FÚTBOL BASE

Yo jugué en la Damm: el campo de la AEDA, "el olor a pinchito" del bar de Fermín y el vigilante que fichó al primer debutante en Primera

El club cervecero, una de las canteras más importantes del país, acaba de inaugurar una ciudad deportiva.

Campo de la AEDA de la Damm. /@RetroFutbolCat
Campo de la AEDA de la Damm. @RetroFutbolCat
Marc Mosull

Marc Mosull

Gerard Moreno, Marc Casadó, David López, Joan García, Ramón Terrats, Sergio García, Curro Torres, Toni Velamazán… la lista de exjugadores de la Damm que han llegado a la élite nacional es inacabable. Y es que desde poco después de su fundación, en 1954, el club de fútbol que representa a la cervecera catalana, creado por trabajadores de la fábrica para que jugaran sus hijos, siempre ha competido de tú a tú contra Barça y Espanyol en todas las categorías formativas. Una de las peculiaridades de la entidad es que no tiene primer equipo, pues su filosofía es, precisamente, la de promover la formación deportiva y humana a través del balón. Y de este modo se ha convertido en uno de los viveros de futbolistas más importantes de Cataluña y España.

Joan Barcons, alma mater de la Damm.  CF DAMM
Joan Barcons, alma mater de la Damm. CF DAMM

Uno de los primeros que triunfó en el fútbol habiéndose formado en la Damm es el mediático Jaume Creixell (Barcelona, 1942), un mito de los banquillos del fútbol regional catalán que, antes de dirigir, fue portero. "El entrenador del juvenil era el vigilante de mi barrio, el señor Torras. Él es el que me ficha a mí para la Damm. Eran los primeros años de vida del club y ahí ya estaba el señor Barcons. Lo es todo en la Damm", desvela Creixell sobre el alma mater de la entidad.

"Para mí Josep Barcons [presidente de 1969 a 2011] fue como un padre. Te inculcaba los valores del club y te ayudaba siempre en todo lo que podía. Nosotros jugábamos por toda España y nos pagaban 5.000 pesetas por desplazamiento de partido a cada jugador, y a mí y a mi hermano, como veníamos de Argentona, muchas veces nos daba un poco más. Es un detalle que explica como era. Tuvo muchos más como este", explica con devoción Pedro Nieto (Mataró, 1975), que, como su gemelo Joan, jugó un año en el sub-19 de la Damm, ya en los noventa, y mantiene un recuerdo imborrable de Barcons.

Recortes de fotos de Jaume Creixell en la Damm.  CEDIDA POR JAUME CREIXELL
Recortes de fotos de Jaume Creixell en la Damm. CEDIDA POR JAUME CREIXELL

La primera 'estrella' de la Damm

Jaume Creixell también vistió solo un año la camiseta del combinado cervecero -que fue verde, antes de pasarse al color rojo-, pero que tiene el orgullo de "ser el primer jugador de la historia del club en debutar en Primera, con el Betis". Con él bajo palos, la Damm ganó en la temporada 1959-60 uno de los primeros campeonatos de su historia, La Lliga d'Adherits, cuya final se disputó en el campo del Sants; antes del encuentro, el club invitó a comer a toda la plantilla en la que es "la primera concentración" de la entidad de la que se tiene constancia. "Me acuerdo de que nosotros jugábamos en el estadio del Europa… y que al final de ese curso me fui al Badalona, que me fichó para jugar los últimos partidos de la temporada en Tercera", comenta el Tigre Creixell sobre su marcha del conjunto barcelonés.

"Me fichó el vigilante de mi barrio y fui el primer jugador de la historia del club en debutar en Primera División"

Jaume Creixell Exjugador de la Damm (59-60)

Antes de convertirse en un reputado periodista deportivo, Joan Domènech (Barcelona, 1965) fue un prometedor extremo. Y corrió la banda Damm durante cuatro temporadas, desde alevín A hasta el primer año de juvenil, antes de firmar por el Europa, club con el que jugó en Tercera División. "En esa época, finales de los 70 y principios de los 80, la Damm era uno de los clubes dominadores del fútbol formativo junto a FC Barcelona, Espanyol y Sant Gabriel. De hecho, yo perdí todas las ligas y las finales contra el Barça. Eso sí, recuerdo que de infantiles, en el campo de la Guineueta, les ganamos 4-1. Les entrenaba un tal Ursicinio López", rememora con una sonrisa Domènech.

