Para jugar con tanto miedo, mejor semifinales a un partido

A lo mejor el Atlético-Athletic me hace cambiar de opinión tan solo 24 horas después, pero, desde luego, por lo visto en el Mallorca-Real Sociedad casi hubiera sido mejor que las semifinales coperas se hubiesen seguido disputando a partido único. Tanto los de Aguirre como los de Imanol se pasaron el primer envite pensando en el segundo. Lógico para ellos, pero insufrible para el aficionado que acudió a la cita bajo el auspicio de que estaba en juego una semifinal de Copa y la esperanza de que el aliciente de poder disputar la final animaría a los protagonistas a exponer bastante más que lo que expusieron.
Miedo. Mucho miedo. Más que respeto, incluso. Los locales porque la planteada es su forma de entender el fútbol. Siempre juega así, a que el rival no juegue y después suceda lo que el destino quiera. Los visitantes porque tienen en su cuerpo bastante más empaque de lo que demostraron y solo cuando el contrario comenzó a dar muestras de cansancio comenzaron a merodear el área rival.
Este Mallorca y esta Real son dos equipos de autor. Aguirre e Imanol manejan los hilos de sus equipos desde la autoridad y el absoluto control de la situación. Aquí se juega a lo que dice el entrenador y el futbolista que no lo entienda, lo normal es que se quede en el banquillo. Y si no que se lo pregunten a Sergi Darder, que llegó a la Isla para ser el Bellingham del equipo y está chupando más banquillo de lo imaginable hasta el punto de que ahora se puede y debe considerar más suplente que titular. Cada técnico transmite sus conceptos futbolísticos sin obviar, por supuesto, los futbolistas que tienen a su disposición, pero sin desviarse un metro de su estilo preconcebido.
Dos apuestas balompédicas tan en las Antípodas que en el choque entre una y otra se 'autoaniquilaron'. Dos no discuten si uno no quiere. El Mallorca es capaz de desarrollar su método sin tener el balón y la Real necesita del esférico para ser ella misma, pero cuando no lo tiene le sobra pudor para interrumpir el juego y armarse en defensa. Por lo tanto, posesión y elaboración para los realistas y repliegue y juego directo para los bermellones. Cada uno hacía lo que quería y como a ninguno le iba mal siguieron a lo suyo hasta el final. Poco para rescatar. Con Kubo todavía en la Copa de Asia, 'Barrene' se erigió en el mejor jugador sobre el campo. Casi el único que encaró, que tocó de primera y en profundidad.
Por los andares de los dos equipos en la Liga también había que tener en cuenta que se enfrentaban dos conjuntos que dominan el arte de romper el juego del contrario. La Real (383) es el segundo equipo que más faltas comete, después del Getafe (387) y el Mallorca no está muy lejos, quinto (355). En el frente a frente, sin embargo, se impusieron los de Aguirre que se fueron a las 22 infracciones pitadas, sin olvidar el constante contacto en forma de empujón en todos los balones divididos. Una forma como otra cualquiera para jugar menos. Los de Imanol, en esta ocasión, se plantaron en las 14 faltas. Menos de las habituales, pero tampoco el rival planteó problemas para cometer más.