¿Qué fue del aficionado más famoso del Barça? Hoy no podrá estar en el adiós al Camp Nou...
Joan Casals no sabía que, con el tiempo, se convertiría en uno de los personajes más conocidos del universo Barça.

"Aquí el tiempo pasa lento", cuenta Joan Casals. Está sentado en una silla de ruedas y sobre la mesa descansa un periódico abierto. Vive donde nació, en el pequeño pueblo cerca de Berga, Guardiola de Berguedà. Hay dos diarios más al lado, junto a un par de libros. Por la ventana se ven las montañas. Es lunes, pero podría ser cualquier otro día. Siempre y cuando no jugara el Barça. Una lluvia fina baña el pueblo.
Joan Casals era un culé más. Hasta que un día pasó a ser el Avi del Barça, posiblemente el aficionado más ilustre del club. Pronto cumplirá los 90 años y se le reconoce como tal desde hace prácticamente medio siglo. El Camp Nou tal y como lo conocemos vivirá este domingo su último partido. El Avi ya estaba allí cuando se puso la primera piedra.
"Unos cuantos amigos tomábamos el tren desde Guardiola de Berguedà y bajábamos a Barcelona. Nos levantábamos a las cuatro de la mañana y llegábamos al mediodía. Al principio íbamos una vez al año, tardábamos seis horas", relata Casals. Cuando era un poco más mayor, su padre falleció y su familia lo envió a Barcelona a aprender un oficio. Hizo de panadero, pero como no cobraba -le daban una barra de pan por ser aprendiz- no podía costearse las diez pesetas que valían las entradas para el Barça.
La familia con la que aprendía el oficio tenía abonos y de vez en cuando le dejaban ir. No recuerda cuál fue el primer partido que fue a ver. Tampoco el último, un poco antes de la pandemia. "Ya ha ido perdiendo un poco la memoria", se lamenta Joana, su mujer. El Avi del Barça como tal fue un dibujo que hizo Valentí Castanys en los años 20. Más tarde, el club decidió hacerle una estatua y la colocó delante de La Masia, la original.
L'Avi del Barça y el imaginario popular
Joan Casals es una figura mítica en el imaginario barcelonista. Era fácil verle por los aledaños del Camp Nou. Siempre vestía de la misma forma: camiseta del Barça, pantalones cortos -cuando se hizo mayor, en invierno vestía con unos largos-, bandera blaugrana y barretina. "Una vez antes de un partido estaba por ahí, siempre llevaba la barretina -también ahora en invierno- y alguien me dijo que me parecía al Avi del Barça. Me pidieron mi primer autógrafo", cuenta. Casals se convirtió en el Avi a los 50 años.

