Benzema es demasiado bueno para jugar con Francia

Estos días me los pasé andando por los pasillos. Meditabundo. No sé con quién ir en la final del Mundial. El malo contra el malísimo. Messi contra Mbappé. Que en realidad son buenísimos los dos. La culpa la tiene Deschamps: un tipo con la sonrisa torcida, hecho de zarzas y no de huesos, al que se le antojó cogerle manía a Benzema.
Benzema es demasiado bueno para jugar con Francia. Una frase de groupie que se explica dos veces. En los torneos cortos reinan los equipos que no se comen la cabeza, salvo algunas excepciones, casi siempre españolas. Selecciones con ideas a medida de un Mundial: simples y directas.
Francia juega con un bloque ordenado de jugadores físicos en defensa. No les importa dejarse dominar. Cuando agarran el balón, la misma secuencia. La pelota siempre es para Griezmann, que busca las ranuras, y el espacio para Mbappé. Una estructura tan sencilla como ganadora. Benzema es tan bueno que haría saltar el sistema por los aires. Sus compañeros le buscarían en el medio como a Griezmann, y también arriba para finalizar como Mbappé. Sería una estructura más compleja y más divertida; no le gusta a Deschamps, al que solo le importa ganar.
La selección francesa es un equipo de villanos. Lloris en la portería, Theo Hernández por el carril izquierdo, Rabiot en el medio, Giroud de delantero centro, Mbappé de estrella. Deschamps, un tipo que le diría a los niños quiénes son los Reyes Magos, es el entrenador. Benzema es demasiado bueno para jugar con Francia. Uno de los jugadores más queridos del fútbol, que nunca ha visto una tarjeta roja, que solo se queja con indirectas por Instagram.
Estoy en mitad del pasillo y aún no sé con quién ir. La justa coronación de Messi como el mejor futbolista de la historia o el mejor Mundial del madridismo: Benzema, descansado, campeón del mundo desde su habitación.