El Barça de las remontadas se olvida del juego

Cambio de año, misma vida. Los propósitos que uno se hace cuando acaba el año suelen sonar siempre a promesas de vida, tan inquebrantables que no respetarlas se asemeja a una traición. Pronto descubrimos la realidad: engañarse a uno mismo es mucho más sencillo que engañar al prójimo porque te acostumbras a la indiferencia de una promesa incumplida con la misma rapidez con la que olvidas de qué color eran tus calcetines ayer. El Barça se prometió no repetir el mismo primer tiempo que en Almería y ante Las Palmas los azulgrana jugaron igual que en su último choque de 2023. Mentirse a uno mismo es mucho más fácil de llevar.
El contraste era evidente. La UD Las Palmas, con el desterrado García Pimienta, movía la pelota por abajo, encontrando jugadores extra y generando líneas de pase. Así llegaba el 1-0, con un desajuste de los azulgrana tras la lesión de Cancelo y la recepción de Javi Muñoz completamente solo en la zona de la mediapunta. Las Palmas le daba al Barça lo que antaño era algo prohibido: espacio. Los de Xavi, que apostó por Ferran, tuvieron 40 metros para correr y quedarse ante Álvaro Valles, que ejercía de Neuer ante cada balón largo, pero apenas dejaron un pase con sentido en 45 minutos. Ningún disparo a puerta pese a que el rival le ofrecía con una sonrisa un camino directo hacia la portería.
No hay nada más difícil en la vida que ejecutar aquello aparentemente anodino, sencillo, que no sabes cómo hacer. El Barça en el campo de Las Palmas era como si alguien acostumbrado a comer en El Bulli se postrase en un Mcdonalds. ¿Para qué tanta esferificación si no sabes cómo se come una hamburguesa? Pimienta ofreció toda la profundidad del mundo y el Barça jugaba en largo de forma frontal, facilitando los despejes y cayendo numerosas veces en fuera de juego. Xavi dijo que la bronca había surgido efecto. El problema, quizás, es poner el foco en la actitud y no en la aptitud. Decía Julio Velasco que un entrenador no hace, sino que hace que los otros hagan, y esto en Xavi parece no terminar de llegar porque algo se cae entre su mensaje y lo que el jugador entiende.
Las remontadas son la zona de confort del Barça. Parece que los de Xavi solo se reconcilian consigo mismos entrando al gimnasio un minuto antes de que cierre para así poder decir que sí, que han cumplido con lo prometido y que dejarán los malos hábitos. De tanto repetirse le quitan toda épica al relato, porque una remontada es algo heroico, único, y el Barça lo convierte en su forma de subsistencia, acumulando resultados pírricos que sostiene como su único aval para no renunciar a LaLiga en enero. Que la mayor de las remontadas sea la que tiene que hacer en Liga; esto sí sería colarse en una discoteca cuando todo cierra para quedarse bailando cuando ya nadie te ve. El Barça no puede romantizar remontar, porque es precisamente este verbo el que le está condenando a no progresar.