GIPSY LEAGUE

La Kings League de gitanos que lucha contra los estigmas: "Ahora los niños tienen un espejo donde mirarse"

Un grupo de amigos replicó el sistema e intenta dar visibilidad a su comunidad.

Los presidentes de la Gipsy League en una foto promocional./GIPSY LEAGUE
Los presidentes de la Gipsy League en una foto promocional. GIPSY LEAGUE
Jordi Cardero

Jordi Cardero

"No es ningún jueguecito vivir en una ciudad marítima y, a veces, olvidarse del mismo mar", escribió una vez Paolo Sorrentino. Sucede en su Nápoles pero también en Barcelona, el mar tiene un cierto magnetismo para sus ciudadanos. A la espalda de la montaña, lejos de las olas, del Eixample y de otros parques temáticos, los sábados por la tarde se reúne la comunidad gitana en el barrio de La Teixonera.

Varios campos de fútbol y uno de rugby, donde juega la sección del Barça, reciben a cientos personas en el valle que les sitúa entre el Tibidabo y las subidas del Carmel. Lejos de la Barcelona de las guías turísticas, cientos de personas se citan para luchar por ser el mejor barrio gitano del territorio. Un grupo de amigos decidió replicar el formato de la Kings League, pensó que no había excusa mejor para juntarse cada fin de semana.

En la competición participan 14 equipos. Se disputan siete partidos por jornada de 40 minutos cada uno. Compiten conjuntos de Terrassa, de La Mina, del Bon Pastor o de la Zona Franca. La Gipsy League llegó a oídos de Gerard Piqué y hasta Ibai expresó su deseo a la organización de pasarse una tarde. Ya lo han hecho futbolistas como Sergio García, Antonio Amaya, Joan Verdú o Javi Márquez. "Piqué habló de nosotros en un directo, nos ayudó mucho. Valora nuestra comunidad. Nos invitaron al Cupra Arena. También hay algunos ex de la Kings jugando o que han jugando en la Gipsy", cuenta Jose, uno de los presidentes de la liga.

De una pachanga a un torneo semiprofesional

El torneo comenzó siendo una pachanga de dos equipos que se juntaban los fines de semana para echar el rato, se ampliaron a cuatro y finalmente decidieron profesionalizarlo. Sin dinero de por medio, pero con streaming, Fantasy y hasta premios a los MVP de los partidos. Tras la línea de cal, cientos de personas se amontonan en las vallas para seguir los partidos. "Pues aún hay poca gente", dice Jose. A medida que va cayendo el sol a la espalda de la montaña, van llegando más aficionados.

Unos niños con el chándal de la Damm, que han jugado en un campo anexo, piden tirar el dado en el próximo partido. Los presidentes de la competición, que narran y comentan los partidos desde unas sillas de plástico pegadas a la línea de banda, acceden. Joao Borges, sentado debajo de una carpa desde donde producen los directos y los retransmiten por Twitch, describe la esencia de la Gipsy y del fútbol que nace en la calle. "Es otro deporte, otra cosa, el fútbol que se practica al margen de la FIFA", expresa.

La Gipsy League tiene mucho de festiva pero poco de amistosa. La intensidad es altísima, la cordialidad es aún mayor. Dice Matías, uno de los árbitros, que en las pachangas de Argentina hay más dureza. "Aun así hay que hacerse respetar", apunta. Entre los presidentes de los equipos hay cierta tensión. Esta semana se abre el mercado y las plantillas pueden dar un vuelco. No debe haber obligatoriamente dinero de por medio, pero ninguno de ellos renuncia a crear buenos equipos. "Si algún presi quiere ofrecer algo… si no, vale con convencer", comenta Lele, otro de los presidentes de la competición que además participó en la Kings League.

Un vehículo para luchar contra el racismo

Los organizadores se plantan en La Teixonera a media mañana y no se marchan hasta pasadas las once de la noche, cuando termina el último partido de la jornada. La pelota, sin embargo, no es más que mar de fondo. "La Gipsy League es un orgullo para nosotros. La idea no fue hacer una liga solo de gitanos, sino darle visibilidad a la comunidad. Creemos que aún hay racismo y existen prejuicios sobre los gitanos, a pesar de que tenemos presencia en el fútbol profesional", expresa Jose, que viste camiseta y gorra con el logo de la competición.

Cuando se lo puede compaginar con el Juvenil A de la Damm que dirige, Sergio García compite con el equipo de su barrio, el Bon Pastor. "Para mí es muy especial porque juego con la gente de mi barrio. Me lo paso muy bien, aquí disfruto con los amigos de toda la vida. Es una manera bonita de disfrutar del deporte", comenta el campeón de Europa, cuya familia es de etnia gitana.

Sergio García habla sobre su experiencia en la Gipsy League.RELEVO

En una de sus visitas a La Teixonera a Sergio García le acompañó Javi Márquez, uno de sus mejores amigos del mundo del fútbol. La Gipsy League no la disputan únicamente gitanos, también participan amigos de jugadores, entrenadores y presidentes. Y Javi es un ejemplo de ello. "Es como ir a jugar con amigos, a pasártelo bien. Intentan darle visibilidad a la comunidad", cuenta Márquez a Relevo.

A lo largo de la tarde, decenas de niños siguen atentos los partidos. Varios de ellos visten las camisetas de sus equipos. Es por los más pequeños que la Gipsy League viaja más allá de la línea de banda, que tiene sentido más allá del resultado final. "Lo bueno sería replicarlo en todos los barrios gitanos. Es un buen motivo para reunirse y si es haciendo deporte, mejor. Sea en un campo de fútbol siete, de fútbol sala, se tengan más o menos recursos… Lo importante es estar juntos", explica Jose.

En la misma línea, Paco, conocido en la comunidad como Pico de Oro y también presidente de la liga, explica la importancia de llegar a los niños. "Es una manera eficaz de inculcar a nuestros jóvenes valores positivos y fomentar el deporte en una liga donde se puedan sentir identificados", cuenta. Y ya están viendo los resultados. "Muchos jóvenes están dejando de fumar y de tener malos hábitos, están mejor física y mentalmente. Y eso se termina traduciendo en disciplina, compañerismo, respeto...", cuenta Pico de Oro.

"Sin saberlo, muchos se están convirtiendo en referentes para los más pequeños. También para los que siguen la liga desde sus casas. Con todo, se crea una cadena de efectos positivos para la comunidad", cierra el presidente.