La dimensión de su figura se fue agrandando hasta que se convirtió en un icono. Llegar al Camp Nou -cuando ya bajaba en Barcelona en autocar- era una odisea. "Tardaba un rato: fotos, autógrafos… Llegó un momento en el que tenía que esconderme, no podía vivir. Me metía en un local al lado de la pista de hielo -anexa al Palau Blaugrana- hasta que podía salir e ir al estadio. Me habré hecho miles y miles de fotos", explica. "Si le hubieran dado una peseta por cada foto, sería rico", dice su mujer.
Su voz no suena con tristeza ni nostalgia, sino a alegría y gratitud. Sobre todo por aquellos que aún se acuerdan de él. "Se lo ha pasado tan bien...", comenta Joana. La maltrecha memoria araña los recuerdos de Casals. Pero hay algunos que son imborrables. Su mejor recuerdo, paradójicamente, es uno que no vivió: el gol de Koeman en Wembley. "Lo vi cuando llegué a casa, por la tele", revela.
"Allí me encontré un hombre, Salva Torres, a quien no conocía de nada pero terminó siendo un muy buen amigo mío. Había también un matrimonio que no se aguantaba de los nervios que tenían. Yo iba subiendo escalones para ver qué sucedía, iba sacando la cabeza. Vi cómo Koeman preparaba la falta, pero me escondí. Ha sido el partido que más he sufrido", relata. Se prometieron que cuando el Barça volviese a ganar una Champions, ambos se afeitarían. Joan la barba y Salva el pelo. Y lo cumplieron. En 2006, tras la final de París, se organizó una fiesta en Guardiola de Berguedà y ambos se afeitaron en público. "Hicimos una gran fiesta", recuerda Joan.
Recuerdos en un museo
"Ya ha ido perdiendo un poco la memoria", dice Joana. Aunque los retales del pasado se conservan frescos y sonríe cuando habla de su querido Barça, las fechas se entremezclan y frunce el ceño cuando le toca pensar en algo lejano. Lo que sí recuerda con exactitud es todo lo referente a sus viajes con las distintas peñas del Barça. "En Galicia siempre le tenían preparado un buen pulpo porque sabían que era su comida favorita. Cada vez que llegaba le trataban como un rey". Joan sonríe. "El mejor pulpo que he probado nunca".
Todavía hay quienes se siguen acordando de Joan Casals. A pesar de que lleva desde 2019 sin ir al Camp Nou. "Cada año nos envían desde una peña blaugrana en Andalucía un aceite que hacen ellos mismos. Sin faltar a la cita." El tono de Joan es el de un hombre poco acostumbrado a estar en el foco pese a llevar 40 años siendo reconocido en cada partido del Barça. Por mucho tiempo que pase, su espíritu sigue siendo el del niño que se hacía cinco horas de tren para ver a su equipo.

De todas las personalidades que ha conocido durante su carrera, hay una que destaca por encima del resto. Y que es invisible a ojos del culer, aunque haya puesto voz a muchos de los mejores momentos vividos en el Camp Nou. Manel Vich fue durante 60 años (1956-2016) el speaker del Camp Nou. Solo faltó cuatro veces durante seis décadas. "Eran muy amigos. Cuando mi padre estuvo ingresado en Barcelona, Manel venía cada día a verle. No faltó ninguno", relata Joan, el hijo de Casals, mirando una foto de Manel Vich que luce en el pequeño museo que hay dedicado a l'Avi justo al lado del restaurante.
El museo es un anexo pequeñito al lado del restaurante. En apenas unos metros se acumulan retales de toda una vida. Trofeos, dibujos, fotografías, banderas, pins y bolígrafos, trofeos y papeles. Al fondo hay una mesita repleta de periódicos y papeles. Es el escritorio de Joan Casals, aunque ahora, vacío, parece una parte más del museo.

Joana se pasea lentamente y su hijo se detiene delante de uno especial. "Este se lo envió Andrés Iniesta desde Japón. También nos mandó un vídeo". Dentro hay una botella de vino que sigue intacta. Sorprende ver un espacio tan pequeño tan bien aprovechado. A cada paso, montones de recuerdos. "Nos mudamos al lado, por eso está desordenado", comenta Joan mientras anda.
El pequeño museo se traslada apenas dos metros, en un espacio anexo al restaurante que por dentro está todavía vacío. "Mi padre no puede entrar en el que estamos ahora. Con la silla de ruedas es imposible", añade Joan señalando el pequeño bordillo que imposibilita que el protagonista del museo lo pueda enseñar a las visitas. Ahora se está rehabilitando un espacio más grande para dar cabida a todos los objetos que abarrotan el museo. Y lo más relevante: que su protagonista pueda volver.
El Avi del Barça no recuerda cuál fue el último partido que disputó en el Camp Nou. Ahora, el viejo estadio claudicará durante un tiempo para dejar paso a uno más vigoroso, uno que generará nuevos recuerdos. Pero para Joan Casals el estadio seguirá siendo el mismo, quedará intacto, como su memoria y el museo. Quizás el fútbol sea solo esto; un recipiente en el que quedarse a vivir para siempre.