FC BARCELONA

Cómo Gavi bajó de la nube: el compañero del buen rollo al que todos quieren... aunque no entre en el Barça ideal de Flick

El andaluz es uno de los líderes del vestuario y creyente del entrenador, pero se ha relegado a un rol más secundario.

Gavi, junto a Hansi Flick, durante un encuentro de esta temporada: ante el Alavés, cuando se retiró por un golpe en la cabeza. /GETTY
Gavi, junto a Hansi Flick, durante un encuentro de esta temporada: ante el Alavés, cuando se retiró por un golpe en la cabeza. GETTY
Alberto Martínez

Alberto Martínez

Gavi es en el vestuario del Barça el chico del buen rollo, siempre animado, siempre competitivo, un ejemplo de disciplina en los entrenamientos. Era tanta su implicación que hasta Xavi Hernández lo situaba en los ejercicios en el costado de Ansu Fati para compensar las dificultades que tenía en aquel momento el delantero para ir de arriba abajo, algo que es innegociable en la manera que tiene el de Los Palacios de entender el fútbol. Gavi vale por dos. "Me encanta Gavi, me encanta su actitud, es top", dijo recientemente Hansi Flick cuando desveló que el mediocentro le había cedido sus minutos a Pablo Torre ante el Valencia con 7-1. El cántabro estaba teniendo menos oportunidades y Gavi inoculó ese buen rollo. Fue un gesto, eso sí, que tampoco enterneció al técnico alemán, pues desde entonces no ha puesto al cántabro.

Hace apenas unos días se hicieron virales unas imágenes de los jugadores del FC Barcelona probando unos nuevos coches (Cupra) en los que Gavi era el centro de atención. Acostumbrado a ir con el grupo de los españoles en el vestuario -Pedri, Ferran, Fermín, Dani Olmo, Íñigo Martínez...-, es una persona querida por todos, también en el club, muy protegido desde que llegó con 12 años a La Masia y especialmente desde que debutó con apenas 17, como se evidenció cuando se lesionó de los ligamentos cruzados de la rodilla en Valladolid con la Selección. Primero se volcó su compañero Íñigo Martínez, quien viajó en la ambulancia con él. A ambos, desde entonces, les une una especial relación.

"De niño era hiperactivo y de mayor iba más a su bola. Siempre lo han protegido desde el club. Tenía talento, una fiereza innata, y eso lo hacía incontrolable... Pero es muy querido porque es genuino, para lo bueno o para lo malo dice lo que piensa", explica una de las personas que lo trató asiduamente en su formación. Lo que dice lo que piensa se aprecia en mil ejemplos, el último cuando reconoció tras ser sustituido en Sevilla que los árbitros le habían leído la matrícula. Y lo que es querido igual, como cuando viajó este julio a Alemania para estar con sus compañeros en la fase final de la Eurocopa. Un detalle de un Luis de la Fuente que quiere contar de nuevo con él.

"Hay muchos ejemplos con él, uno de ellos es en la pandemia, cuando en el club no eran capaces de que se pusiera la mascarilla. Era visceral y eso le agobiaba. Siempre la llevaba mal puesta. Refleja esa inmediatez, ese instinto. Aunque en el campo sea autónomo, fuera era menos organizado", añaden las mismas fuentes, por eso "siempre se le cuidó mucho, tenía que aprender muy rápido".

Los abrazos de Flick y las odiosas comparaciones del de Los Palacios

Las imágenes más virales esta temporada de Gavi son los abrazos con Flick, quien también valora la personalidad de un futbolista que ha estado 11 meses parado, comiéndose las uñas y aguantándose para no tocar balón cuando la recuperación llevaba otro ritmo, y que ha reflexionado mucho ("si la mente no acompaña, el físico tampoco", dijo para un documental de Barça One) siempre con una sonrisa y con esa playlist (Gaviinprogress) de Spotify que le amenizaba las sesiones y que se escucha en el vestuario, porque el jugador puede adentrarse en el pop inglés de los 80 como en canciones más actuales, y eso conecta. "Tengo la mejor cultura musical del equipo con diferencia", dice Gavi. Algunas canciones nos van a transportar a este momento de recuperación de Gavi, de momentos duros, risas y confidencias y también de pasarlo bien", añadió Yon Álvarez, uno de los readaptadores.

Pero lo cierto es que la ascendencia de Gavi, que ya ha sido capitán, no se corresponde ahora con la importancia dentro del esquema de Flick. El futbolista ha bajado de la nube tras la lesión y con la nueva manera de jugar del técnico alemán. Antes de la lesión, Gavi venía de jugar 117 partidos oficiales entre el Barça y la Selección en apenas dos años, de los cuales 93 de titular y 34 completos. Ahora mismo, el jugador acumula 23 partidos, pero ninguno completado.

Al comienzo, cuando se reintegró al grupo, Flick lo probó como mediocentro único, en el lugar que ocupaba Marc Casadó, quien aprovechó las lesiones de Frenkie de Jong y Marc Bernal para afianzarse. Pero no le acabó de convencer, por lo que lo utilizó junto a Casadó o de mediapunta en el primer tramo de su vuelta al ruedo: debutó el 20 de octubre ante el Sevilla y hasta el 23 de noviembre no fue titular por primera vez. Con los servicios médicos habían pactado un retorno gradual, por lo que hasta enero, ya con 14 meses completados desde la lesión, no se entendió que el internacional estaba ya para ser uno más... pero eso tampoco le ha reportado más protagonismo.

"A Gavi se le intentó comparar con mediocentros de un nivel técnico elevado, pero creo que técnicamente es correcto y en lo que más destaca es en la intensidad y el trabajo, no tanto en la posesión. Es difícil que encaje en las tres posiciones que tiene definidas Flick en el mediocampo... Casadó está dando más pases verticales que los que daba en el fútbol base", explica uno de los scouters que ha seguido la evolución del jugador desde infantil en el Barça.

En la cabeza de Flick, el mediocampo de los grandes partidos y de los títulos lo forman De Jong, Pedri y Dani Olmo de mediapunta, el que arrancó ante el Atlético de Madrid el martes. Gavi entraría ahí por Olmo en caso de que el de Terrassa, que también ha encadenado problemas físicos, no acabe de cuajar o de poder jugar con continuidad. Es la nueva realidad de un Gavi entregado a Flick, en un ejercicio de madurez que lo aleja de esa imagen más visceral que sigue demostrando en el campo, pero que ha interiorizado para tomar decisiones más frías, como la de ejercer de capitán en un Barça en el que no ha conseguido ganarse un puesto en el equipo ideal, lo que va en contra de ese carácter genuino y visceral.