La desconexión de Mbappé en el Real Madrid tiene su explicación: desde su físico a una ansiedad que agranda el bache
El francés dispara más veces que nunca, pero anota y asiste menos que nunca.

Cuando el Real Madrid anunció la llegada de Kylian Mbappé, la lógica empujaba al espectador a imaginar que con el aterrizaje del francés, sumado a los Vinicius, Rodrygo, Bellingham y al talento joven de Güler o Endrick, el Real Madrid iba a producir muchos más goles, o por lo menos, muchas más ocasiones de calidad al contar con uno de los mejores atacantes del mundo, sino el mejor. Pero el fútbol tiende a huir de las predicciones y se asienta siempre en algo más profundo: con la baja de Kroos, a los de Ancelotti les sería más difícil asentarse en campo rival y en consecuencia sus atacantes tendrían que hacer más cosas, con el riesgo que eso conlleva.
En las primeras 9 jornadas de Liga el equipo blanco está exhibiendo señales de equipo todavía en pañales en muchos aspectos, sobre todo a nivel ofensivo, una sinfonía que ha perdido a su director y en la que a ratos se corre el riesgo de tener a demasiados solistas. Así se explica que el Real Madrid esté disparando más de 17 veces por encuentro (el que más), pero que los goles esperados por cada disparo sea el más bajo desde que StatsBomb tiene datos (2015/2016), con 0,08 por cada remate. Esta estadística mide la calidad de cada remate y señala que los blancos rematan mucho, pero en disparos de poca calidad.
En dos meses han cambiado muchas piezas. Bellingham, que el pasado curso arrancó como un mediapunta llegador se ha reconvertido en un interior. De dar 44 pases a 61, de generar 0,51 xG por cada 90 minutos a 0,08. Con Jude, también ha variado Fede Valverde, más interior que nunca, y sin cuatro centrocampistas y con tres delanteros, el Real Madrid ha roto la doble punta que le dio tanto el pasado curso, recuperando a Rodrygo en derecha y dejando a Mbappé en punta, un delantero que necesita caer a banda y vaciar la zona del 9 para sentirse cómodo. Mucho cambio en poco tiempo y con la urgencia no solo de ganar, sino de hacerlo cómodamente, que para eso el Real Madrid ha dejado a su equipo con solo dos centrales disponibles para firmar a Mbappé.
El francés está teniendo un inicio de temporada complicado, pero coherente con su 2024. Tanto en Champions League como también en la Eurocopa, el rendimiento de Mbappé estuvo alejado del que se espera de él, quedándose sin marcar o asistir ante el Dortmund en semifinales y con solo un tanto en una Euro que le impidió hacer pretemporada en el Real Madrid. Físicamente no está en aquel 2022 en el que sus cambios de ritmo eran capaces de abrir distancias olímpicas en una baldosa, y en LaLiga se ha encontrado con defensas que le restan metros y un Real Madrid que tiene que reaprender a atacar tras la ausencia de Kroos.
Se puede decir que Kylian Mbappé nunca había comenzado tan mal una temporada. Por sensaciones y a nivel numérico. Para un jugador que aun en sus baches tiranizaba la Ligue 1 con una numerología aplastante, el inicio en el Real Madrid pone de relieve la diferencia entre ambas competiciones y la necesidad de añadir matices a su juego. Mbappé es el jugador de LaLiga que más dispara (5,46 por cada 90 minutos), la cifra más alta en los primeros 9 partidos desde la 19/20. A pesar de ello, Mbappé lleva dos goles sin contar penaltis en este inicio liguero y sus números apuntan a algo que va más allá de su rendimiento: La calidad de sus golpeos es la más baja desde que debutó (0,09 por disparo). ¿Por qué?
Es el futbolista de LaLiga que más disparos bloqueados suma (13), y la gran mayoría de sus ocasiones en el perfil favorito de Mbappé terminan bloqueadas. El francés, que está iniciando como 9 con Vinicius más abierto, sigue usando su diagonal izquierda-dentro como principal elemento disruptivo, pero de sus 21 remates en esa zona, todavía ninguno ha sido gol... y 8 han terminado bloqueados. Mbappé dispara más que nunca y pisa área como nadie en Liga (13,06 toques por cada 90 minutos) sin que eso termine siendo productivo para su equipo.
_20241010205621-U46513362854gMw-624x385@Relevo.png?cw=780&ch=481)
A todo ello se le suma otro dato que muestra la desconexión del astro francés con el resto del equipo. Es el peor inicio liguero desde que debutó en cuanto a la generación de ocasiones: suma 0,088 asistencias esperadas por encuentro, una cifra alejadísima de las 0,30 de la pasada temporada en el PSG de Luis Enrique o las 0,28 de las primeras jornadas de la 22/23. En cualquier caso, esa incapacidad de encontrar a sus compañeros retroalimenta su ansiedad por marcar las diferencias, lo que ahonda en el bache en el que está Mbappé, en mínimos desde que debutó. Y ese dato muestra una realidad, incontestable, maquillada mucho tiempo: el francés es un pasador sin chispa, sin trucos.


Algo que subyace todo el debate es que Mbappé ha sido siempre un destructor de mundos en base a un primer paso infernal, imposible de seguir. Una zancada tan monumental como engañosa porque detrás de ella no había una imaginación a la altura. La creatividad de Kylian a nivel pasador, gestor, de trazar jugadas y brindar ventajas se reduce una vez su superioridad física baja un par de pasos. De momento, el francés está chocando más de lo habitual contra los bloques rivales en situaciones en las que el disparo no es la mejor opción, ni tan siquiera para un crack como él.


El Real Madrid no solo debe pensar en este Mbappé, sino en qué jugador imaginan una vez sus superpoderes empiecen a frenarse. ¿Qué relaciones pueden generar para acercarle a sus mejores zonas? ¿Le renta al Real Madrid tener a un delantero centro que sufre alergia a muchas de las cosas que debe hacer un 9? ¿Es mejor equipo con Vinicius dentro que fuera? Preguntas que el equipo tendrá que ir abordando para encajar de la mejor forma posible a un Mbappé que sigue buscando su espacio en un equipo que sigue siendo el mismo salvo que nada lo es.