OPINIÓN

El mercado de fichajes de la Kings League arregla cuentas pendientes a costa de cargarse su espíritu original

Ibai Llanos, durante la Final Four del Camp Nou. /Getty.
Ibai Llanos, durante la Final Four del Camp Nou. Getty.

¿Te imaginas que el Real Madrid, tras ganar su último título, tuviera que dejar salir a todos sus jugadores a otros equipos? ¿O que Gerard Piqué hubiera tenido que vestir la camiseta blanca porque LaLiga le hubiera obligado a hacerlo previo pago de una cláusula ante la que él nada podía hacer? Pues eso es precisamente lo que el exfutbolista del Barça busca en la Kings League.

Parecía una buena idea. Y sí, lo parecía. El pasado 14 de marzo, cuando aún quedaban 11 días para la Final Four del Camp Nou, Piqué, en compañía de su inseparable Oriol Querol, anunciaba el mercado de fichajes de su competición y sentaba sus primeras bases. En un primer momento todos los presidentes a excepción de Adri Contreras se mostraron emocionados por el enésimo giro del gran circo de Gerard, pero tan solo un mes después las voces más críticas comienzan a dar la razón al campeón del primer split.

El contexto: una vez terminada la primera parte de competición, se abriría un periodo de mercato que duraría un mes. Los dueños de los equipos blindarían a sus jugadores con cláusulas ficticias. Sus diez hombres del draft (el jugador 11 y 12 quedaban excluidos) debían valer 300 millones y cada uno dispondría de otros 100 para fichar a quién pudieran. En teoría era apasionante: protegerían a sus estrellas y mejorarían todo lo demás. Tal vez alguno de ellos haría una locura, desencadenando un pequeño efecto cascada. Pero ya.

Para darle más emoción al asunto, si un presidente pagaba una cláusula, el jugador no podía negarse a jugar para su equipo. En caso de que dos lo hicieran, elegiría entre ambos. En un giro ético, Piqué recomendaba negociarlo discretamente antes de llevar a cabo la operación. Su consejo: "Nadie quiere a ningún futbolista descontento entre los suyos".

Unos equipos sin identidad

Nada más lejos de la realidad y no hubo que esperar mucho tiempo para descubrirlo. Ya el primer día de mercado, a El Barrio le arrebataron a cuatro de sus mejores jugadores. Tres días después, tuvo que cambiar al mejor para hacerse con otro crack. Sí, el equipo que tan solo una semana antes conquistó el título en el Camp Nou había perdido su identidad. Jacobo, Pau ZZ, Pablo Beguer y Cristián Ubón, el MVP de la liga, estaban en cuatro clubes diferentes. Adri Contreras no pudo contener las lágrimas y dio con la clave de esto: "Los vamos a perder a todos. Hay que asumirlo y montar el mejor equipo posible".

El 'pequeño efecto cascada' no ha sido tan 'pequeño'. A los Troncos de Perxitaa, uno de los equipos con más simpatizantes, le han quitado a sus 10 jugadores. Ultimate Móstoles, de DJ Mariio, solo conserva a uno (en el momento en el que escribimos esto). ¿El último golpe de efecto? Ya no veremos más a Roger Carbó con la camiseta de los Saiyans ni a Poch con la del xBuyer Team. The Grefg y los famosos hermanos han optado por un intercambio para protegerse y, al menos, tener una estrella para el segundo split. De los 12 equipos, solo tres conservan a su jugador más valioso: 1K (Román), Pío FC (Pau Fer) y Jijantes (Pol).

Esta situación ha desatado la guerra entre varios de los presidentes de la Kings League y sus mandamases. The Grefg lo dijo directamente: "Que muchos equipos, o incluso todos, pierdan a sus jugadores más representativos es culpa del mercado de fichajes". Perxitaa le dio la razón: "Móstoles no tiene jugadores, El Barrio tampoco. A mí no me queda ninguno". Piqué no dio lugar a la réplica: "Esa es la lógica. Si queréis no hacemos mercado y os enamoráis de vuestros jugadores. (…) La gracia es que alguno de los mejores se mueva".

Y justo ahí, en esa frase de Gerard, radica el gran problema del mercado de fichajes que él y Oriol han creado en la Kings League. Ya sea fútbol, ya sea entretenimiento, uno de los grandes atractivos de la competición eran los 12 equipos con los bloques que habían creado. Conforme avanzaban las jornadas, aumentaba la pasión. En la Final Four del Camp Nou ya había merchandising y cánticos para cada uno de ellos y muchos aficionado quería que ganaran 'los suyos'. Eso, ahora, se ha perdido.

En el segundo split todo será nuevo. En El Barrio, tras ganar, todos los jugadores se tatuaron el escudo. Ahora, en el campeón, solo quedan tres (dos de ellos con la cláusula más baja posible, un millón) de los 10 futbolistas del draft que vivieron una noche mágica. Y así equipo a equipo. En la otra cara de la moneda están 1K y Pío, que a falta de poco más de una semana para el cierre del mercado aún conservan a ocho de los miembros de su plantilla original.

Los jugadores, favorecidos

Eso sí, no todo es malo. ¿Qué está ocurriendo con los jugadores? Vayamos por partes. En la primera parte de este invento funcionó casi todo. Los presidentes crecieron en popularidad, los equipos eran conocidos, las audiencias crecían jornada tras jornadas y las normas se adaptaban a las necesidades de la liga, entre otras muchas cosas del lado bueno de la Kings League.

Entonces… ¿qué fallaba? Ese 'casi' se refiere a los futbolistas, los que hacían que sobre la pista todo funcionara. Sin ellos no había espectáculo, es cierto, pero era la parte más débil. Daba la sensación de que, si uno faltaba, entraba hoy y nadie se percataba de ello. Se podían contar con los dedos de las dos manos los nombres que todo el mundo conocía durante el primer split. Con un mercado de fichajes tan agresivo, esto ha cambiado de manera radical. ¿Era el objetivo? En ese caso, más que conseguido.

Cualquier apasionado de la Kings League sería capaz ahora mismo de decirte varias decenas de los nombres que compiten en el terreno de juego. El baile de fichajes les ha beneficiado, se ha multiplicado su aparición en directos de Twitch, TikTok está repleto de clips con sus declaraciones y en sus cuentas de Instagram aparecen miles de seguidores que antes ni siquiera se intuían.

¿El problema? Volvemos al origen. Ahora la audiencia conoce a los jugadores pero probablemente no sepa en qué equipo juegan la mayoría. En el segundo split tendrán que enamorarse de nuevo unos equipos que parecen empezar de cero. El Barrio, que ha ganado, probablemente no tenga a ninguno de sus campeones. Todo vuelve a empezar y, si uno de los objetivos era crear afición, en caso de que lo fuese, queda un largo camino que volverá a empezar en la siguiente temporada. Y así siempre si nadie lo remedia.