"En un torneo muy prestigioso que organizaba el Sant Gabriel, jugamos unas semifinales en el campo del Llefià contra el Madrid de Sanchís, Martín Vázquez y Pardeza, del que se decía que era el mejor de España de la categoría. Nuestro entrenador le puso un marcaje individual… y de camino al vestuario estaba amargado, casi lloraba de las hostias que le habían dado al pobre. Tengo que decir que éramos un equipo combativo; mucho balón para arriba, duelos aéreos… el Barça jugaba un poco más a fútbol que nosotros", analiza el exfutbolista barcelonés.

El mítico campo de la AEDA

"Jugábamos en el campo de la AEDA. Estaba por la zona de Can Dragó, en dirección hacia la montaña", dice Domènech sobre un diminuto terreno de juego de tierra que, para el imaginario popular barcelonés, es uno de los símbolos del fútbol formativo catalán. También era conocido como el campo de la calle de la Selva, campo del Doctor Andreu o la Bombonera de Nou Barris, pues estaba encajado en ese distrito, en el barrio de Porta. Y fue el primer 'estadio' que tuvo en propiedad la entidad cervecera, que durante sus comienzos vivió de alquiler en distintas instalaciones de la ciudad condal.

"En mi época los vestuarios no estaban ni en el campo, tenías que cruzar la calle para cambiarte", comenta el periodista de El Periódico de Catalunya. "¡Ese campo era la hostia! Las vallas y los banquillos estaban pegados a la línea, ni medio metro habría. Ahora sería imposible jugar ahí", apunta Pedro Nieto. "Era un campo tan pequeño que era imposible ganar", llegó a decir Josep Guardiola.

Partida de la liga juvenil sub-19 en el campo de la AEDA.  CF DAMM
Partida de la liga juvenil sub-19 en el campo de la AEDA. CF DAMM

Jugar en el campo de AEDA era como ir al dentista. Cañizares, Julen Guerrero y Urzaiz... por allí pasaron los mejores jugadores sub-19 de España porque, durante finales de los ochenta y principios de los 90, la Damm participó cada año en la liga juvenil sub-19, algo así como un "cuarto año de juvenil". "Era una liga muy potente, como una especie de Primera División para jugadores jóvenes. Íbamos a Bilbao, Valencia, Sevilla… imagínate con 18 o 19 años lo que era para nosotros poder viajar con el fútbol", explica David Charcos (Montmeló, 1975), que jugó un año en la Damm sub-19, en la 92-93.

Las triquiñuelas de Pepín Cabezas

"Los hoteles eran siempre los mejores, pero todos los viajes eran en autobús, aunque fuéramos a Andalucía o Vigo. El segundo entrenador era Rodri; trabajaba en una pastelería y siempre traía croissants y ensaimadas para los desplazamientos. Eran increíbles esos viajes", completa Nieto que, como Charcos, estuvo a las órdenes de otro mito del club, Pepín Cabezas. "Era un personaje. Imagínate, nosotros éramos unos bigardos, y cuando salía el campo el equipo rival se nos acercaba y nos decía para que lo oyesen ellos: 'te acuerdas el otro día como le reventamos la pierna a ese del Tenerife'. Era todo mentira, pero quería intimidar a los oponentes", revela con una carcajada el actual comentarista de LaLiga y Movistar Plus.

Pedro Nieto, en el campo de la AEDA con unas Munich que le regaló Francisco, del Espanyol.  CEDIDA POR PEDRO NIETO
Pedro Nieto, en el campo de la AEDA con unas Munich que le regaló Francisco, del Espanyol. CEDIDA POR PEDRO NIETO

"Pero oye, que después jugábamos muy bien al fútbol, ¿eh? No todo era el físico y que el campo fuera pequeño. Nosotros quedamos cuartos en la liga juvenil sub-19 por detrás de Athletic Club, Sevilla y Barça. Y jugamos unas semis de Copa contra el Sevilla de Marchena; me acuerdo porque vinieron 40 o 50 personas de mi pueblo a vernos a mí y a mi hermano", narra con cierta nostalgia el excentral del Maresme. Su gemelo, Joan, actuaba de centrocampista, y en ese equipo también jugaba Curro Torres. "Y luego estaba Chirri, el masajista. Era de Montcada i Reixach. Otro crack", lo cierra Nieto, que durante la segunda mitad de su único año en la Damm jugaba con el conjunto cervecero, pero entrenaba con el primer equipo del Espanyol, con Răducioiu y Pochettino, entre muchos otros.

