SEVILLA

Pablo Alfaro y Javi Navarro vuelven a juntarse: "Asesinos nos decían, era gasolina para el cuerpo"

Hablan con Relevo en las entrañas del Ramón Sánchez Pizjuán del Sevilla que fue la génesis del equipo campeón y de la fama de 'malotes' que les acompañó durante toda su carrera.

Pablo Alfaro y Javi Navarro se reencontraron con Relevo en el Sánchez Pizjuán. /SALVA FENOLL - RELEVO
Pablo Alfaro y Javi Navarro se reencontraron con Relevo en el Sánchez Pizjuán. SALVA FENOLL - RELEVO
Alonso Rivero
Samuel Silva

Alonso Rivero y Samuel Silva

Quizás sea buen momento para mirar al pasado ahora que en la grada del Ramón Sánchez-Pizjuán se habla de reedificar el futuro. La última reconstrucción futbolística del Sevilla se remonta al año 2000. Un club en ruinas, en Segunda División, intentaba frenar un descalabro aún mayor, que se antojaba dramático. Tocaba empezar de cero y con cero. Monchi dejaba de ser delegado para instalarse en un despacho con un ordenador de la época, un teléfono fijo y su inexperiencia en la materia de los fichajes. Roberto Alés, presidente de entonces, quería rodearse de gente de la casa. De sevillistas que arrimaran el hombro cuando todo parecía perdido, cuando la única solución parecía vender el Sánchez-Pizjuán.

Los fichajes, a Monchi y la dirección del equipo, a Joaquín Caparrós. Un binomio que quiso construir desde la inteligencia y la bravura; desde el detalle y la sangre roja; desde la veteranía del que estaba medio de vuelta al hambre canterana. Un Sevilla de raza y competitivo hasta decir basta. Y ahí encajaron como un guante Pablo Alfaro y Javi Navarro. Una pareja de centrales de época. Para los rivales, de época de terror. Para los sevillistas, el matrimonio al que querían más que al propio. "¿Cómo no íbamos a defender al Sevilla?", recuerdan al unísono.

Pablo Alfaro y Javi Navarro, sobre su Sevilla. SALVA FENOLL

A ese equipo en la categoría de plata (año 2000) llegó Pablo Alfaro para liderar un vestuario por construir. "Pasé de estar en Grecia para firmar por Iraklis y jugar competición europea, a viajar a Sevilla para jugar en Segunda", recuerda. Era una época de falta de liquidez e ingenio, en una entidad presidida por el recordado Roberto Alés. "Siempre diré que nunca conocí a una mejor persona". Era el denominado Sevilla de los 20 duros. Retazos de jugadores con poco caché, pero con una ambición capaz de cualquier reto. "Javi llegó ya en Primera, aquello ya era otra cosa", dice Alfaro entre risas junto a su socio durante seis años. "Dos años antes no hubiera podido ni firmar por un equipo de Segunda B", proyecta Javi Navarro señalando su maltrecha rodilla. 

Son los líderes de aquel equipo que acabó siendo leyenda. La representación de la rebeldía ante la adversidad tan inyectada en el sevillismo. No había que intentar ser simpáticos, ni queridos. El único objetivo era ganar y crecer. "El Sevilla, poco a poco, deja de ser simpático porque ya no te ganan fácil, porque existe una tarta que normalmente siempre se la reparten los mismos y ahora llega alguien que se sienta y dice 'yo también quiero un trozo y me lo quiero ganar '. Los que están sentados siempre, pues se molestan", reflexiona el ex del Barcelona.

"El Sevilla deja de ser simpático porque ya no nos ganaban fácil"

Pablo Alfaro Exjugador del Sevilla

La fama de duros se la ganaron con sus actuaciones. Era otro fútbol y así lo entendían los centrales de la época. Tuvo que pasar poco tiempo para empezar a escuchar insultos en los estadios antes de la primera patada. "Asesinos nos decían. Era gasolina para el cuerpo", cuenta Javi Navarro. Todo explotó aquel año 2005. En el minuto 40 del Mallorca-Sevilla, Arango intentó pugnar por un balón dividido, pero se encontró con el codo de Javi Navarro en el rostro. El impacto fue tremendo y el venezolano cayó desplomado al suelo. Sufrió una parada cardiorrespiratoria y tuvo que ser trasladado al hospital. "Sí sufrí, decir que no sería mentir. No voy a hablar de la jugada en concreto porque sería alimentar aquello de que si fue intencionada o no. Yo tengo claro qué pasó. Sufrí. Yo soy de los que pienso que en el campo hay que darlo todo, pero cuando termina el partido nos podemos ir a tomarnos una cerveza. Y siempre lo hemos hecho así. Hemos coincidido con muchos compañeros con los cuales nos hemos dicho de todo y luego fuera hemos compartido. Y cuando alguno tiene un problema te preocupas por ello", rememora el valenciano. Su fama de jugador duro pasó al siguiente nivel.

