IBIZA

Labi Champion, el amigo de las estrellas en Ibiza: "Escribo hotel sin 'h', pero siempre consigo la mejor habitación"

Un amago de botellazo de Camacho le abrió las puertas de un mundo por el que sigue moviéndose como nadie: "Sólo quiero que los futbolistas vengan, se diviertan y disfruten".

Labi Champion posa en su casa junto a fotografías con Casillas, Joaquín y Cristiano Ronaldo. /RELEVO / MANU AMOR
Labi Champion posa en su casa junto a fotografías con Casillas, Joaquín y Cristiano Ronaldo. RELEVO / MANU AMOR
Manuel Amor

Manuel Amor

"Champion, ¿cuánto tardas en venir? ¿Cinco minutos? Te preparo un zumo". La llamada al Labi, sin enlace ni previo aviso, desemboca en una visita matutina a su casa en Ibiza, la isla en la que facilita la vida de los futbolistas desde hace más de 30 años y en la que todo el mundo le respeta. Jordi Alba, Xavi, Casillas, Sergio Ramos, Rakitic, Joaquín, Reina o Parejo son sólo algunos de los cracks que reclaman sus servicios cuando llegan al territorio favorito de los jugadores para desconectar. Es época de trabajo y vida nocturna, pero Juan Mesa Guerrero, su nombre real, recibe a Relevo como si la petición de reunirse en su apartamento le llegase de un familiar. "Esa es la vida del Labi: a corazón abierto con todos sus amigos. Entre ellos, desde ahora, vosotros".

Muchos le han definido como un conseguidor, un término que pronto rechaza y que le lleva a desmenuzar su oficio: "Yo no consigo nada. Soy su amigo y les ayudo. Trabajo como relaciones públicas, pero les atiendo para reservar hoteles, mesas en los restaurantes de moda, barcos...". Durante la conversación se suceden las llamadas y los mensajes: 'Labi, ¿puedes pillarme una mesa para cenar esta noche?'. Él lo gestiona y, a veces, les acompaña. Rakitic posteó una cariñosa publicación con él en un conocido local hace unos días ("¡Ibiza es muy Champions como tú, Tito!") y el pasado domingo compartió fiesta en la discoteca Ushuaia con Joaquín, Gayà o Iago Aspas. "Hace 40 años ya me decían que me gustaba mucho la noche, pero creo que ahora me gusta todavía más. Es un lujo estar rodeado de tanto figura".

El casi botellazo de Camacho como punto de partida

Labi, hijo predilecto de Huércal-Overa, una pequeña localidad de Almería que lleva "en el corazón", llegó a Ibiza para ganarse la vida y regatear al hambre. "Vengo de una familia muy humilde, soy el mayor de 12 hermanos. Mis tíos me sacaron del colegio porque en casa apenas teníamos para comer. Me vine a la isla a trabajar y a ayudar a mis padres". El dinero que hacía en los veranos iba para ellos; en invierno, de vuelta a Andalucía, echaba una mano en la pescadería familiar. El esfuerzo se convirtió en rutina hasta que el Tolo Darder, la figura que le "salvó la vida", lo fichó para el Ibiza Atlético, un equipo de Tercera División (la actual Segunda B). Además de su salario, el club le dio un trabajo en el aeropuerto.

"Descargaba maletas. Sí, como un 'Muebles López'. El equipo me lo ofreció para que ganase un dinerito. Lo compaginaba y les mandaba a mis padres todo lo que podía", cuenta. Una parte de esa retribución, eso sí, se quedaba en la isla. "Yo era muy golfillo y un guaperas que te cagas. Con 22 años era futbolista y modelo. Ligaba todos los días y no había móviles, figúrate... hoy iría a la cárcel". En esas apareció Camacho.

"Era el ídolo de mi padre. Un día yo estaba en Pachá y vino con Ricardo Gallego (exjugador del Real Madrid). Lo vi y dije: '¡Hostia, Camacho, la Virgen, con lo que le quiere mi padre!'. Fui a saludarlo, pero iba un poco tocadito y llevaba mi vasito de whisky en el bolsillo. Camacho es más bueno que el pan, pero tiene unos cojones de la leche. Le saludé. '¡Hombre, Camacho, la madre que me parió, que eres el ídolo de mi padre!'. 'Pues nada, chaval, dile a tu padre que enhorabuena', me contestó, como habla él. Me fui y al rato volví otra vez. 'Camacho, ¿me puedo hacer una foto contigo para mandársela a mi padre?'. 'Sí, sí, claro'. Mientras estuve buscando al fotógrafo me tomé dos o tres chupitos más. A la tercera, cogió una botella de cerveza y me dijo: 'Mira, niño, me tienes hasta los huevos. Déjame tranquilo, que te pego un botellazo…'. Yo era un gallo, pero me impresionó".

