Drogas y campamentos de sintecho: la cruda realidad a los pies del lujoso hotel del Barça
A escasos metros del hotel blaugrana florece la realidad de Los Ángeles.

Los Ángeles (Estados Unidos). "Ir más allá de la 7th Street es peligroso cuando oscurece", avisa el taxista. Los Ángeles es una ciudad infinita con epicentro en su Downtown. Allí, en el centro neurálgico de las empresas y la casa de los Lakers, varios rascacielos vigilan la ciudad. Es también donde está instalado el Barcelona. Las calles que nacen en el centro de la Los Ángeles parecen escapar de ella. La basura que hay en aceras y carreteras parece contar una historia apocalíptica, como si miles de americanos tuvieron que haberse sin tiempo a recoger nada y un huracán hubiera arrasado con todo.
A los pies de los rascacielos, aquellos que nunca tendrán opción de tomar ni tan siquiera un ascensor. A una calle del lujoso InterContinental, un hombre en silla de ruedas perece inmóvil en medio de la carretera. Lleva un cártel que reza por 50 centavos. Está en medio de tres carriles y parece dormido. O inconsciente. Los coches tratan de regatearlo haciéndole luces o pegándole bocinazos. No hay respuesta. Para los locales únicamente existe porque les valla el paso. No es un caso aislado, es la norma.
Al doblar la calle, debajo de un puente descansan hasta seis caravanas con ladrillos en las ruedas para evitar que se muevan. La sensación es que llegan ancladas mucho tiempo. Están oscurecidas por la suciedad, tiene algún cristal roto. Al lado hay varias tiendas de campaña y carros con basura. La escena se repite prácticamente en cada rincón de la ciudad. El Downtown no es un lugar agradable. Uno termina naturalizando que haya gente pegando gritos, personas consumidas por la droga y estancadas en un mundo que sólo existe para ellos. Lo más paradójico es que en gran parte de las tiendas de campaña hay banderas de los Estados Unidos. Se aferran a un país que hace tiempo les convirtió en 'Nadies'.
Los Ángeles es una ciudad con mil ciudades dentro de sí misma. Ninguna de ellas escapa al problema crónico y estructural de los sintecho. California nunca supo cómo encarar la emergencia social con la gente sin hogar. Si uno resigue la 7th Street donde está el hotel del Barça hacia el sudeste, se encontrará uno de los mayores campamentos de sintecho de la ciudad. En Skid Row hace años que se superó el punto de no retorno. Hay gente que se protege del sol debajo de sombrillas, sentados en sillas de playa, y que pese al calor visten con sudadera y abrigo. Y lo más duro es que el turista tarda pocas horas en naturalizar todo aquello. Para el local es algo que se vuelve invisible. El decorado de San Francisco es todavía más impactante.
Sólo en California hay 150.000 personas que no tienen hogar. En un reportaje realizado por The Guardian en 2017, comprobaron que cientos de sintecho han ido recibiendo con el paso del tiempo billetes sólo de ida. Son expulsados, invitados a desaparecer físicamente, hacia el norte y el centro del país. Patadón hacia arriba. El problema lo resuelven tornándolos todavía más invisibles. Sólo en 2022, el número de sintecho aumentó en un 10%. La sanidad privada les aleja aún más de poder aspirar a una vida medianamente digna.
Desde el InterContinental hasta Skid Row hay apenas tres kilómetros. Unos 25 minutos a pie. Con callejear unas manzanas uno ya atisba la cruda realidad del Downtown. Allí sólo se va a trabajar, cuentan la gente que vive en la ciudad. Al norte, hacia la montaña, el cartel de Hollywood presenta a todos aquellos vecinos que viven en otro universo. Y todo, a unos pocos kilómetros de distancia. The home of the brave [La casa de los valientes]es la frase con la que termina el himno estadounidense. Hay miles de personas que se sumieron en el sueño americano y nunca volvieron a despertar.