La ola que absorbe al Barça y el mundo al revés

Tras acabar el primer tiempo pensé en cómo debió ser el entrenamiento del FC Barcelona el pasado jueves. Al escuchar a Xavi decir que los jugadores habían hecho uno de los mejores entrenamientos de la temporada, fue inevitable que todos imaginásemos los primeros 45 minutos ante el Valencia. Xavi se queda. Tiene fuerza. Energía. Está más convencido que nunca y el jugador a su lado. Ese entrenamiento que nadie presenció sirvió como prueba irrefutable que 'La Decisión' fue acertada y que el lunes veríamos algo distinto.
Nos pusimos cómodos y fuimos a ver esa peli de la que tanto dudábamos con ganas de ver algo que no fuese lo que ponía en la sinopsis. Ya en los anuncios asumimos que lo que veníamos a ver era exactamente lo mismo que en el resto del curso. Solo había cambiado el título, con un sonido a blockbuster extraño. De repente, la gente empezaba a hacer la ola porque el sentido de la exigencia en quien acude al campo hace tiempo que dejó de importar, suplantando al soci, que en su mayoría ha huído de Montjuïc, para convertir el campo en un plató de televisión. Normal que con una afición que no detecta la medicoridad Xavi vea ilusión en la afición.
El primer tiempo fue exactamente el que el FC Barcelona hubiese jugado en noviembre. Errores individuales groseros (con Ter Stegen y Araújo coronándose), poca capacidad para hundir al rival y tener fluidez y una defensa excesivamente difusa a la hora de marcar la línea y empujar hacia arriba al equipo. Era tal la confusión en una primera media hora insulsa, que Araújo señaló la pelota de forma efusiva en su atropello, como si el error, en su mente, siempre tuviese un condicional. Xavi habló de reacción cuando el problema del equipo no es otro que de identidad, y uno no puede reaccionar si no sabe a qué. El Barça siguió inmerso en una escena en la que ya se ha visto miles de veces este curso y en las que casi siempre ha logrado encontrar la salida perfecta.
El Barça remontó a balón parado, bombardeando a centros las dudas de un Jaume Domènech que hizo una actuación más propia de un secundario que de un actor principal, incapaz de controlar su área. Hubo poco juego y los saques de esquina y el segundo gol de falta desde la marcha de Messi le dieron al Barça una victoria que tiene un valor decisivo en la tabla, porque lo que el culer quiere hacer con todos estos partidos es olvidarlos, guardar únicamente aquello que merece la pena y desterrar de la memoria, que es selectiva, todo lo que le sobra, que lo es casi todo.
Le pido al siguiente curso que el equipo reaccione menos y juegue más. Que los partidos no parezcan todos una visita al dentista y si una excursión en la que lo programado y lo evidente no sean lo que más pesa. Que la ola llegue con el quinto gol y el rival colgado del larguero y que en vez del mejor entrenamiento de la temporada, el entrenador presuma del mejor partido del curso.