"Olor a pincho, a torrezno... a frito. 'Y los quintos de Damm ahí amontonados! Ese bar de Fermín tenía mucha historia

Pedro Nieto Exjugador de la Damm (94-95)

"Yo de lo que me acuerdo es del bar del campo de la AEDA, que lo llevaba Fermín. Y de los bocatas de pinchos que hacía. Eran buenísimos… estabas jugando y olías los pinchitos", comenta Charcos, que coincidió con Pedro Nieto primero en la Ferran Martorell y después en el filial del Espanyol junto a Tamudo, Morales, Sergio González y compañía. "Bueno, bueno… olor a pincho, a torrezno… a frito. ¡Y los quintos de Damm ahí amontonados! Ese bar de Fermín tenía mucha historia", lo complementa su excompañero. "Por las mañanas, cuando hacía frío, montaban un fuego ahí al lado de bar para calentarnos. También recuerdo la zona de fisios, que era muy pequeña y tenía una lámpara roja que daba calor", el que lo dice es Álvaro Vázquez (Badalona, 1991), que en una época mucho más reciente también vistió la camiseta roja de la Damm.

El goleador que se forjó en la Damm

A Álvaro Vázquez, su paso por el club cervecero en categoría alevín e infantil, le cambió la vida en lo futbolístico, pues le permitió dar el salto al Espanyol y, además, le convirtió en un goleador. "Yo llegué del Trajana a la Damm y jugaba como mediocentro. En los primeros entrenamientos, vinieron muchos descartes de Barça y Espanyol; montamos un partido de once contra once… y solo quedaba sitio para jugar arriba, y me dijeron 'ponte de delantero centro'. Empecé a meter goles y ahí me quedé".

Como casi todos los que pasaron por ahí, el futbolista de Badalona destaca, por encima de todo, el rol formador de la entidad: "Para mis padres era muy importante que el club me siguiera educando en lo futbolístico y lo personal, eso es innegociable en la Damm. Que no tuviéramos que pagar por jugar también era muy importante para nosotros, y si encima es un equipo en el que mejoras, pues imagínate", realza el exjugador del Espanyol. Y es que otra de las peculiaridades del club es que todos los jugadores y jugadoras están cien por cien becados, lo cual es muy poco habitual en el fútbol base catalán.

Una escuela de jugadores y entrenadores

"Es un club muy familiar donde importan mucho los valores y las personas, más allá del rol que ocupen", asevera Dani Fernández, que fue entrenador de la Damm en dos etapas distintas, llevando a cadetes y juveniles, y se fue en 2020. Actualmente, es profesor del curso de entrenadores, y también ha dirigido en el Espanyol y en la selección catalana; por sus manos han pasado Melendo, Aarón Martín, Marc Roca, Maffeo, Sergi Canós, Puado, Olmo, Aleñá, Pol Lozano o Rafa Alcántara. "En la Damm, por ejemplo, tuve a Víctor Gómez, que se fue a Portugal, y a Víctor Muñoz, que está en el Castilla".

"Desde el club potencian una idea de fútbol asociativa, el tener personalidad en el juego e ir a presionar arriba, pero no están obsesionados con los resultados aunque siempre queden en la parte alta", dice Fernández que también destaca los profesionales que hay en todos los ámbitos y como se retroalimentan entre ellos, lo cual se potenciará todavía más a partir de ahora: "Coincidí, por ejemplo, con Cristóbal Parralo, que era director deportivo, y Luis García, entrenador del Juvenil A. Se hacen muchas reuniones y hay mucho contacto porque es un club muy familiar, entonces que sea con gente tan capacitada te enriquece muchísimo".

Un nuevo hogar

Tras muchos años de vivir de alquiler y de entrenar y competir de forma disgregada en distintos campos de Barcelona -en Horta o La Teixonera-, por fin la Damm vuelve a tener casa propia. Para Dani Fernández, la construcción de una ciudad deportiva que aglutine todos los equipos de la entidad y centralice los distintos servicios que tiene el club, "multiplicará el carácter familiar de la entidad" y facilitará la interrelación entre todos estos departamentos, lo cual "era necesario y le hará dar un paso de gigante" a un club que, según Jaume Creixell, su primer debutante en Primera, "es un ejemplo del fútbol base en Cataluña". Y lo es "gracias a gente como el señor Torras -el vigilante de su barrio que lo reclutó- y el señor Barcons", que sentaron las bases de una de las principales academias de futbolistas de Cataluña y España.