundial… Y hay partidos que te ponen menos. Esto explicaría las eliminaciones, por ejemplo, de los equipos de Primera división en la Copa. Irte a jugar a un campo de 1ª RFEF, en invierno, que no tienen el mejor césped, que es por la noche…, te pone menos. Sale el rival con una energía máxima y te pasa por encima. El tema de la activación es muy importante en el rendimiento. No puede ser que el rival ponga más energía que tú. Entonces, hablamos de energía, no de la cabeza ni de motivación. Yo estoy convencido de que la cabeza estaba bien y de que el equipo estaba motivado para pasar a la siguiente fase, pero el nivel de energía se afloja.
Desde fuera puede costar entender que un partido de un Mundial no te ponga…
No es que no te ponga, es que hay partidos que te ponen más y otros que te ponen menos. Pero no es tampoco el partido. Es, con el 1-0, la sensación de "ya está". Yo un resultado que temo es el 2-0 a favor. ¿Por qué? Porque genera esta sensación de "ya está". Entonces, bajas el nivel de activación, le das la iniciativa al rival, el rival te mete en problemas, te mete un gol y te saca del partido. Desde el punto de vista emocional, el 2-0 es un resultado peligroso.

Para España lo fue el 1-0. Luis Enrique reconoció que el equipo tuvo cinco minutos de pánico.
Sí, él habló de colapso. De repente, el rival te sorprende. Nos pasó lo mismo que a Alemania, en cinco minutos, Japón se puso por delante, y eso produce una sensación de ¿qué está pasando?, de incertidumbre, duda y temor. Cuando el míster habla de colapso, habla como de shock: te sales de tarea y te pones a pensar, eso es un estado de shock. Cuando surgen esas dificultades, te pones a pensar en lo que está sucediendo y se rompe el flow, se rompe esa sensación de estar concentrado y de jugar de memoria y de jugar a tu mejor nivel. ¿La preparación psicológica a qué va dirigida a este nivel de futbolista? A que no suceda lo del partido ante Alemania, a que la concentración, la activación, a que tu mejor trabajo lo pongas siempre, a que las circunstancias no te saquen de tu mejor trabajo. Y a España el partido le sacó de su mejor trabajo.
Luis Enrique también dijo que, a pesar de la clasificación para octavos, esa derrota era "un bofetón" y que podía ser bueno. ¿Qué puede suponer este golpe de realidad para la Selección? ¿Qué aprendizaje genera?
Lo normal es que sirva de toque de atención y que el equipo vuelva a ponerse en estado de alerta y vuelva a competir a su nivel. Esto es lo más probable. Después del susto, reaccionamos y volvemos a ser nosotros, pero es verdad que cuando ocurre esto también cabe el riesgo de que se abran dudas, de que se pierda algo de confianza y los rivales empiezan a tener pistas de por dónde eres vulnerable. Los rivales pueden pensar: "Si le ponemos más intensidad, a lo mejor les podemos superar". ¿Es bueno que pase esto? No, nunca es bueno. También te digo que estoy convencido de que el míster, con Joaquín Valdés, el psicólogo de la Selección, con los chavales, gestionarán lo que ha sucedido para que sirva de aprendizaje.
Lo inmediato es que a España le cambia el camino que pueda vivir en el Mundial: no es primera de grupo, no se va a medir a Croacia sino a Marruecos, evita a Brasil en unos posibles cuartos…
Eso no les va a afectar en nada. La mentalidad era y sigue siendo el partido a partido, no mirar el rival y hacer tu mejor trabajo, noventa minutos y otros noventa minutos… El discurso del míster siempre ha sido intentar jugar siete partidos. Llevamos tres, vamos a por el cuarto. Yo creo que vamos a seguir igual.

¿Por dónde pasa ahora el psicológico para afrontar ese próximo partido de octavos ante Marruecos?
