El siguiente paso de Gavi en el Barça: "Con la pelota nos dejaba boquiabiertos..."
Exentrenadores de Gavi coinciden en que todavía está por ver la mejor versión del canterano pese a que lleve dos años asentado en el Barcelona.

El único peligro de llegar tan rápido a la cima es que no de tiempo a pensar en el proceso, en entenderlo y normalizarlo. Porque si uno lo analiza fríamente, en el caso de Gavi hay pocas cosas que tengan lógica: a los 17 años había disputado más partidos con la Selección Española que con el Barça B y a los 18 ya lleva más años en el primer equipo del FC Barcelona que en su Juvenil. Y si ha llegado hasta este punto de velocidad cuántica en su trayectoria es, primero de todo, por un talento distinto y único. Uno que, salvo algunos partidos, no hemos visto en todo su esplendor. Pero llegará.
Hasta la fecha, su carrera se asemeja a la del niño prodigio que a los 13 años está estudiando en Harvard y que a los 18 ya ha descubierto un no sé qué que te deja helado. El único problema es no terminar de entender que, por mucho talento que uno tenga, todo en la vida tiene un proceso. Y conviene no olvidarlo. "Todavía no hemos visto al Gavi de La Masia con continuidad, ese jugador que mandaba", añade un ex entrenador del de Los Palacios. Si alguno no lo vio jugar en el Juvenil A, que lo recupere. Allí estaba todo".
"Se le pone la etiqueta de luchador, bregador, de ir y presionar... y ese no es el único Gavi que habíamos disfrutado en la base. Era un jugador que tocaba muchísimo balón y que vivía siempre entre líneas, sabía cuándo girar o no", explica otra fuente que estuvo con él en categorías inferiores. ¿Por qué es importante esto? Porque si alguien solo ha visto a Gavi en el primer equipo se estaría perdiendo parte del secreto del futbolista, algo no se le sería revelado. En esencia, Gavi es un interior dinámico, que disfruta estando cerca de la pelota, con regate y capacidad inventiva, último pase y llegada. Todo lo demás es la superfície de un juego mucho más profundo.
El debate es por qué, hasta la fecha, no lo hemos visto. O no del todo. De entre todos los centrocampistas titulares, Gavi ha sido el que menos pases ha sumado por partido (39), 20 menos que Pedri y casi 40 menos que De Jong (77). Respecto al pasado curso, año de su debut, Gavi ha descendido en su participación con pelota. De 45 a 39 pases por partido. ¿No nos dice la lógica que, en su segundo curso, debería asumir más protagonismo?
"Desde fuera, parece que Xavi prefiere a Pedri en el cuadrado y a Gavi estirando, haciendo unos movimientos hacia fuera. En La Masia no lo solía hacer, sino que eran para recibir y encarar", cuenta otro ex entrenador. La temporada del Barça y su famoso cuadrado, ha tenido muchos ganadores, pero quizás Gavi, también por estar entrando a tientas en escenarios que desconoce, no ha sido el que se ha llevado el primer premio.
Durante el primer tramo de curso, como interior, Xavi vio en él un dinamismo y energía renovable, incansable. Mientras que a su lado existía una fábrica de recursos agotables, Gavi siempre se retroalimentaba de su energía. Y eso llevó a pensar en Gavi como un jugador de rupturas, un interior que facilitase rutas y cargase el área, y no uno que viviese cerca de la pelota.
En La Masia, Gavi era adicto al balón. Pese a ser el más pequeño del Juvenil, junto a jugadores como Ángel Alarcón o Ilias Ackomach, su liderazgo y voluntad le llevaban a quererla siempre. "Con la pelota tenía recursos que nos dejaban a todos boquiabiertos", explican. Con Pedri, De Jong y Busi, Gavi ha tendido a alejarse del radio de acción, siendo más un compensador y repercutiendo en movimientos que abaratasen el pase interior. En vez de entrar en el circuito, se salió de él. Este año ha promedidado menos regates (0,5 por 1,3 el pasado curso), aunque ha ganado más faltas que nadie (otro curso, el pasado lo lideró), con 3,2.
El fútbol de Gavi está contrito, como si esperase un gesto para salir y arrollar todo cuanto se le ponga delante. A falta de ese ademán, lo está logrando con un ímpetu y nivel competitivo que es casi insólito en un chaval de su edad. Sin arrugarse, gana tiempo mientras todos los atributos que posee van saliendo a chorros. Lo mejor de Gavi es que ha logrado convertirse en indispensable pese a que su mejor nivel está por llegar.
Los mejores partidos del andaluz son los que tienen como epicentro la pelota. Aquellos en los que se le permite relacionarse con cercanos, tirar paredes y un rango mayor de movilidad. Ahí aparece el Gavi de La Masia. Y cuando lo hace se muestra al jugador que esconde; un talento con regate y desborde interior, último pase y convicción en que él es mejor que el resto.
Cuantos más jugadores tenga cerca y más relaciones se expandan a su alrededor, más oportunidades tiene Gavi de desplegar su juego.
Ante los problemas que ha tenido el Barça este curso para ser un equipo fluido en la frontal rival salvo cuando Pedri ha tenido continuidad, extraña que Gavi esté alejado de la pelota. Y cuando entra en contacto con ella, preso de ese dinamismo exagerado al que se mueve sin ella, termina 'sobreacelerando' las jugadas. La pausa es algo que llega con el tiempo.
Donde Gavi ha crecido, ha sido sin balón. Más presiones (de 29 a 37 por partido), más presiones ganadas (de 3,4 a 4,6) y más contrapresiones ganadas (de 0,4 a 0,5), que son aquellas que suceden cinco segundos después de una pérdida. Su activación y capacidad defensiva le ha llevado a ser el jugador más importante en esta faceta, pese a que todavía está aprendiendo el oficio de futbolista profesional.
¿Dónde está el siguiente paso? En crecer desde el contacto con la pelota y que la energía no solo sea sin ella, sino también bajo su tutela. El nivel técnico de Gavi es algo que el aficionado ha intuido y presenciado menos de lo que debería, y es que a veces hace falta contextualizar el recorrido del andaluz en la élite, que apenas empieza, y entender que al futbolista siempre se le exigirá más conforme vayan pasando los años. Lo que el primer mes deslumbra, al séptimo no conmueve. Así funciona esto.
Y todo termina pesando, la gente se ha acostumbrado a la excelencia y ha normalizado lo extraordinario. Y en Gavi confluye un fútbol de lo excepcional que ha difuminado la percepción del aficionado: demasiado joven para competir tanto y aún en formación para exigirle que presente todos sus poderes. Pero desde dentro lo tienen claro: "Lo mejor está por llegar".