REAL MADRID

La crisis médica en el Real Madrid no sólo fue por Güler: errores con Bellingham y 'ruptura' en el vestuario

Las discrepancias en el tratamiento de la lesión del inglés fue la puntilla de Niko Mihic, que tuvo roces hasta con Antonio Pintus.

Bellingham, en el momento en el que se lesionó en el hombro, contra el Rayo. /GETTY
Bellingham, en el momento en el que se lesionó en el hombro, contra el Rayo. GETTY
Sergio Gómez
Alfredo Matilla

Sergio Gómez y Alfredo Matilla

En la autopsia de un despido se suelen hallar causas dispares. Desde una cadena de errores que perjudicaron a la empresa hasta roces con el equipo de trabajo, pasando por dos paradas recurrentes, la desconfianza y el desgaste, que acaban siempre haciendo añicos cualquier relación. De todo hubo con Niko Mihic y el asunto derivó en una crisis que acabó con su destitución como jefe de los servicios médicos del Real Madrid. Su gestión en el caso Güler, que aún no ha debutado debido a una operación tardía y dos lesiones musculares, le dejó en cueros. Y el incendio se volvió incontrolable con la luxación de hombro de Bellingham. Un error a la hora de marcar las pautas de incorporación al trabajo, sumado a la ruptura que había en el vestuario con él -y que ya había llegado a oídos de Florentino Pérez-, empujó al presidente a bajar el pulgar a un hombre que gozó de su confianza.

Fue en 2017, tras la salida por la puerta de atrás de Jesús Olmo, cuando el croata cogió los mandos de un departamento tan sensible como volcánico. Mihic dirigía la Unidad de Prevención Precoz Personalizada en el grupo HM Hospitales, en Madrid y en Montreal, y era un profesional muy cercano a Florentino y a Modric. Sin embargo, ni sus métodos ni sus diagnósticos convencieron a la plantilla y pronto hubo disparidad de opiniones en torno a él. Chocó con Sergio Ramos , acabó con la paciencia de Benzema por sus errores de evaluación, no supo por dónde coger el Expediente Hazard y la baja de Arda Güler le puso definitivamente en la diana.

El Real Madrid informó el 29 de julio que el turco, de 18 años, sufría una lesión en el menisco interno de la rodilla derecha. El comunicado se publicó una semana después de que comenzaran los problemas físicos. Tras certificar la dolencia, y a pesar de que algunas voces médicas externas aconsejaron al club que el jugador se operara, Mihic abogó por un tratamiento conservador que no funcionó. Finalmente, Güler tuvo que ser intervenido casi un mes después de sus primeras molestias (14 de agosto). Estas dudas en cuanto al protocolo y la decisión final retrasaron la recuperación. En el quirófano no se extirpó el problema. Desde entonces, el futbolista sufrió dos lesiones musculares.

La primera de ellas, el 26 de septiembre, dejó a Ancelotti en una posición complicada. El técnico, tras finalizar el entrenamiento previo al duelo contra Las Palmas, anunció: "Arda Güler está de vuelta". La convocatoria duró minutos. Los que tardó el Madrid en emitir el siguiente comunicado: "Tras las pruebas realizadas se le ha diagnosticado una lesión en el músculo recto anterior izquierdo". Un trago. La segunda caída, el 10 de noviembre, fue un mazazo. La sombra del jefe médico volvió a sobrevolar.

Arda Güler, en el banquillo ante el Braga.  AFP
Arda Güler, en el banquillo ante el Braga. AFP

Las pautas a la hora de incorporar al turco al trabajo eran confusas y cambiantes y eso también afectó a Güler, que llegó a pedir él mismo ser convocado contra el Rayo (5 de noviembre). Se sentía solo y ansiaba entrar ya en la dinámica de grupo. Esa tarde, cuando todos los focos le apuntaban por un posible estreno con el Real Madrid, se quedó sin jugar. En realidad no estaba en condiciones. Ni Ancelotti ni el jugador sabían a qué atenerse escuchando a Mihic, que un día decía que el jugador estaba en plenitud y apto para cualquier carga y al siguiente aseguraba que no podía esprintar ni golpear fuerte el balón en el entrenamiento. Carletto le volvió a convocar contra el Braga. Tampoco jugó. Ya estaba lesionado. La dolencia se comunicó unos días después, antes del encuentro contra el Valencia: sufrió una rotura muscular en el cuádriceps derecho. Los vaivenes en este caso arrinconaron al doctor croata y deprimieron al chaval.

Diagnóstico, segunda opinión y adiós

Sin embargo, la crisis médica no sólo fue por Güler. Lo que eyectó a Mihic de su cargo fue patinar con Jude Bellingham, la estrella capital de este Madrid. Cuando el inglés cayó sobre el césped contra el Rayo y sufrió la luxación, sobrevino el problema. El entonces jefe de los servicios médicos del club comunicó al centrocampista y al cuerpo técnico que tenía luz verde para jugar con protección el siguiente partido. De hecho, Ancelotti convocó al británico ante el Braga, pero permaneció en el banquillo.

No obstante, el Madrid mandó a Bellingham a una 'consulta externa' para someterse a una segunda exploración. Concretamente le envió a Manuel Leyes, el mismo doctor que operó a Courtois y Militao y de plena credibilidad para el club. Su diagnóstico no dejaba dudas: nada de volver al grupo, al menos debía estar diez días trabajando al margen. Esto hizo estallar a Florentino, quien, en los últimos meses, tenía la certeza de que el vestuario estaba a disgusto con Mihic.

Bellingham, tratado del hombro ante el Rayo.  GETTY
Bellingham, tratado del hombro ante el Rayo. GETTY

Uno de los más suspicaces, y con quien más chocaba, era Antonio Pintus. El preparador físico, con gran ascendencia sobre el presidente, también tiene conocimientos de fisioterapia (en su currículum figuran varios cursos) y los roces aparecieron, sobre todo, en los protocolos. El italiano se sentía fuera de todo el proceso de lesión, recuperación y preparación del jugador y desplazado también a la hora de calibrar los plazos, donde José López Chicharro, catedrático de Fisiología del Ejercicio de la Universidad Complutense y figura de máxima confianza de Mihic, cambió el plan.

Antes del fichaje de Chicharro, el cuerpo médico solía ser muy transparente con los diagnósticos y los períodos de ausencia. Eso, en algún caso, despertaba críticas. Si una lesión de un mes se complicaba y se retrasaba un par de semanas, el entorno comenzaba a dudar. Desde esta temporada, con el reglamento impuesto por él, ni se proporcionan fechas exactas ni se detallan los 'timings' de recuperación. La evolución se mide día a día, sin anticipar fechas de regreso ni adelantar plazos… a nadie. Ni a los propios jugadores, ni siquiera a Ancelotti.

El malestar de Pintus se sumó al runrún del vestuario y todo ese terremoto llegó al despacho de Florentino. El principal reproche era que Mihic, hábil para moverse en las altas esferas, comunicaba una cosa al jugador, otra al entrenador y una distinta al propio presidente. Cuando se pregunta en Valdebebas por la figura del croata, una frase se repite: "Para tomarte una cerveza, Mihic; si quieres un diagnóstico, ve a otro sitio". En principio, seguirá siendo el médico de cabecera de algunos miembros del club y familiares pero ya no estará al frente del primer equipo. Para sustituirle, el Madrid decidió no fichar fuera y mirar dentro de la casa. El elegido fue Felipe Segura, que llegó al club blanco hace dos años procedente del Granada y que por delante tiene la papeleta de calmar y estabilizar un departamento que en los últimos años ha sido un foco de conflictos.