Desactivar la presión pasa mucho por llevarles a lo que tienen que hacer y como ya lo han hecho muchas veces y lo han hecho a un grandísimo nivel, se trata de volver a repasar la tarea colectiva, recordar que está clara, que está suficientemente entrenada, que se domina, que se ha hecho a un altísimo nivel en el Mundial y en partidos anteriores, y convencerse de ir al partido a imponer ese trabajo. Sería un enfoque equivocado hablar de no caer en octavos. El enfoque correcto sería acercarnos a la excelencia en el juego en el próximo partido. Lo normal, si estamos excelentes, será que pasemos. Pasar tiene que ser la consecuencia de un trabajo excelente. Yo soy partidario de desactivar la presión llevando toda la energía, todo el foco, la atención, a la tarea. La condición de favorito no juega. No juega lo que ha sucedido en partidos anteriores. Para España, la condición de favorito contra Japón, no jugó. En el partido disputado contra Alemania, el 7-0 anterior, tampoco jugó. El caché que tiene la selección española dentro del ranking de selecciones, no juega. Las fichas de los jugadores, el valor de la plantilla, de la selección española, no juega. ¿Qué es lo que juega? La tarea, el nivel de concentración, el ganar duelos, el imponer tu idea de juego, el someter al rival desde tu trabajo, meterle en dificultades, hacer que dude, que se equivoque. Ahí es donde hay que poner toda la energía, en la tarea, con absoluta fe en que desde esa tarea tendrás lo que buscas.
La otra cara de la moneda fue Alemania, en la que Kimmich confesó después del partido que era el día más duro de su carrera y que tenía miedo de caer en un pozo.
Sí, cada uno gestiona estas situaciones según su forma de ser, según su carácter, y si se ensimisma, se aísla, eso es peligroso. Además, una decepción tan grande como caer eliminado en un Mundial, en la primera fase, como Alemania, supone muchas críticas y te lleva a aislarte, a no estar expuesto. Y luego están las redes sociales. Puede convertirse en un calvario. Ahí es muy importante la madurez personal para entender que es una decepción tremenda y nada más, pasar ese duelo, que durará unos días, y volver a entrenar con ilusión, con alegría, volver a preparar la vuelta a la competición, que es la liga que empieza pronto, y que te ayude tu entorno. Lo recomendable después de una decepción así es blindarte, cuidar tus relaciones personales, con la familia, con los amigos, seguir haciendo tu vida más o menos normal dentro de tu entorno.
¿Cuánto de positivo hay en verbalizarlo? Porque suena duro escucharlo, pero imagino que es muy bueno expresarlo.
Mucho. Muchas veces el problema es que te lo comes tú solo, lo llevas dentro y no lo sacas. Sacarlo, poder hablarlo, siempre en un contexto de mucha confianza, puede ser con tu psicólogo, con tu pareja o con tu padre o con tu madre. Lo digo porque el futbolista, después de una decepción tan grande, no encuentra explicación, se siente fatal, piensa que no tiene sentido lo que ha pasado. Es bueno hablarlo porque ventilas tus emociones.

Si hay una palabra que estamos repitiendo y viendo plasmada en este Mundial, ésa es "presión". Tenéis trabajo los psicólogos antes, durante y después de una competición tan exigente emocionalmente.
Sí, y yo quisiera darle normalidad. El fútbol de máximo nivel, hablamos ya de las grandes ligas y las competiciones internacionales, Champions, Europa League, Mundiales, Eurocopas…, se está traduciendo en una mayor exigencia a nivel emocional. ¿Por qué? Porque se juega a uno o dos toques, la presión del rival está muy cerca, juegas a superar líneas… Entonces, has de decidir muy rápido, has de decidir antes del control, y eso supone máxima concentración, jugar de memoria, no pensar, tomar decisiones con muchísima rapidez, estar atrevido, tener confianza, asumir también el error sin que te saque del juego, también has de estar muy coordinado con los compañeros… Es un trabajo no de uno más uno más uno, sino que es un trabajo colectivo. La exigencia del fútbol ahora te lleva a estar preparado a nivel emocional. El que no está en forma a nivel físico no puede jugar con mucho ritmo, y a nivel emocional pasa lo mismo. Para este fútbol que es rápido, vertical, intenso, tienes que estar preparado también a nivel emocional. Vemos cómo la activación es importante. Entonces, todo eso el futbolista tiene que trabajarlo como un elemento más del entrenamiento. Igual que te preparas a nivel físico, quieres mejorar el dominio del juego, a nivel técnico y táctico, te has de preparar también a nivel emocional. Hay que entender el trabajo psicológico como un elemento más del entrenamiento.
