REAL MADRID

Cunningham antes que Bellingham y Vinicius: cuando la vida, el fútbol y el estilo se impusieron al racismo

La biografía de Laurie Cunningham, leyenda del Real Madrid, recuerda a las estrellas merengues del momento y cuenta la historia de un genio ante la opresión de su época.

Cunningham, con el Real Madrid./EFE
Cunningham, con el Real Madrid. EFE
Rodra P

Rodra P

Keith y Laurie Cunningham salieron a jugar al fútbol al patio de unas viviendas de protección oficial para blancos en el Londres de los años 60. Un grupo de chicos les vio y empezó a perseguirles. La zona era considerada no apta para los jóvenes negros. Keith y Laurie corrieron hasta su casa, donde les recibió su padre, al que le contaron lo que ocurrió. Al enterarse de la historia, su padre les obligó a salir de nuevo a la calle a enfrentarse a los chicos que les perseguían.

Laurie Cunningham (1956) creció entre el racismo de la época y forjó una personalidad genuina, que le llevó a convertirse en una leyenda del fútbol. Su historia la cuenta el periodista Dermot Kavanagh en un libro completo, sanador y divertido. 'Different class. Football, fashion and funk. The story of Laurie Cunningham', traducido al español por la editorial Colectivo Bruxista en 2023.

De ascendencia jamaicana, a Cunningham lo que le interesaba era el baile y la moda. Un chico con estilo. De los que se atrevían a marcar tendencia en el colegio, pero en silencio. No le hacía falta más que su manera de vestir y de moverse para que el resto le quisiera copiar. "A pesar de que estaba obligado a llevar el uniforme escolar, lograba adaptarlo a su gusto. Cambió el jersey azul marino por uno negro que combinaba mejor con sus pantalones. El mayor miedo de Laurie era ser como los demás". Tan atlético, elegante, con habilidad para todos los deportes.

Laurie se abrió paso en el fútbol de los barrios de Londres, hasta escalar a la etapa profesional. "Su magnífica forma física. Era un gran atleta. Podía correr como un ciervo, ese era su punto fuerte", cuentan algunos de sus entrenadores. "Un bailarín en un campo de fútbol. Un talento increíble. Y un cabrón que nunca llegaba a la hora", comentan otros de sus técnicos.

Fue un tipo tan particular que una vez estuvo una semana entera sin acudir a entrenar con su equipo. Cuando le pidieron explicaciones, Cunningham respondió que se había quedado en casa. "Que no tenía dinero para el billete de autobús y que no había cogido el teléfono por una razón muy sencilla: el teléfono estaba en la parte de abajo de la casa y él en la de arriba".

A medida que avanzaba en su carrera futbolística, también lo hacían los gestos racistas hacia él en los estadios. Le insultaban, los rivales le pegaban con más dureza, le lanzaban plátanos desde la grada. El racismo era un tema tan complejo que en el Chelsea pitaban a sus propios futbolistas negros, siendo el líder de su grupo ultra negro también.

Cunningham nunca perdió la compostura. Era un tipo tranquilo, que contuvo toda su rabia hacia dentro. Siempre con la valentía de mostrar su personalidad a través de su ropa y el baile, con sus movimientos de serpiente. Del racismo, a crear una cultura propia con el soul y su estilo sofisticado, en los años setenta y ochenta de Londres.

El West Bromwich Albion le permitió dar el gran salto. Después, su fichaje por el Real Madrid. Cunningham decidió escribir una carta, mecanografiada por su novia Nikki, expresándole al equipo blanco su deseo de fichar por el club madrileño. El escrito convenció a Luis de Carlos, y se aprobó la operación más costosa del Madrid hasta la fecha. Cunningham se convirtió en el año 1979 en el primer futbolista británico de la historia del cuadro merengue.

Su historia recuerda a los nombres de Vinicius y Bellingham. A Vini, por su lucha contra el racismo, aún vivo en la sociedad actual, y combatido cada día por los futbolistas del momento. A cada insulto, un regate y un baile. Por la velocidad de ambos, su descaro y su alegría a la hora de jugar al fútbol.

A Bellingham, hasta en el apellido. Por su elegancia y estilo, tanto dentro como fuera del campo. Su gusto por la moda, su carisma implacable. Sus orígenes. Hasta Londres y Birmingham. Laurie Cunningham fue referencia de una generación de futbolistas negros que gracias a su ejemplo pudo exhibir aún más su talento y personalidad.

La historia de Cunningham en el Real Madrid no tuvo final feliz, pero dejó varios momentos que nunca se olvidarán. Salió aplaudido del Camp Nou tras un 0-2 a favor de los blancos en 1980, por su espléndida actuación. Centraba los córners con el exterior, y en uno de sus primeros entrenamientos, con tan sólo 21 años, le tiró un caño a Camacho. Después, las lesiones. Le pillaron con la pierna escayolada de fiesta en Pachá. Y un final trágico. Falleció en 1989 a causa de un accidente de tráfico, siendo jugador del Rayo Vallecano.

Descubrí el libro gracias a Clara Pardo. Ella me lo propuso porque en el periódico se creen que soy un gran lector, y no me importaría que se extendiese la mentira. En la casa de Clara se lee tanto que cuando tiene que regañar a sus hijos, en vez de amenazarles con esconderles la PlayStation, les asusta con quitarles los libros. Le agradezco que a mí también me haya enganchado con la lectura. Y reto a sus hijos, a que en un futuro, también le dediquen unas líneas a Vinicius y a Bellingham.