Tensión entre Betis y Sevilla por el derbi: las banderas de la polémica aparecen en el Benito Villamarín
Toda la ciudad se ha teñido de verdiblanco y blanquirrojo. Decenas de escudos tachados del Betis en la zona visitante.

Huele distinto. Y no es por la primavera -que también-. Sevilla huele a bengala encendida... y apagada. Huele a ilusión... y a nervios. Huele a fútbol... y a historia. Huele a derbi... y de los buenos. Béticos y nervionenses llevan colmando las calles de la ciudad desde bien temprano, con el sol como gran acompañante de la fiesta del deporte rey.
Un derbi siempre es especial, pero en Sevilla más. No sólo los puntos claves de la ciudad, Heliópolis y Nervión, están hasta arriba. En cada barrio. En cada calle. Es imposible no encontrarte con una camiseta verdiblanca o blanquirroja. Es cultura. Es tradición. Es 'cosa nuestra'.
El recibimiento al Betis en el hotel durante la mañana fue ya espectacular. Como la previa que se ha vivido en zonas 'cercanas' al Ramón Sánchez-Pizjuán, desde donde ha salido el corteo de la afición visitante hasta el barrio del eterno rival. Y, mientras, Heliópolis ha sido una fiesta. Por todos los rincones el verde era el protagonista. Pese a que no han podido 'acariciar' el autobús de su equipo, la afición bética se ha dejado la voz animando a los suyos desde lejos. Y dentro del bus... motivación máxima.
Al igual que en el del Sevilla, que ya se dio un baño de masas al salir de su hotel, ubicado cerca de la Plaza de España. Ahí se han congregado los aficionados nervionenses para darle el último aliento al equipo de García Pimienta, que llega al duelo, en términos futbolísticos, con cierta desventaja en cuanto a la dinámica y el talento. Aunque ni para él ni para Manuel Pellegrini hay favoritos. Es un derbi. Una vez que pite Busquets Ferrer, nada de lo que hayan hecho antes unos y otros importará. Sólo la pelota marcará justicia.
Y todo eso con un Benito Villamarín hasta la bandera. Lleno absoluto, como no podía ser de otra forma, tanto en la parte local como en la visitante. Y después de una mañana del sábado con más de 45.000 aficionados -en torno a 31.000 en el del Betis- en los dos entrenamientos a puerta abierta. Sevilla respira derbi. Lo lleva haciendo toda la semana... pero la fiesta ya está aquí.
Aunque todo se ha calentado más dentro del estadio. En la zona visitante del Benito Villamarín, y por sorpresa, aparecieron decenas de banderas con el escudo del Betis tachado. Ocurrió durante el himno del equipo verdiblanco... y los heliopolitanos respondieron con pitos. Son las mismas banderas que sentaron la polémica del derbi de la ida, que acabó con Juanlu, Carmona e Isaac sancionados... y perdiéndose el último partido de Jesús Navas en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
Antes, ocurrió un altercado entre un recogepelotas y algún utillero del Sevilla, en el que intermediaron Aitor Ruibal y Chimy Ávila, a quien acabaron separando para evitar males mayores. Tensión por todos lados en un derbi muy caliente.