"Hay que entender el trabajo psicológico como un elemento más del entrenamiento"
Entrenamiento de los jugadores y de los entrenadores, del staff. Yo sigo impresionada con la imagen de Pablo Aimar hiperventilando en el banquillo después del gol de Leo Messi ante México.
El entrenador, el cuerpo técnico, realmente están muy solos. ¿En qué sentido? Con la responsabilidad que hay detrás de ellos. Es un equipo, pero fíjate, en un Mundial es también un país entero. Y no solamente es un país entero, es la historia de esa selección. Messi no ha ganado un Mundial. Digamos que toda esa responsabilidad que acompaña a una gran selección, normalmente, la vive de una manera multiplicada el entrenador, porque la hace suya. El saber gestionar toda esa presión es fundamental, tanto individualmente el jugador como el entrenador. El entrenador, además, no sólo tiene que gestionar sus emociones. Los entrenadores son, cada vez más, gestores emocionales. Tienen que gestionar la psicología individual, que es la del jugador, y la psicología colectiva, que es la del equipo, la del grupo.
De hecho, las palabras de Scaloni después del partido fueron precisamente eso, que no se podía vivir el fútbol así, que mañana volvía a salir el sol. Fue una manera de tratar de relativizar, algo tan difícil en el fútbol.
Ahí es muy importante, para el futbolista y el entrenador, que aprendan mecanismos para desactivar la presión. Por ejemplo, cuando entiendes que la clave está en la tarea, en el juego, y que ganar, perder, la satisfacción de los aficionados, el disfrute, pasar a la siguiente fase, es la consecuencia de la tarea, desactivas la presión. Cuando lo vives todo mezclado, es "no solamente tenemos que jugar bien, sino que además hay que pasar, porque si no pasamos, los aficionados, el país, la decepción… Cuando lo vives todo junto, colapsas. La cabeza está más limpia cuando entiendes que lo prioritario, ¿qué es? Hacer un buen trabajo. Hay un deportista que en esto es modélico que es Rafa Nadal. Rafa Nadal no habla de ganar, habla siempre de encontrar su mejor juego, porque sabe que ganar es la consecuencia de jugar bien. Entonces, jugar bien, a nivel emocional, es estar absolutamente concentrado, decidir rápido, estás atrevido, intenso, le pones pasión… Tienes que tener absoluta fe en que todo lo que esperas llegará como consecuencia de esto. Éste es un mecanismo que desactiva mucho la presión.
¿Y cuánto de mecanismo para desactivar la presión hay en el Twitch de Luis Enrique?
Sí, ayuda, retira los focos de los jugadores y los pone en él, pero también es relativo. ¿En qué sentido? El entrenador sí puede crear un clima de trabajo colectivo, de rendimiento. A nivel grupal, puede crear ese clima de decir "estamos preparados y vamos a por ellos". Es una cohesión interna, pero luego está la parte individual, donde ya cada jugador, desde su individualidad, desde su propia carga emocional, vive el partido con más o con menos presión. Me parece inteligente intentar retirar los focos de los jugadores, pero siempre está el que determinado jugador se juega la vida. Al final, las cosas no son como son, sino como cada uno se las toma. No podemos obviar que en torno a un Mundial hay muchísimos intereses. Jugar bien y avanzar en la clasificación y llegar a la fase final del Mundial, a nivel individual, supone más prestigio, mayor valor, incremento de la ficha, tener más oportunidades de promocionarte profesionalmente… Esa faceta el jugador la vive, eso el jugador no se lo puede quitar de encima. Luego también están las expectativas que se generan sobre el jugador, hablamos de su propio entorno, representantes, familia, aficionados. Siempre hay una parte de la presión que va con el jugador. El jugador tiene que aprender a gestionar eso. No puede esperar a que el entrenador le quite la presión. Yo, por lo que veo, Joaquín Valdés y Luis Enrique están trabajando mucho y muy bien la parte grupal en cuanto a la cohesión interna. Ellos son una piña, todos ganan, todos pierden, no se improvisa. Eso se viene trabajando desde hace mucho tiempo.
¿Luis Enrique le parece, entonces, un buen gestor de las emociones?
Sí, me parece muy bueno.
Él comentó que la presión es un privilegio. ¿Qué le parece una frase como ésa?
