Decían en La Masia que era mejor que Messi y ahora se reencuentra con él en los Estados Unidos
Hace más de dos décadas, Víctor Vázquez y Leo comenzaron su camino en el Infantil B del Barça.

Los Ángeles (Estados Unidos).- Justo antes de su debut, Leo Messi y LeBron James se fundían en un abrazo en Miami. El jugador de los Lakers, minutos más tarde, inmortalizaba con su móvil el momento en el que el argentino saltaba al campo. Messi ha decidido escribir uno de sus últimos capítulos de su carrera en los Estados Unidos. Ahora es un astro más del país de las estrellas y las barras.
Había una cierta corazonada, un aviso de spoiler, cuando Leo colocó con mimo el balón poco antes del cierre del partido para lanzar la falta. No hizo nada que sorprendiera a nadie, porque lleva años naturalizando lo extraordinario. Esa rosca, las faltas, el último pase... Ya lo hacía cuando comenzó a dar sus primeros pasos en el Barcelona, en el Infantil B. Aquel futbolista cambió el equipo de una generación difícilmente superable, la del 87. Sin embargo, no siempre fue el mejor.
Víctor Vázquez llegó al Barcelona con once años procedente de la Damm, una de las fábricas de talento de Catalunya. Se unió a un equipo que también contaba con Cesc Fàbregas o Gerard Piqué. Vázquez, rápidamente, se colgó la etiqueta de goleador. Era el líder del Alevín B. Messi llegaría dos años después. "Lo recuerdo con nostalgia. Con nostalgia y felicidad. Fueron de mis mejores momentos como futbolista. Esos recuerdos nunca se van a ir", explica Vázquez, actualmente jugando en el Toronto FC de la MLS.
Generación del 87: cinco años sin perder
Excepto a Piqué, que iba a otro colegio, cada mañana un autobús esperaba a las puertas de La Masia a Víctor, Cesc y Leo para ir hasta León XIII, en la zona alta de Barcelona. Allí estaban hasta las 13.30, cuando el mismo autobús les pasaba a recoger y les dejaba de nuevo en la explanada del Camp Nou. "Íbamos a la escuela pensando en el entrenamiento de la tarde", reconoce Víctor. Se pasaban 24 horas. Desayunaban, estudiaban -algunos más, otros menos-, comían y a jugar al balón. "Nuestra meta era llegar al primer equipo. Unos llegaron, otros nos quedamos por el camino", añade el futbolista que ha pasado por Bélgica, México o LA Galaxy,
Pocas generaciones blaugranas podrán igualar la del 87. Aquel equipo estuvo unos cinco años sin perder un solo partido. Cuando Leo llegó, ya llevaban dos años invictos. "Creo que perdimos contra el Atlético. Teníamos quince años. Terminamos todos tristes, llorando, impotentes... Nos rompían un reto que creíamos que podíamos mantener durante más tiempo. Fue un palo gordo, pero también una lección. Aprendimos que el fútbol también trataba de eso", recuerda Vázquez.
"Había partidos que ganabas 25-0 y te sentías mal"
Futbolista de Toronto FCNo ganar no se contemplaba. Otro de los motivos por los que se recuerda aquel equipo, que dirigieron Rodolfo Borrell -ayudante durante muchos años de Guardiola en la élite-, Tito Vilanova o García Pimienta, es por las goleadas que metía. Cada fin de semana al rival le podían caer entre 20 y 30 goles. "Había partidos que ganabas 25-0 y te sentías mal. Rodo, nuestro entrenador, nos decía que no nos podíamos sentir mal porque teníamos que mejorar. Era nuestra forma de competir", cuenta Víctor. Se repartían hasta los penales. Y varios de ellos los lanzaba Piqué, el defensa con más hat trick de la historia de La Masia.
El 'pique' entre Víctor y Leo
De allí nacieron competiciones internas. Una de ellas era la de Vázquez contra Messi. Leo, rey indiscutible del fútbol durante tantos años, no fue tirano en aquellos tiempos. "Había un pique sano con Leo en ver quién hacía más goles y asistencias. Cuando llegó Leo yo era el delantero y ya metía muchos goles. Transformó al equipo porque nunca habíamos tenido un jugador así. Si marcaba seis, yo marcaba siete. Si él marcaba diez, yo intentaba marcar once. Nos hacíamos mejores. Nos lo pasábamos bien", recuerda el delantero del Toronto.
Pero no todo empezaba y terminaba en el balón. En las aulas se jugaban otros partidos. "Éramos muy personajes. Queríamos jugar a fútbol, no nos gustaba mucho la escuela. A algunos sí. A Cesc y Piqué les gustaba un poquito más. A Leo y a mí no tanto. Los profesores siempre nos llamaban la atención porque éramos los que la liábamos más, no prestábamos atención… Cesc era muy buen estudiante, pero siempre ha tenido la fama de ser muy liante, de hacer putadillas. Y Piqué también, obviamente, aunque él iba a otra escuela", cuenta Víctor.
Aquel equipo, del que también salieron futbolistas como Toni Calvo o Marc Pedraza que no se asentaron en la élite, sigue en contacto a través de un grupo de whatsapp. "Hablamos más los que no estamos al nivel de Cesc, Gerard o Leo, pero siempre nos estamos haciendo bromas. Es un grupo divertido. Los que ya no juegan se sienten orgullosos de nosotros", dice un Víctor al que todavía le sobra ilusión por seguir jugando.
¿Reencuentro en Miami?
Vázquez, siguiendo la estela de David Beckham, aterrizó en la MLS en 2017 para jugar en Toronto. En 2021 probó suerte en LA Galaxy y en noviembre del año pasado comenzó su segunda etapa en el equipo canadiense. A pesar de que está encarando el tramo final de una lesión complicada, Víctor sueña con reencontrarse con Leo, dos décadas después, sobre el verde. En partido oficial con el primer equipo del Barça coincidieron algo más de 40 minutos.
LIONEL ANDRÉS MESSI IS NOT HUMAN. pic.twitter.com/2mBDI41mLy
— Major League Soccer (@MLS) July 22, 2023
Con Sergio Busquets y Jordi Alba eligiendo Miami, ¿es el turno de Víctor? "Se lo he dicho a mis amigos, a mi familia, a mi representante… Me encantaría poder acabar al lado de Leo. Empezamos juntos y sería una cosa increíble para mí. Supongo que para Leo también lo sería, porque tenemos ese recuerdo de la infancia", comenta.
"Leo, como yo, tiene otro círculo y llevamos tiempo sin vernos. Pero sería un sueño retirarme al lado de Messi. Esté en Miami o esté en Atlanta. Si se presenta la ocasión, obviamente no lo dudaría", remarca. De la misma forma que el fútbol a veces distorsiona carreras, a veces también puede regalar finales bonitos. El de Víctor y Leo todavía está por escribir.