OPINIÓN

Nadie escapa a la dictadura de Twitter, Jules

Kounde festejó con alegría el tanto de Jordi Alba frente al Sevilla. /TWITTER
Kounde festejó con alegría el tanto de Jordi Alba frente al Sevilla. TWITTER

Twitter no es el mundo real, dicen aquellos afortunados que pueden vivir sin saber qué ocurre en el mundo cada cinco minutos. Lo mismo podía pensar el expresidente del Barça, Josep Maria Bartomeu, cuando en las redes sociales se promovió un hashtag que a la postre derivaría en una moción de censura letal para su mandato. ¿Pero en una sociedad en la que el teléfono móvil nos acompaña hasta para ir al baño, cuál es el mundo real? Pasamos más tiempo deslizando historias que conversando con gente. A nuestro entorno ya lo tenemos ganado, y el resto de la sociedad nos 'juzgará' a través de una pantalla y pocas veces compartiendo un café. Y Jules Kounde lo sabe.

Este lunes, el defensa del Barça sorprendió a todos con un tuit en el que pedía perdón por celebrar con "euforia" el gol de Jordi Alba contra 'su' Sevilla. "Siempre fui agradecido por la oportunidad de vestir la camiseta rojiblanca y por el cariño que recibí durante mi tiempo ahí. Por eso quería pedir disculpas por la celebración del gol que, dentro de un momento de euforia, fue exagerada por mi parte. Os deseo lo mejor, siempre", escribió el francés.

Tras el choque entre catalanes e hispalenses, fueron muchos los aficionados del Sevilla que criticaron con dureza al zaguero por haber festejado con ímpetu el gol de Jordi Alba. Las redes provocan un efecto llamada y, sobre todo, cuentan con un peligroso ingrediente: aquello que genera más interacción, aunque sea contraria, catapulta su difusión. Años atrás, a Kounde ni siquiera le habría llegado que algunos amargados les parecía mal que celebrara el tanto de un compañero. Pero, en 2023, la aplicación de Twitter del galo se llenó de notificaciones. La mayoría de ellas, desagradables.

Twitter pide movimiento y la polémica lo genera

En cuestión de minutos, la viralidad puede convertirte en culpable. No importa qué hayas hecho o dicho. Tampoco es relevante si el autor de una cuenta notoria realmente piensa lo que escribe. Lo único que trasciende son los miles de likes y replies que aquel comentario va a generar. Y, como en el juego del teléfono, no importa cuál sea el hecho original: lo que queda es un relato manipulado. En este caso: que Koundé había faltado el respeto al Sevilla.

Twitter pide movimiento y la polémica lo genera. Es decir, el 'circo' está montado para encontrar incendios debajo de las piedras. Y si no los hay, se inventan. El tuit de Kounde pidiendo disculpas no hace más que llenar de poder a quienes se creen con la potestad de marcar la agenda. Con su comentario, Jules, igual que la mayoría de los jugadores, admite implícitamente vivir pendiente de lo que se comenta sobre él en la red. Porque, hoy en día, la vida real está ahí. Solo 90.000 aficionados caben en el Camp Nou, pero son muchos más los que verán cualquier post, cualquier tuit, cualquier historia de Instagram.

En cualquier caso, los jugadores ya son también esclavos de unas redes sociales que no entienden de término medio. O eres dios, o eres un judas. Porque los grises no venden y porque el pielfinismo de esta sociedad llega hasta límites insospechados. Criticamos lo aburrido que puede ser un partido táctico e igualado pero, a la vez, denunciamos a todo aquel que se sale un milímetro del guion. Queremos más espectáculo pero, a la vez, pedimos que todos los jugadores canalicen por igual sus emociones. Como si fueran robots programados de forma idéntica, vaya.

El tuit de Kounde pidiendo disculpas por alegrarse del tanto anotado por su compañero no hace más que confirmar que la vida de hoy no se mide por el sentido común. Ni siquiera por lo que parece evidente. Nos guste o no, la realidad digital de hoy se conforma en torno a una sola premisa: lo viral se convierte automáticamente en algo con base sustancial para ser aceptado como real.