Va en la línea de darle un enfoque positivo. Es un privilegio poder jugar un Mundial. Es un privilegio ser futbolista al nivel que son los futbolistas internacionales. Darle la vuelta a la presión más como oportunidad, en vez de verlo como algo que vas a sufrir, no, pensar en que lo vas a disfrutar. Eso tiene mucho sentido. Y también leí del entrenador de Ghana que la presión decía que era no tener para comer. Son mecanismos que desactivan la presión. Lo que no tiene sentido es pensar que ganar o perder es jugarte la vida. La vida no es eso ni depende de eso. Aunque es cierto que ganar puede ser una alegría muy grande o perder una decepción muy grande. Pero no nos jugamos la vida. Y menos, un país no depende sólo de esto.
¿Usted le ve alguna pega a esa comunicación diaria?
No, no le veo ninguna pega. Al revés, yo creo que suma, retira los focos del equipo. Pero luego está esa parte que le queda al jugador. Desde mi experiencia, muchos jugadores tienen el psicólogo, el trabajo psicológico en el club o se lo buscan por su cuenta. Os sorprenderíais. Muchos jugadores de fútbol, muchos deportistas, podemos generalizar, utilizan ya el trabajo psicológico de una manera normalizada. Cuando digo normalizada me refiero a lo largo de toda la temporada.
¿Por qué nos sorprenderíamos?
Porque se utiliza mucho. Mucho más de lo que en general se habla de ello. Ahora va habiendo muchos testimonios de jugadores, y me parecen muy acertados, donde cuentan que trabajan con este psicólogo, con este otro… Esto es sólo la punta del iceberg, porque es bastante habitual que ahora el jugador o lo tenga en el club o se lo busque, y sea un profesional de su confianza.
Como Joaquín Valdés para Luis Enrique y la Selección. El martes le acompañó, además, en su sesión de Twitch, en la que el seleccionador dejó una frase que lo confirma: "Todos tenemos los mismos miedos, los mismos complejos y las mismas dudas que cualquier trabajador".
El trabajo del futbolista es más difícil que el de muchos otros profesionales por la exposición que tienen. Cualquiera puede opinar de lo que ellos hacen. Luego todavía viene a complicarlo más el tema de las redes sociales, porque pueden sufrir incluso ataques. El fútbol ha evolucionado y ahora se vive de una manera muy emocional, y los aficionados o lo disfrutan o se enfadan con el equipo, y eso cuando no lo sabes gestionar, se puede volver en contra. Te hablo del futbolista que no sabe gestionar esas cosas. El futbolista que sea muy sensible a la opinión de los demás, a los likes, a las críticas, que no entienda que le den un palo o que no lo sepa gestionar, pues tiene un problema serio.
¿Y ahí la recomendación es cerrar o dejar de usar las redes sociales, o aprender a asumir esa realidad?
No, no hay que dejarlas, hay que aprender a gestionar eso, a darles el valor que tienen. No darle más valor que tienen. ¿Qué quiero decir con esto? Si la autoestima de uno depende del numero de likes, pues andamos mal. Entonces, la autoestima tiene que depender de otras cosas. Y ves que discrepan de ti, pues lo entiendes, no te gustará pero no te afecta demasiado. Mira, yo soy muy metafórico y suelo poner un ejemplo. En el trabajo con los jugadores les hago ver que trabajan en un escaparate. Entonces, nos vamos de compras, y tú y yo vemos una prenda, y yo te digo: "Mira, qué chulo, me gusta", y tú puedes decir: "Pues no entiendo cómo te gusta, a mí no me gusta nada". Eso es vivir en el escaparate, es que cualquiera opina de lo que tú haces. Y opina sin criterio, es una cuestión de gustos. Dicen "este jugador es un paquete" o "ése tiene mucho nivel". Y el jugador tiene que entender eso, y cuando entiende que esto funciona así, que su trabajo tiene mucha exposición y que se opina de él, muchas veces sin ser un experto, simplemente por una cuestión de gustos, cuando aprende a convivir con esto, el jugador puede manejar las redes sin ningún problema.
Y cuando el foco está puesto en jugadores tan jóvenes, el caso de España, la tercera selección más joven del Mundial, jugadores como Gavi y Pedri, ¿esto cómo se gestiona? ¿Se hace un mayor trabajo psicológico?