Javi Navarro recuerda la acción con Arango en el Mallorca-Sevilla de 2005. SALVA FENOLL

"La parte mediática hizo mucho daño, pero ¿sabes qué? El club me arropó mucho y la afición también. Esa fue la clave para poder llevar esa situación tranquilo. Estaba en el búnker que era Sevilla y todo lo que se decía venía a nivel Madrid. Yo salía a la calle aquí y la gente te seguía apoyando. Es como cuando tienes una madre y, por muy mal que hagas las cosas, en un momento dado siempre te va a defender. Me sentí así". Javi Navarro no esconde ese dolor que le ha perseguido a lo largo de su carrera como sevillista. Porque Pablo, quien fue su compañero y por momentos máximo apoyo, ya traía esa fama de tipo duro de sus anteriores destinos. A Javi se le colgó una etiqueta desde fuera y nunca pudo arrancársela.

"Tras lo de Arango, el club me arropó. Estaba en el búnker del Sevilla y todo lo que se decía venía de Madrid"

Javi Navarro Exjugador del Sevilla

Todo ese tornado de críticas le hizo protegerse. El valenciano forjó una coraza que mantuvo hasta el final de su carrera. "Yo creo una coraza un poco por todo. Tenías críticas por todas partes. Recuerdo una anécdota. Un día me dejaron pinchado en una radio esperando para intervenir. Mientras estaba en espera escuchaba 'cómo va a ir a la selección, si va a dar una mala imagen para la selección'. Me desprestigiaban. Incidentes de ese tipo provocaron que me cerrara. Muchas veces saltaba a los estadios y escuchaba ¡asesino! Lo que no te mata te hace más fuerte. Y encima nuestra gente, cuanto más dabas la cara, más te quería. El que entienda un poco de fútbol sabrá que jugábamos al límite, pero siempre en beneficio de nuestros intereses. Las normas estaban ahí y tenías que cumplirlas. Si te pasabas, tenías que pagarlo", reflexiona. Incluso en algunas ocasiones, las informaciones traspasaban los límites de lo deportivo, llegando incluso a rumorear sobre su vida privada. "De mí se ha dicho hasta que me había casado con Jaime Cantizano, que era un asesino, que tenía una parte femenina… Había gente que decía que había ido a mi ¡supuesta boda! Todas esas cosas las llevaba sobre mi espalda", recuerda con cierto pesar.

"De mí se ha dicho hasta que me había casado con Jaime Cantizano, que era un asesino, que tenía una parte femenina..."

Javi Navarro Exfutbolista del Sevilla

Un esperado reencuentro

Mientras pasean por las entrañas del Sánchez-Pizjuán, sus conversaciones respiran fútbol. Hay un momento en el que una foto de Roberto Alés, Monchi y Joaquín Caparrós centra su atención. "Ahí empezó todo", recuerdan. Alfaro llegaba al Sevilla después de una difícil etapa en el Mérida. "El equipo estaba a punto de desaparecer, como al final ocurrió". Todavía recuerda aquella llamada. Javi había hecho una gran temporada con el Elche en Segunda. Precisamente en aquel partido ante el Sevilla, Joaquín Caparrós puso sus ojos en él. Y Javi, asegura, no se lo pensó dos veces: "En verano, Marcos Álvarez, que por aquel entonces era preparador físico del Elche, me dice que me van a llamar Monchi o Caparrós. Estando en Bilbao, en el restaurante Guetaria con Aitor Arregui, recibo una llamada de Caparrós. Me preguntó cómo lo veía y yo, encantado. Así que vine para acá con los ojos cerrados. Tengo que darle las gracias a Pedro Cortés que me dejó salir del Valencia". Y eso que con 23, y tras seis o siete operaciones de rodilla, estuvo a punto de arrojar la toalla.

Su entrada al vestuario multiplica los recuerdos. Santuario para cualquier futbolista, allí Pablo Alfaro y Javi Navarro lideraron una plantilla que acabaría haciendo historia. En ellos, unos códigos y normas que fueron básicas en el crecimiento deportivo. "Nosotros éramos capitanes porque nos votaban. Ahí no entraba nadie, ni utilleros, ni presidente, nadie. Estaba el núcleo, nosotros y cada uno votaba en secreto con su papelito y elegíamos quiénes queríamos que fueran nuestros capitanes. Porque el brazalete del Sevilla es muy bonito ponérselo, pero el brazalete del Sevilla cuesta ponérselo", explica Pablo Alfaro. "Cuando en una votación de 24 compañeros sacas 23 votos, porque no puedes votarte a ti mismo, eso te da una fuerza para apretar a todo el mundo, hasta al presidente", subraya.

