Un milagro puede salvar al Barça de la catástrofe... y en los despachos hay optimismo por primera vez
Este verano, de nuevo, se enfrentan a un mercado entre la catástrofe y la salud financiera: cubrir la 'repalanca' y vender un jugador es su único camino.

Los problemas financieros del Barcelona llevan varios años siendo un lastre para el club: veranos complicados, mercados en los que prácticamente no puede maniobrar, urgencias de última hora para poder inscribir a sus jugadores y soluciones de poca monta para poder meter futbolistas en el sistema de LaLiga, aunque sea durante un año, para ir tirando. Todo por culpa de la famosa repalanca, que Laporta presentó y se contabilizó como una solución, pero cuyos ingresos no han llegado todavía.
El fondo Libero apenas ingresó 20 de los 60 millones que prometió, y ese -40 viene pesando de forma drástica en la capacidad de inscripción azulgrana desde el pasado 15 de junio de 2023. En la misma fecha de 2024 llega otra urgencia de ingresar 60 millones, que el Barcelona ya se contabilizó a favor y que no está claro quién los va a poner. Libero, desde luego, parece que no. Si no lo logra, tanto LaLiga (en su capacidad de inscripción) como el auditor (anotándolos como pérdidas), van a dar al Barça un considerable palo financiero del que, en esta ocasión, no parece encontrar una salida. Perdería de un plumazo 60 millones de capacidad de inscripción, es decir, en la práctica no podría fichar a nadie.
Pero, con todo ese riesgo a la vuelta de la esquina, por primera vez aparecen entre fuentes bien informadas testimonios optimistas de que el Barcelona puede resolver este proceso. Con la construcción del nuevo estadio y el negocio que va a generar, además del nuevo contrato de Nike, sumado al considerable ahorro que el club ha realizado durante las dos últimas temporadas (cerrando Barça TV, reduciendo las secciones, despidiendo directivos y manejando una política de reducción drástica de la masa salarial), las expectativas de que los azulgrana puedan volver a "ponerse al día" en términos de control económico aumentan. No lo tienen fácil, pero, por una vez, sí parece factible. 100 millones y una venta importante tienen la clave, una cantidad inaccesible para casi cualquier club... menos para uno como el Barcelona.
Desde luego que no es sencillo: debe tapar el agujero de la repalanca del año pasado, de 40 millones de euros, además de cubrir el nuevo pago de la misma, que llega el 15 de junio, de otros 60 millones. Es decir: necesitan un ingreso, ya, de 100 millones de euros. Y no cualquier ingreso: tiene que ser comercial, no vale con la venta de un futbolista, por beneficiosa que sea. Bueno, sí vale, pero por sí misma no resolverá nada si Laporta no tapa el agujero de los 100 millones con un ingreso extraordinario, más allá de ventas de jugadores.
Números de drama
En febrero de 2024, la última vez que se hicieron públicos los límites de plantilla, el Barcelona andaba por 204 millones (el Real Madrid por 727 y el Atlético por 303, para contextualizar). Se supone que, con esa cantidad, debe pagar a toda su plantilla y cuerpo técnico... pero no es ni la mitad de lo que realmente le cuesta. En realidad ronda un coste, por estos conceptos, de 530 millones, que es lo que tendría como límite si volviera a funcionar como un club no excedido.
Puede parecer que cualquier ingreso es igual, pero no lo es: primero es volver a la regla 1 a 1, y después, cualquier jugador que vendas, será un impulso mucho mayor. ¿Y por qué no vale lo mismo, si al fin y al cabo es dinero que entra? Pues porque los 100 millones que le faltan al conjunto culé de la repalanca ya se los ha contado a favor. Tienen que tapar ese roto, y luego empezar a construir.
Un ejemplo práctico. Si ahora vendiera a Ronald Araujo (que es el que parece más en la pista de salida) por, digamos, 80 millones de euros, como están excedidos, las reglas del control económico sólo le dejarían utilizar el 20% de ese dinero (es decir, 16 millones) y el 60% de su salario (pongamos que gana 9 millones, pues 5,4). Es decir: a efectos prácticos, para que Laporta y Deco pudieran reforzar al equipo, sólo iban a poder contar con 21,4 de los 80 millonazos que ingresarían por el uruguayo. ¡¡¡Y tampoco!!! Porque, en caso de no ingresar los 60 que tienen que tener a fecha 15 de junio de 2024, el recorte de LaLiga no sería ya sobre su límite de plantilla, sino de su capacidad de inscripción. Es decir: jaque mate. Sería inviable fichar por mucho que vendieran.
De la otra manera, si encuentra un inversor, patrocinador, ingreso extraordinario... que le suponga los 100 millones que le van a faltar en su balance contable a 15 de junio, y además vendiera a un jugador (Araujo o similar, una venta importante), recuperaría no sólo los 12 millones del aval personal que pusieron sus directivos el pasado mes de septiembre para poder inscribir, sino que también aliviarían de forma instantánea los problemas para hacer efectivas las renovaciones y rescisiones que tiene pendientes.
¿Y qué pasa si no lo logra? Pues otro mercado de penurias... pero peor. Teniendo que rebuscar soluciones en el mercado de los futbolistas cedidos, o sin contrato, condicionando su contratación a salarios bajos (por no poder afrontar otros) y de nuevo entre la espada y la pared en negociaciones con jugadores con contrato en vigor y sueldos altos, que no tienen por qué aceptar reducciones "impuestas" por el club, por muchas estrecheces que haya.
Resolver los 100 millones que tiene de agujero les sacaría de las penalizaciones que tanto LaLiga como el auditor les tendría que imponer. Una vez ahí, una venta razonable volvería a dejar al FC Barcelona en la posición (más o menos) que estaba antes de la pandemia. En la élite mundial de los clubes donde, ahora mismo, no está. La línea entre la catástrofe y la heroicidad financiera es más fina que nunca ahora mismo en las oficinas del Camp Nou. Necesita un (otro) milagro. Ahora le toca a Laporta y a su equipo salir a jugar.