Yo soy de los que piensa que la falta de experiencia o la juventud es una excusa que se utiliza de manera recurrente en fútbol, pero que no deja de ser una excusa. Si hablamos de preparación, ya no puede ser una excusa. La selección española es una selección joven, pero con mucha experiencia. Hablamos de una liga importante, clubes importantes, competiciones importantes. ¿Es una selección joven? Sí. ¿Es una selección inexperta? No. Y luego está, independientemente de la edad, el saber gestionar la propia presión: el poner toda tu energía en lo que está en tus manos, poner toda la energía en la tarea, en hacerla bien, y saber que todo lo demás suele llegar como consecuencia. La selección está en muy buenas manos, tanto por parte del seleccionador, como por parte del cuerpo técnico. Conozco a Joaquín Valdés y es un profesional de reconocido prestigio. Los chavales están muy bien cuidados.
¿Cuánto influye en el éxito deportivo un buen trabajo psicológico?
No soy de los que piensa que esto es una varita mágica. No. Dentro de la idea de normalizar el trabajo psicológico, creo que es un aspecto más. Sí que es verdad que, actualmente en el fútbol la igualdad es máxima: igualdad de talento, de calidad, también a nivel físico. Entonces, cuando hay tantísima igualdad y tan buenos jugadores, cuando los jugadores tienen mucha calidad y además son atletas, ¿qué es lo que puede marcar la diferencia? La parte emocional. El jugador que es muy fiable, que siempre compite, que siempre va, que siempre saca su mejor versión suele ser un jugador que marca la diferencia. Pero no porque esto sea lo decisivo, sino porque dentro de la igualdad, ahora lo que marca la diferencia es el competir.
Y ese competir, lo está diciendo, viene marcado por las emociones. ¿Podemos decir, entonces, que las emociones marcan el nivel de un futbolista?
Sí. Yo te diría que el talento es necesario, pero no es suficiente. Porque si ese talento aparece de vez en cuando, cuando sopla viento a favor, cuando tiene la confianza del míster, cuando está jugando con regularidad, cuando tiene rendimiento, cuando es objeto de alabanzas por parte de los aficionados, pero luego no aparece porque el viento sopla en contra, porque todo se tuerce o porque surgen adversidades… No. El talento cobra sentido a través del trabajo psicológico. Cobra sentido es que se expresa y es fiable cuando emocionalmente tienes recursos para sacarlo siempre.
"El talento cobra sentido a través del trabajo psicológico"
Recursos que han de aparecer en momentos adversos: suplencias, no contar para el entrenador, tener que exprimir veinte minutos… Pienso en jugadores como Morata o Ansu Fati.
Te hablo en general: el futbolista espera que el entrenador le dé confianza y le gusta sentirse importante para el entrenador. Yo, que trabajo con futbolistas y con entrenadores, te digo que es al revés precisamente: el entrenador necesita ver al futbolista que está preparado, y entonces cuenta con él. Ese futbolista que está esperando que el entrenador le dé confianza, ¿cómo se proyecta en los entrenamientos? Con dudas, poco decidido. ¿El entrenador qué ve? Que no está preparado para competir. Entonces, es el futbolista el que tiene que trasladarle confianza al entrenador, y esto forma parte del trabajo psicológico.
¿Qué trabajo psicológico se hace con jugadores que se han visto dentro del Mundial y, después, se han quedado fuera? El caso de José Luis Gayà en España, o Benzema y Lucas Hernández en Francia, lesionados. Incluso Lo Celso, que se quedó a las puertas, entre otros muchos. ¿Cómo se asume eso? Porque es un palo grande.