La noche hace grupo

Pablo Alfaro y Javi Navarro hablan de las noches de los jueves en su Sevilla. SALVA FENOLL

"Otra cosa que nos unió mucho fueron los jueves por la noche. Un vestuario donde hay dos serbios, tres brasileños, un italiano… vienes, entrenas y te vas. Los jueves salíamos a cenar y siempre alguno terminaba con esa pequeña borrachera con la que no podía irse solo a casa", recuerdan entre risas. "Nos conocemos sólo de entrenar, pero ese día tienes una noche larga, hemos compartido conversación, te has desinhibido porque te has tomado dos copas. Yo te dejo en tu casa esa noche y al día siguiente cuando ese compañero entra al vestuario me va a mirar diferente, se va crear una unión que no se va a ir. Se tomará un café con nosotros, entraremos juntos a tratarnos…", añaden. Todo partía de la mente de un Joaquín Caparrós que estudiaba incluso con más ahínco los detalles externos. Crear lazos de hermanos en la hierba que se anudasen fuera de ella. "Caparrós lo tenía eso claro. Ese equipo, como decía el míster, era también el mejor ahí. Hoy en día también pienso que eso es casi imposible", cuenta con una sonrisa Navarro.

El VAR con Javi Navarro y Alfaro

El VAR llegó al fútbol hace unos años. Es difícil imaginarse a aquellos dos guerreros vigilados por innumerables cámaras atentas a cualquier acción. "Sería más difícil, pero creo que la esencia no la puedes perder, no la debes perder, sobre todo cuando te ha hecho grande. Es verdad que el fútbol ha evolucionado y es fruto también de la evolución de la sociedad. Los jugadores somos chavales de la calle que hemos crecido con nuestra sociedad. Ni mejores ni peores. No llevábamos móviles porque no había y jugábamos en la calle porque no había videojuegos. Ahora seríamos niños con otros valores, que estaríamos con la Play y el Tik Tok. Nos tocó esa época. Ahora creo que hay más dispersión. El periodismo es distinto, los aficionados son diferentes, todo ha evolucionado. Nos tocó aquella época y lo hicimos lo mejor que pudimos...", expone Pablo Alfaro entre risas.

"Ahora estaríamos con la Play y el Tik Tok"

Pablo Alfaro Exfutbolista del Sevilla

Se rompe el binomio

Las relaciones en el fútbol no son eternas y esta pareja tenía que decirse adiós en algún momento. El Sevilla era un club en constante crecimiento. Del Sevilla de los 20 duros, con la cuenta corriente tiritando y sin apenas patrimonio deportivo, se pasa a fichajes de más calidad, que desde el inicio explotan con un rendimiento espectacular al equipo. En diciembre del 2006 llega Julien Escudé y Pablo Alfaro, que ya venía jugando mucho menos de lo habitual, decide aceptar la propuesta del Racing de Santander para seguir disfrutando el fútbol en la élite. Encima, su Sevilla, ese que había ido subiendo escalones de su mano durante cinco años y medio, se plantaba en una final 58 años después. Él, junto a Antoñito, se plantaban en Eindhoven para vivirlo desde la grada. "Me pellizcaba. Tenía una sensación difícil de explicar. Era tal alegría ver a Javi y a mis compañeros levantar una copa de la UEFA... Y por otra parte decir ¡Si yo estuve aquí hasta hace 4 meses!", enfatiza.

"El fútbol te va indicando el momento. Y ese fue mi caso. Tenía 36 años, ya jugaba menos, Javi estaba hecho un toro, el equipo venía a tal velocidad que ves que tú ya no vas. El día que me iba, yo tenía la palabra de José María Del Nido de que en el momento que me retirara estaría trabajando en el club. Ese fin de semana nos habíamos salvado del descenso ganando a Osasuna con un gol de Antoñito y otro mío. Le pedimos al presidente que nos dejara viajar. estuve luego en el vestuario y en el hotel con ellos. ¡Era un sueño! Recuerdo que un año antes habíamos jugado una semifinal de Copa y decíamos 'ojalá jugáramos una final, si la ganáramos sería ya la bomba'. Después se abrió la veda y fueron ganando en cascada", recuerda con anhelo.

Mirando a Javi con esa expresión de complicidad que no se pierde con los años. De sus risas de los jueves, a las pinturas de guerra para la batalla del domingo. Han sido de las parejas más odiadas del fútbol español. Sin embargo, en el corazón del sevillismo siguen en el altar. Son los niños malos del recreo, pero sus niños. Nadie defendió el escudo del Sevilla como Javi y Pablo. Pablo y Javi. El inolvidable muro del Sevilla.