El Barça transforma su vestuario en un búnker que le insonoriza del ruido de la gestión de Laporta: "Aquí solo hablamos de disfrutar"
Pese a los líos institucionales y económicos que rodean a la entidad, Hansi Flick ha conseguido éxito dentro de la burbuja.

El día en el que el Barcelona se jugaba el pase a la final de la Copa del Rey en el Metropolitano tras el 4-4 de la ida loca en Montjuïc, LaLiga emitió un comunicado duro contra la entidad azulgrana en el que vertía sombras sobre la operación de venta de 475 asientos VIP que se cerró a primeros de enero y que permitió que el Barça volviera a la regla 1:1, renovará a los pilares de la plantilla y se cargara de argumentos para reinscribir a Dani Olmo y Pau Víctor. El organismo informó de que denunciaría a Abauding SL, la auditora que se encargó de validar la operación. Un día en el que, también, el Consejo Superior de Deportes ultima el fallo, que se espera entre hoy y mañana. Un día en el que, por último, el propio presidente acusó a Javier Tebas de interferir en el devenir deportivo del equipo en su habitual cruzada contra el Barça.
Paralelamente a los éxitos deportivos, el vestuario ha tenido que convivir con una atmósfera contaminada por el ruido que genera la gestión de Laporta: desde el último ejercicio con pérdidas de 91 millones por el pufo de Barça Studios, hasta el caso de Olmo y Pau Víctor en enero, el 'Laportagate', el caso Negreira -que sigue su curso en los juzgados y que comenzó antes de que llegara el presidente en su primer mandato-, las comisiones millonarias en acuerdos como Nike o el retraso del Camp Nou. Un ambiente poco propicio para la tranquilidad pero deportiva pero que, meritoriamente, el vestuario ha conseguido insonorizarse en su particular búnker a pruebas de bombas.
La figura de Hansi Flick, el entrenador escogido por el propio presidente tras Xavi Hernández, es el gran causante de que al Barcelona no le afecte lo más mínimo lo que pasa en sus despachos. El técnico alemán, que ya se desenvuelve en castellano pero que prefiere seguir hablando públicamente en inglés para controlar mejor su discurso, ha sido claro cuando ha tenido que serlo ("el club tiene que hacer su trabajo, nosotros el nuestro", se desmarcó de la problemática con Olmo) y ha inmunizado a los jugadores, que solo piensan en el juego, sin distracciones. "Nosotros antes de jugar hablamos de disfrutar", dijo Jules Koundé tras el pase a la final de la Copa. "Lamine tiene que salir a disfrutar, como siempre", advirtió un divertido Pedri con el talento de Rocafonda: "A veces hay que tirarle de las orejas". Salid y disfrutad, como diría Johan Cruyff.
Con una vida centrada en el rendimiento deportivo y con un equipo de ayudantes de confianza que han venido desde Alemania, a Flick le interesa más bien poco lo que se hable en la prensa o lo que se diga de la gestión de la entidad mientras no le afecte. Por eso el Flick más reactivo fue el del caso Olmo. El entrenador siempre ha soñado con entrenar al club azulgrana, al que admira por La Masia y por su estilo de juego muy marcado, y ha conseguido que sus jugadores le sigan en este camino. En Flick hay una disciplina militar que se exterioriza con sus castigos a la par que un paternalismo que se explica a través de sus abrazos.
Flick llegó con la lección aprendida y también la directiva
Nada más llegar y conocer el club, Flick, asesorado, optó por blindar el área en la que se entrena el primer equipo en la Ciudad Deportiva. Ha convertido ese espacio en un lugar sagrado. Hay muchos ejemplos, como el del personal de prensa, quienes tenían un despacho para trabajo en el campo 1, el Tito Vilanova, pero fueron desplazados a las oficinas donde por ejemplo están los despachos del fútbol base, el femenino, el área de fútbol y administración. Cero interferencias. Obligó también a que los directivos fueran en ropa más deportiva y no en traje cuando visitaran el santuari del equipo, mientras que rehusó tener a alguien de comunicación como si tenía Xavi con Edu Polo. El entrenador no da entrevistas y se limita a hablar en las conferencias de prensa.
El alemán no es amigo de los problemas extradeportivos o que se generan en el propio vestuario. "Es muy directo", dicen desde dentro desde que lo conocieron en pretemporada, por eso no ha tenido reparos en cambiar a Szczesny por Iñaki Peña o en no darle minutos a Ansu Fati porque considera que otros jugadores están mejor. Salvo esos casos, ha conseguido marcar los roles en el equipo y que nadie se desconecte, y futbolistas que estaban en el disparaderon, como Ferran, Koundé o De Jong, ahora matan por él. Lamine Yamal es sustituido, Raphinha puede ser suplente dos partidos, Araujo aparcó su idea de irse para acabar el curso y hasta Lewandowski golea y asume el banquillo mientras sonríe con los goles de Ferran.
En la burbuja de los futbolistas la única crítica que duele es la deportiva, como se vio el curso pasado cuando jugadores como Frenkie de Jong alzaron la voz por las cantidades que salían sobre su contrato o en Pedri, cuano lanzó algunos mensajes de vuelta a Xavi por la supuesta filtración de sus mejorables hábitos. Goundogan se erigió en portavoz de la poca exigencia que percibía e incluso se enzarzó con Araujo en unas declaraciones. Este año no ha habido disidencias porque el equipo juega y gana, porque se ha sumado una Supercopa, se ha llegado a la final de Copa, el título de LaLiga está cuesta bajo y se reúnen todos los ingredientes para que la Champions dé la última alegría de un equipo que seguramente no sabe nada de Barça Studios, ni de Darren Dein y que solo conoce los asientos VIP porque se vincularon con Dani Olmo. Y así vive tan feliz, insonorizado.