Sí. La lesión es una decepción tremenda. Es, salvando las distancias, como cuando te deja el coche tirado, que siempre te deja en muy mal momento. La lesión siempre es inoportuna, siempre supone una decepción enorme, dolor emocional, y el futbolista necesita pasar unos días de duelo hasta que lo supera. Es necesario acompañarles en ese proceso, porque a veces se encierran en sí mismos, se refugian en casa, no salen, y a veces podría evolucionar hacia situaciones más críticas, a cuadros de tipo ansioso o depresivo. Cuadros se antiedad se dan bastante. Lo que pasa es que no tiene por qué hablarse públicamente, el que lo quiere hacer pues fenomenal, porque ayuda a normalizarlo, pero lo suelen llevar como pueden, los servicios médicos lo tapan también de alguna manera, que es lo lógico, "está indispuesto" y ya está, pero sí se da. Para Jose Gayà, que lo conozco y tiene una cabeza privilegiada, es una persona fuerte a nivel emocional, seguro que ha sido una decepción grande, pero ya estará con la cabeza puesta en volver, en competir. Además, sabes que él es un referente para los compañeros en estos temas: en trabajo, en competir, en superar dificultades. Y ésta será una más.
¿Cuánto de estos nervios, de ansiedad, y cuánto de indisposición real médico hubo en la ausencia de Bono el otro día contra Bélgica?
Pues, ¿ves?, ése es un cuadro que da qué pensar. Yo no lo conozco, no puedo afirmar nada, pero vamos a utilizar la lógica. Hablamos de la situación que se dio, no del futbolista. Si es un cuadro gastrointestinal, lo tienes por la mañana ya. Si es justo antes del partido y es la cuarta vez que pasa, que sucede, ahí se puede pensar que hay algo que al jugador le supera, y eso tiene pinta o puede estar detrás un cuadro de tipo ansioso. Incluso los cuadros gastrointestinales tienen que ver con la somatización de la ansiedad.

Dentro de esa ansiedad que viven los jugadores, de la presión, ¿qué papel juega una charla ya histórica como la de Hervé Renard al descanso del Argentina-Arabia Saudí? Le dieron la vuelta al marcador, vimos la intensidad del seleccionador, del traductor… ¿Qué importancia tiene ese discurso?
Me parece muy interesante utilizar motivaciones a las que nosotros les llamamos motivaciones valiosas. Normalmente el futbolista, el deportista en general, se mueve guiado por motivaciones relacionadas con el éxito: ganar, pasar a la siguiente fase. Cuando hablamos de motivaciones orientadas al éxito o motivaciones relacionadas con triunfar, suponen que compites con otros y tratas de superarles. La inmensa mayoría, incluso la sociedad, está orientada hacia el éxito, a triunfar. Pero hay otro tipo de motivaciones que son, si cabe, más potentes. Por ejemplo: la de mejorar. Mejorar es que uno compite consigo mismo para ser mejor, para hacerlo mejor hoy que la semana pasada. Otro tipo de motivaciones son las que tienen que ver con los valores. "Yo compito porque soy así, porque no me rindo nunca, porque entiendo que un valor mío es el esfuerzo…" Una motivación también es no traicionarse a sí mismo. Y luego hay otro tipo de motivaciones, también muy potentes, que son las que posiblemente utilizó el entrenador de Arabia, que tienen que ver con el orgullo, con el hacer que los aficionados se sientan felices, el ser ejemplo ante los aficionados… Vas más allá de lo que haces y le das trascendencia. Cuando un entrenador maneja ese tipo de argumentos, para mí denota que es una persona preparada, que sabe de lo que habla. O que tiene buenos asesores, también.
¿Y cómo se convence de esto a una afición afiebrada por el fútbol, como nos decía Jorge Valdano, por ejemplo, como Argentina?
Cuando hablamos de aficiones, hay que ir creando como una cultura, ¿no? Cuando hablamos de una cultura hablamos de una opinión generalizada. Cambiar las opiniones a nivel social eso requeriría en Argentina que sus referentes hablasen más de esto, en vez del discurso de ganar, ganar y ganar, y si no, pues es un desastre. Ese discurso no tiene sentido. Yo soy de los que defiende que ganar es un alegrón y un subidón tremendo, y perder es lo contrario, pero lo deberíamos de dejar así, no más que eso. En la sociedad no nos enseñan a perder. ¿Cuántos van a ganar el Mundial? Uno. E incluso el otro finalista perderá el Mundial. Entonces, ¿qué es más fácil, ganar o perder? Es más fácil perder. Más fácil no, más habitual. Tenemos que aprender a gestionar la derrota, porque la derrota forma parte de nuestra vida. De la vida del deportista, seguro. Entonces, darle normalidad también a eso. Es que sólo gana uno. No hablamos de estar preparado para perder y justificarlo, no, no hablamos de eso. Hablamos de entender la derrota y saberla gestionar desde la normalidad también. Y la normalidad es que primero hay un duelo, lo pasas mal, pero luego sales adelante y ya está.