Los dos, casualidades de la vida, volvieron a reencontrarse pocos días después con un balón de por medio. "En verano organizábamos partidos de fútbol sala entre los jugadores de Ibiza y los del Madrid que estaban de vacaciones: Camacho, Juanito, Míchel, Gallego, De Felipe, Rubiñán… Ahí choqué otra vez con él. Cuando me ve, dice: '¿Otra vez tú?'. Ahí ya nos conocimos y nos hicimos inseparables". Después de un rato de conversación, Camacho, uno de los precursores de las vacaciones en la tierra bonita, se quedó con su contacto. Labi se convirtió en su perfecto anfitrión y se corrió la voz.

Labi, el pasado domingo con Iago Aspas.  CEDIDA
Labi, el pasado domingo con Iago Aspas. CEDIDA

"Los futbolistas se iban preguntando unos a otros. Fue de boca en boca, de generación en generación: detrás de esa vinieron Cristóbal Parralo, Carlos Aguilera, Del Bosque, mi 'capi' Fernando Hierro… Después David Villa, Jordi Alba, Joaquín, Soldado, Parejo, Xavi, Fernando Llorente, Reina, Soldado, Casillas, Sergio Ramos... y los de ahora". El Labi es su hombre para todo en Ibiza: desde llamar a médicos a altas horas de la madrugada cuando sus hijos tienen fiebre a recibirles en las discotecas. Lo hace, asegura, sin cobrar "ni un euro".

"La gente se piensa que soy millonario y voy en Ferrari, pero no: soy mileurista y me muevo en mobylette. Y soy feliz, porque cuando duermo, ronco y no he traicionado a nadie", asevera con orgullo. "Lo único que nos une es una relación de amistad, pese a lo que se pueda decir de mí por la envidia, los celos y las tonterías. Sólo quiero que vengan, se diviertan y disfruten. La ilusión de mi vida fue asistir a la boda de Jordi Alba. Me pinchaba: '¿Pero cómo puedo estar al lado de Messi, Xavi o Busquets siendo un don nadie?'. Todos me conocen. Disfruté, porque se olía a balón".

La privacidad de la isla, Messi y Cristiano

No es el único capítulo memorable en la vida del Labi. "Recuerdo que Camacho me llevó a la Eurocopa del 2008. Luis Aragonés veía que me sentaba un día en la mesa con Ramos y Casillas, otro con Reina y Villa, otro con Torres… Un día me fui solo al entrenamiento y, mientras los jugadores trotaban, Aragonés me llamó: 'Le voy a hacer yo una pregunta: ¿a usted por qué narices lo quieren tanto los jugadores de la Selección?'. La cena por ganar el Mundial 2010 la hicimos en Casa Juan. Sólo había dos personas de fuera de la expedición: Pablo Motos y yo". El círculo también le ha llevado hasta los más grandes. En su apartamento, plagado de fotografías, hay varias con Messi y Cristiano.

El saludo de Labi Champion. RELEVO / MANU AMOR

"Son gente normal, pero lo que les pasa a ambos es una injusticia mundial. Ellos también tienen derecho a jugar con sus hijos en la arena y no pueden. Tienen que estar todo el día en el barco". Son casos aislados. "Al 80% de los jugadores no los conocen y pueden estar tranquilos. A Parejo le puede parar algún niño. Tiene narices lo suyo: es capitán del Villarreal y tiene una forma de ser que parece que juega en Regional. Hay futbolistas que prefieren un yate y él quiere ir en zodiac".

Labi, mientras se despide para iniciar su colaboración semanal en la sintonía local de Onda Cero, recapitula. "Mi vida empezó como has empezado tú esta mañana: llamando, llegando a mi casa y abriéndote las puertas. Siempre he dicho que soy analfabeto, y lo digo orgulloso. Mis estudios fueron muy cortos; mis libros eran ayudar a mis padres y mis hermanos. Yo escribo hotel sin 'h', pero te cojo la mejor habitación. Eso me lo ha dado la calle. No sé idiomas y hablo cinco. Me he criado en una sociedad bonita, de amigos Champion. Me da igual estar al lado de mi Camachín o de un albañil. Valoro a la persona, no al personaje. Y esa es la grandeza del Labi".

Antes de irse, aprovecha, da las gracias a los que le han permitido ser lo que es: "No estaría aquí sin Camacho, Ángel Fernández (exvicepresidente del Barça) y mi Balón de Oro: mi hijo. Es lo que más quiero en el mundo. Le enseñé tres cosas importantes: educación, respeto y dignidad. También quiero mandarle un saludo a mi pareja, Rosario, mi terremotillo, que se lleva muchos disgustos. Ser la pareja del Labi, la novia del Labi, la mujer del Labi… no es fácil. Mi vida es muy complicada para estar en pareja. Soy relaciones públicas, estoy rodeado de mujeres, de amigos… Espero que no se enfade nunca conmigo. Si lo hace, estaré ahí siempre que me necesite". Después, con lágrimas con ojos, estrecha la mano y se despide. Horas después, ya sin sol, nuestros caminos volverán a cruzarse. "Ya te dije que estoy en todos lados... ¿Quieres otro zumo?".