ALAVÉS

El desastre de Dimitri Piterman en el Alavés vuelve a resonar en los juzgados: a favor del dopaje, "subnormales y borrachos"...

El empresario ucraniano fue el primer extranjero en controlar un equipo español y ahora no se presenta al juicio acusado de apropiación indebida.

Piterman, ejerciendo de fotógrafo en uno de los partidos en los que decidió bajar al verde. /Efe
Piterman, ejerciendo de fotógrafo en uno de los partidos en los que decidió bajar al verde. Efe
José Luis Lorenzo

José Luis Lorenzo

De aquellos barros, vienen estos lodos y hoy es el día en el que Dimitri Piterman (Odesa, Ucrania, 1963) sigue dando que hablar más de 20 años después de su aterrizaje en España.El empresario ucraniano ha sido declarado en rebeldía por la Audiencia Provincial de Álava por no presentarse al juicio por apropiación indebida, unos hechos que tuvieron lugar durante sus tres años de mandato al frente de la entidad gasteiztarra. En ese periodo de tiempo, el conjunto alavesista triplicó la deuda hasta casi los 24 millones de euros.

Pero la truculenta historia del protagonista de este relato se remonta a varios años antes a su salida, por la puerta de atrás, de la entidad que hoy preside una leyenda del basket vitoriano como es Josean Kerejeta. Dimitri Piterman, por decirlo de alguna manera, saltó a la fama en España cuando en 1999 tomó las riendas técnicas del Palamós sin tener ninguna titulación como entrenador, convirtiéndose además en su presidente. Pero antes de producirse este insólito hecho, el ucraniano ya se había labrado un importante historial, plagado de polémicas y escándalos. Pronto destacó como atleta de triple salto y, en 1980, consiguió una beca para estudiar en Berkeley (California), trasladándose con sus padres a EE. UU., donde se nacionalizaría. Piterman, que casi participa en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, también comenzó temprano a moverse en los negocios inmobiliarios y se convirtió en multimillonario de la noche a la mañana.

Una vez olvidada su carrera atlética, se asentó definitivamente en la Costa Brava y fue ahí donde comenzó otra competición, esta por convertirse en uno de los protagonistas de la entonces llamada Liga de las Estrellas. Llegó a conseguirlo, aunque a un precio muy alto. Palamós se le quedó pequeño y en enero de 2003 se hizo con el 27 % del accionariado del Racing de Santander, pero la extravagante forma de ser del nacionalizado estadounidense erosionó por completo su relación con el accionariado santanderino, quedándose fuera al terminar la campaña. Lo intentó, asimismo, con el Balonmano Cantabria, pero una moción de censura acabó con su andadura en marzo de 2004.

En su idea de labrarse un hueco en el fútbol estatal, vio un agujero por el que colarse en Vitoria y se hizo con el 51% de las acciones del Alavés. Su paso por la capital gasteiztarra resultó aún más traumático que por Santander y tras varios problemas económicos en el seno del club y diversas condenas por impago de nóminas, en marzo de 2007 Piterman abandonó el Alavés, después de que un grupo inversor le comprara el 51% de las acciones.

Durante sus cuatro años de gestión, la deuda del equipo se triplicó hasta casi los 24 millones de euros. Un año después de su adiós, el Juzgado de lo Mercantil de Vitoria decretó el embargo de todos los bienes que Piterman poseía en España para hacer frente a más de 13 millones de euros en concepto del tiempo que el empresario ejerció como presidente del Alavés y en abril de 2009 tuvo que devolver cerca de 120.000 euros después de que un juez estimara que Piterman cargó varios gastos por ese valor a las cuentas de la institución deportiva. En 2012, un Juzgado le condenó a indemnizar al Deportivo Alavés con 6,8 millones de euros.

«Ahora cualquiera viene de la jungla y se pone una camiseta de fútbol»

En su día fue uno de los hombres que le puso pimienta al fútbol español. No dejaba de sorprender con sus polémicas declaraciones. Su lengua afilada siempre dio que hablar. Una de sus múltiples discusiones mediáticas en las que se vio involucrado lo puso enfrente nada más y nada menos que de varias figuras del Real Madrid como los brasileños Robinho, Roberto Carlos y Ronaldo. Los integrantes de la canarinha, en un enfrentamiento con el Alavés, festejaron los goles de una manera un tanto peculiar, tirándose al piso con los pies hacia arriba, imitando a una cucaracha, lo cual sentó mal a Piterman, quien salió al cruce rápidamente ante aquella celebración. "Ahora cualquiera viene de la jungla y se pone una camiseta de fútbol", llegó a declarar en su momento el empresario. Piterman fue más allá. "Son unos payasos", afirmó.

Piterman junto a Juan Carlos Oliva en su etapa en el Alavés.  Agencias
Piterman junto a Juan Carlos Oliva en su etapa en el Alavés. Agencias

Pero ese no fue el único caso, ya que pese a que no era el técnico del equipo, en los partidos del conjunto de Gasteiz, también lo hizo en su etapa en el Racing de Santander, se sentaba en el banquillo de los suplentes, junto con el entrenador de turno, en la mayoría de los casos Chuchi Cos. Ante ese contraste de cargos, en el que además de ser el presidente, colaboraba en el entrenamiento del plantel y tomaba decisiones específicas con respecto a la formación del equipo, él se definía como "manager". Al haber dos personas con autoridad para armar el equipo, se generan conflictos entre ambos. "A veces disentimos", comentaba Piterman, "y en ese caso decido yo", dejaba claro en referencia a la relación que mantenía con Chuchi Cos, que le acompañó en sus aventuras por el Palamós, Racing de Santander y Alavés. De hecho, para poder estar en el banquillo y saltarse la prohibición de la RFEF -porque no tenía título de entrenador-, Piterman se inscribía como utillero e incluso fotógrafo.

El ucraniano también generó un escándalo al posar desnudo para una revista en la que afirmó que les daría vía libre a sus jugadores para que se doparan si no eran atrapados por los controles. "Cada uno hace lo que quiere con su cuerpo", ratificó su posición respecto a ese tema.

Allá donde fue tuvo la oposición de gran parte de la afición local, descontenta con su gestión. Además, no dudó en enfrentarse con vehemencia a sus opositores, llegando a calificar de "subnormales y borrachos" a los hinchas del Alavés que le pitaban. En 2006, por ejemplo, tuvo un durísimo enfrentamiento con Lluís Carreras, jugador del Alavés: "El presidente Piterman se cagó en mis muertos y llegó a decirme que ojalá sus hijos se follen a los míos", dijo Carreras en rueda de prensa. Dicho futbolista fue días después despedido de forma improcedente, algo por lo que Piterman fue condenado en los tribunales.

Siempre resulta atractivo cuando un jeque, un magnate u otro tipo de inversor millonario pone sus ojos en un equipo español. Se les suele recibir con los brazos abiertos, más aún cuando, por lo general, aterrizan en clubes necesitados económicamente y algunos al borde de la desaparición. Un nuevo resurgir que, sin embargo, pocas veces sale bien. Es el caso de Dimitri Piterman. Su llegada supuso un soplo de aire fresco para el Alavés, que subió a Primera. Pero no es oro todo lo que reluce. El año siguiente fue un infierno. Se bajó a Segunda y casi a Segunda B, hecho que se consumó en 2009. El club tocó fondo y Piterman se fue vendiendo sus acciones y dejando una deuda de 24 millones de euros. En abril de 2024 la Audiencia Provincial de Álava le ha declarado en rebeldía por no presentarse a un juicio por apropiación indebida y con orden de búsqueda y captura internacional.