"En la sociedad no nos enseñan a perder. ¿Cuántos van a ganar el Mundial? Uno. E incluso el otro finalista perderá el Mundial"
Psicólogo deportivo, director de Saber competir¿Qué es más difícil de canalizar, la victoria (el éxito), o la derrota (el fracaso)?
Te lo voy a resumir con una expresión que me la creo a pies juntillas y la utilizo. Te lo digo con una frase: "Lo que los demás llaman éxito, quizá es simplemente un buen trabajo. Y lo que los demás hablan de desastre y fracaso, quizá solamente es un trabajo que puedo mejorar". Cuando tienes la referencia del trabajo, hablamos de un trabajo bien hecho o de uno que se pueda mejorar. Unos le llaman éxito, otros le llaman fracaso. ¿Lo importante para mí qué es? Es mi trabajo, y eso me da equilibrio. Es más, tú sabes que a veces no haciendo las cosas bien, se gana. También uno tiene que tener esa madurez para decir, "mira, la gente se vuelve loca conmigo, pero yo sé que no estoy a mi mejor nivel". O lo contrario, "me están dando muchos palos, pero yo creo que estoy trabajando mejor de lo que parece". Eso es lo que da equilibrio.
¿Qué equilibrio o desequilibrio demuestran golpes en el pecho de jugadores como Laïdouni en Túnez, al minuto uno y cinco de partido? ¿Qué pone de manifiesto a nivel de motivación y de tensión?
Eso pone de manifiesto pasión, activación. El exceso de activación es malo. En futbol decimos cuando uno va pasado de vueltas es menos competitivo, es mucho más fácil equivocarte cuando vas sobreactivado, sobreexcitado. Jugar bien también requiere pausa, tranquilidad, requiere criterio. Cuando la activación es excesiva, lo pierdes. La activación excesiva no supone estar preparado. La famosa 'Furia española' era una mentira, porque la preparación psicológica no tiene que ver con eso. Tiene que ver más con lo que es Rafa Nadal o Federer, que son criterio, pausa, competir, ir, pero no perder los papeles. Eso no tiene sentido.
¿Onana perdió los papeles al enfrentarse al seleccionador de Camerún y marcharse del Mundial?
Es difícil entrar en casuísticas, pero la cohesión interna pasa también porque el jugador respete absolutamente al equipo. Una acción de indisciplina movida por el interés personal es un ataque al equipo, no es un ataque al entrenador, es una falta de respeto al equipo. Ahí los galones, la experiencia, el dónde juegas, el talento no es excusa, porque por encima de todo está el equipo. El equipo nos hace mejores a todos, al jugador, al fisio, al entrenador y digamos, nuestro jefe es el equipo, y la servidumbre la tenemos respecto al equipo. Entonces, tener un ataque, entre comillas, de ego, y cometer una indisciplina que se traduce en una agresión o falta de respeto total al equipo, nunca tiene justificación, por muy bueno que seas.
Uno que es muy bueno es Cristiano, sobre el que se habla del final de su carrera. Tiene 37 años. ¿Cómo de importante y de difícil es saber decir adiós?
Este tema sería para hablarlo despacio, porque es muy interesante, por muchas aristas. La inmensa mayoría no ve que le llega el final. No lo ve. Yo en mi trabajo de años con futbolistas les he acompañado a algunos en este proceso de colgar las botas, y te digo que muy pocos ven que es el momento de dejarlo. A la mayoría les deja el futbol, no lo dejan ellos. Y eso se produce porque es un momento temido por el futbolista. Aunque haya preparación a nivel personal, de futbolistas con nivel de estudios incluso, que podrían desarrollar otra profesión, temen ese momento porque se apagan las luces, pasan a ser invisibles. Te hablo de expresiones que ellos utilizan. Deja de sonar el móvil, vuelven a los mismos sitios y ya no son recibidos de la misma manera, son más invisibles. Y luego ellos están acostumbrados a un nivel de activación elevado, a los entrenamientos diarios, a los partidos, ganar, perder.
A la adrenalina.
