MLS

La vida universitaria de un futbolista en Estados Unidos no es como sale en las películas: "Me levanto a las 4:00 todos los días"

Jesús de Vicente juega en la Universidad de Illinois en Chicago y cuenta a Relevo las dificultades que se encuentra para ser elegido en el draft de la MLS.

Jesús de Vicente jugando con el equipo de la Universidad de Illinois en Chicago./Relevo
Jesús de Vicente jugando con el equipo de la Universidad de Illinois en Chicago. Relevo
Jorge C. Picón

Jorge C. Picón

Decenas, incluso cientos de chavales procedentes de España aterrizan todos los años en universidades norteamericanas con el objetivo de jugar al fútbol mientras estudian una carrera. Se trata de la forma más factible de disfrutar de una vida de futbolista mientras trabajan en un plan B. Pero la realidad es muy diferente si el objetivo es jugar profesionalmente. La universidad supone un tapón para muchos de ellos, pues las normas de las ligas nacionales no favorecen y la elección de futbolistas premia a los locales. Así es la dura realidad del jugador español que quiere llegar a la MLS.

Jesús de Vicente, valenciano de 24 años, juega actualmente en la UIC (Universidad de Illinois en Chicago). Antes había pasado por West Virginia. Después de brillar en la División de Honor juvenil de su comunidad, le salió la oportunidad de jugar y estudiar en Estados Unidos y no quiso desaprovecharla. Ahora, después de cuatro años sólo y trabajando en silencio, se enfrenta a su temporada más importante, con el draft de 2024 en el horizonte. Su última opción, pues este curso se gradúa.

"Antes te apuntabas personalmente, pero ahora en la MLS los equipos señalan a algunos jugadores seleccionables en el draft. A mí me incluyeron el año pasado pero no me seleccionó ningún equipo. En diciembre hay otro y espero salir elegido", cuenta Jesús a Relevo. Para conseguirlo, ha renunciado a sus vacaciones en España. Se ha quedado todo el verano en la ciudad entrenando con el equipo local, Chicago Fire, para ganar puntos de cara al draft. Uno de los muchos sacrificios que ha hecho para cumplir el objetivo de convertirse en profesional en EEUU.

Mientras hay quien piensa que la vida del deportista universitario se basa en lo que se ve en las películas, lo cierto es que sus horarios y su exigencia marcan lo difícil que resulta compaginarlo todo. "Aquí tenemos la temporada y el off season -entre enero y mayo-, que es cuando más se entrena. Tenemos entrenamiento todos los días a las 6:00. Yo me levanto a las 4:00 para llegar una hora antes y prepararme. Hacemos una hora y media de gimnasio con el preparador físico y otra hora media de campo", comenta.

La cosa no acaba ahí. Cada uno elige a qué hora quiere sus clases, pero normalmente son por la mañana, entre las 11:00 y las 16:00, por lo que después de entrenar toca estudiar y hacer trabajos. Para complicar las cosas, los futbolistas necesitan aprobar con cierta nota para que les dejen jugar, pues la propia organización de la liga antepone la carrera universitaria a la futbolística. "Durante la temporada, que va de agosto a diciembre, no entrenamos tanto, pero jugamos tres partidos por semana y son muy exigentes. Muy físicos. Y si juegas fuera pero tienes deberes, los tienes que entregar igual", añade.

La dura vida de un jugador universitario.

Una norma que complica su entrada en la MLS

A pesar de seguir la misma dura rutina durante los últimos cuatro años, nada ni nadie le asegura a Jesús poder jugar profesionalmente en tierras americanas. En el draft de cada año se eligen 88 jugadores (22 equipos eligen cuatro veces con un orden determinado). Resulta imposible que los equipos de la MLS vean a todos los que se presentan, por lo que suelen destacar a los mejores a través de sus estadísticas. Si marcas goles o das asistencias, tus opciones de acceder al draft o incluso ser elegido aumentan. También es muy importante que tu equipo haga una buena temporada.

Jesus de Vicente.
Jesus de Vicente.

Se le suma la dificultad normativa. La MLS sólo permite un máximo de ocho extranjeros por equipo, es decir, jugadores sin pasaporte estadounidense o canadiense. Por tanto sólo un total de 176 juegan en la liga y la mayoría de ellos vienen fichados directamente de ligas como la española, la argentina o la brasileña, sin contar a los jugadores consagrados como Messi, Suárez, Shaqiri o Douglas Costa. Esto reduce notablemente el número de huecos para los extranjeros que quieren acceder desde la universidad.

¿Existen alternativas a la MLS en Estados Unidos? Sí, aunque de un nivel más bajo. Empezando por la segunda división, la USL Championship, en la que actualmente hay siete españoles, algunos de ellos procedentes de equipos universitarios como Damia Viader o Jorge González. Por último, la tercera, llamada USL League One. Según el nivel, los contratos van bajando en salario.

Jesús se ve con fuerzas para luchar por un puesto. Lleva dos temporadas a un nivel muy alto y ha visto como compañeros que acababan su etapa universitaria daban el salto. Él espera poder quedarse jugando en Estados Unidos y trabaja día a día para conseguirlo. "Todos los valores que he aprendido te los llevas más allá del fútbol. El trabajo duro, el sacrificarse, el estar lejos de tu familia y el tener que estar en un país nuevo, con una cultura diferente… Tenga la oportunidad de ser profesional o no, siempre ganas porque te llevas ese aprendizaje", sentencia con optimismo.