OPINIÓN

No se preocupen: Mbappé y Vinicius jugarán juntos... pero no revueltos

Mbappé celebra el segundo gol ante la Real Sociedad. /AFP
Mbappé celebra el segundo gol ante la Real Sociedad. AFP

Un cuarto de hora de partido y de eliminatoria. Poco. Menos, incluso, de lo esperado. La Real duró viva lo que quiso Mbappé. Para qué engañarnos. Pareció que andaba Kylian más motivado de lo habitual. O ilusionado con mantener viva la posibilidad de ganar su primera Champions. O cabreado con Luis Enrique por los dos últimos cambios antes de tiempo. Quién sabe. La realidad fue que parecía tener ganas de recordar y demostrar quién es y quién quiere llegar a ser: el mejor futbolista del mundo. El Messi de la próxima década. Ni más ni menos. Su pretensión no es otra que convertirse en un coleccionista de títulos. De los colectivos y de los individuales. Le caben todos en el armario.

Luis Enrique, sobre Mbappé.

Todos en un cuarto de hora. Amagó dos veces y dio a la tercera. Golazo. Golazo. Golazo. ¡Qué facilidad para el desborde, para el remate, para el amago, para arrancar y frenar en espacios reducidos! En un PSG muy bien organizado tácticamente, con mucho control de la situación y con una presión alta inyectada en vena por Luis Enrique, el futuro futbolista del Real Madrid jugó por donde siempre ha querido jugar. Su pensamiento es fácil de imaginar. "Juego por donde quiero... Soy bueno, muy bueno". Lo es. Un verso libre dentro un soneto que sonó bien, pero que muy bien, en Anoeta.

En teoría, parecía que iba a ser el '9', como en el partido de ida en el Parque de los Príncipes. El delantero más centrado de los tres atacantes. En la práctica fue un delantero 'mentiroso' que sabía perfectamente desde donde quería arrancar para montar su espectáculo. Para un futbolista de su velocidad, de su cambio de ritmo, los espacios naturales que se crean entre los laterales y los centrales son una invitación al sprint y llegar hasta la cocina, como si estuviese en el pasillo de su casa de Bondy. Por supuesto, el sector elegido fue el izquierdo en ataque, entre Traoré y Zubeldia. El suyo de toda la vida, el mismo que, casualmente, suele ocupar Vinicius en el Real Madrid.

En definitiva, Mbappé jugó por el espacio que ha hecho suyo a base de pateárselo. Un diestro más que se coloca a pierna cambiada. Por allí es por donde se siente más cómodo. Dembélé, casi un cuarto centrocampista, y Barcola muy abierto en la otra banda, entendieron bien que ellos tenían que buscarse la vida y ocupar lo menos posible la zona de influencia del todavía compañero de zamarra. Lo que cada partido queda más en evidencia es que a la banda derecha, Kylian no aparece ni para heredar.

No tengo ninguna duda de que muchos madridistas han comenzado ya a forofear con cuál será la posición del deseado. Dos mensajes de whatsapp en el descanso del partido, confirmaron la teoría. Quejas. Dudas. Incertidumbre. "Que éste va a querer jugar por la izquierda, donde Vinicius... que ya la tenemos montada". ¡Como si el ancho del campo no tuviera 50 metros para repartirse y los partidos no duraran hasta que a Gil Manzano le dé la gana! Que todos los problemas puedan ser esos. Que cohabiten dos futbolistas de esa calidad. Vinicius y Mbappé jugarán juntos, pero no revueltos. E intercambiarán sus posiciones. Y jugarán solos en punta. O con un tercer compañero. Y con Bellingham por detrás, incluso. Nada que deba quitar el sueño a Ancelotti y que, además, el italiano domador de egos no pueda resolver.