Sí, tiene que ver con la activación, con la adrenalina, y requiere de un proceso de adaptación. Un futbolista me decía: "Jose, es que yo no estoy preparado para entender lo aburrida que es la vida después de colgar las botas". Es un momento temido también porque a veces el colgar las botas se puede traducir en problemas de pareja, porque el futbolista está acostumbrado a viajar, y de repente la pareja, la familia, tiene que convivir más tiempo juntos, y aparecen disfunciones ahí. No es fácil. El futbolista se puede encontrar cuando cuelga las botas con muy buenos ahorros, incluso con tener la vida resuelta, incluso con preparación, porque ahora hay ya muchos futbolistas que tienen su formación, pero no tienen vida. De repente su vida se queda vacía porque lo que han hecho desde los 10 años hasta los 37-38, se apaga. Entonces, tienen que rellenar, dar sentido otra vez a su vida, y eso no es fácil. Yo creo que necesitan un acompañamiento, que los clubes, la federación, debería de cuidar esa fase porque estamos hablando de salud mental. Y es verdad que el aficionado dirá: "Pero tiene dinero, pero tal…". Pero es que no todo lo da el dinero. Puedes tener el banco lleno y no saber qué hacer a partir de las nueve de la mañana. Y eso a nivel emocional es difícil de gestionar.

Para ir cerrando esta charla, que podríamos alargar horas. Igual que hablábamos del lema de Luis Enrique sobre la presión, ¿cuál sería el suyo para la Selección?
Te voy a dar dos lemas. "No hay excusa para que hagamos nuestro mejor trabajo, ninguna excusa" y "no hay excusa para establecer complicidad y ser un equipo contra el rival". A nivel emocional, debemos de ser exigentes, no hay excusa. Si sabemos que jugando a nuestro mejor nivel somos capaces de ganarle a cualquiera, no hay excusa para que lo hagamos. Luego está el rival, que también puede hacerlo muy bien, o mejor, pero la mentalidad tiene que ser la de hacer nuestro mejor trabajo, y eso pasa por la ilusión, las ganas, el atrevimiento, la concentración, ponerle pasión, tomar la iniciativa, tener ritmo de juego… No hay excusa para que hagamos lo que tenemos entrenado. Yo cada vez creo más que la psicología y el juego van de la mano. Creo mucho en el trabajo diario, igual que generas hábitos, entrenamos muy bien, le metemos intensidad, nuestros entrenamientos son muy buenos, y en esos entrenamientos hay que meter ahí exigencia de tipo emocional, de todo lo que estamos hablando: la concentración, la activación, la iniciativa, la confianza, el atreverse, es generar ese hábito diario para que luego salga solo.
¿Y eso se hace? ¿Tendría que estar siempre el psicólogo en el campo?
Yo lo estoy. ¿Cómo entiendo yo el trabajo psicológico? Como uno más del cuerpo técnico que comparte los mismos horarios que el resto del equipo. Llegas temprano, desayunas con el equipo, antes y después del entrenamiento se hace trabajo individual con algunos de los jugadores y durante el entrenamiento, estás viéndolo, porque es ahí donde ves a los jugadores y donde ves si aplican el trabajo que estás haciendo con ellos. Luego, comes con ellos. El trabajo del psicólogo yo no lo entiendo como llegar un día y marcharte. Eso no tiene sentido. Valdés está en los entrenamientos. Y se sienta en el banquillo. Yo creo que el modelo de la selección es el, es el… creo que se ajusta a lo que te estoy comentando.
El adecuado iba a decir.
Bueno, como yo lo entiendo. Quiero ser muy prudente, porque es verdad que en la psicología aún estamos empezando y hay cosas por concretar, pero sí, yo creo que el modelo es éste. Y te concreto más: nosotros tenemos que trabajar sobre la psicología individual y apoyar al entrenador para que él maneje la psicología grupal. Que el psicólogo haga alguna acción con el equipo, bien, de manera puntual, pero ¿quién es el responsable de la psicología grupal? El entrenador. Nosotros hemos de estar más como asesores del entrenador. Como Valdés, que es una persona de la confianza de Luis Enrique y le ayuda en estos temas. Le escuché en Twitch y, con mucho criterio, decía que él no opina de fútbol, sino de sus temas. Para eso están los segundos entrenadores y auxiliares.