Cuando Juni Calafat 'manchó' su historial por arropar a Zidane en el Castilla: "Se intentó una revolución, teníamos seis delanteros"
El chief scout del club blanco avaló varios fichajes que no terminaron de cuajar.

A Juni Calafat le sale casi todo bien. Con Arda Güler como la guinda de su particular pastel y uno de esos jugadores que confirman la detección del talento joven como la premisa bajo la que se mueve el Real Madrid en el mercado de fichajes, no daba puntada sin hilo. No es tarea sencilla y el riesgo es cada vez mayor, con irrupciones tempranas que no siempre salen según lo previsto, de ahí que la labor del chief scout, muchas veces silenciosa, esté tan bien valorada en el seno del club. También entre la afición, completamente rendida a uno de los nombres más sonados en Chamartín durante los veranos.
Sin embargo, el prueba-error ha sido una constante durante los últimos diez años. Brasil pronto se convirtió en el principal mercado a peinar y, después, explotar. Los fichajes de Vinicius, Rodrygo, Reinier, Endrick e incluso Militao, en el que Juni también jugó un papel importante pese a llegar de la liga portuguesa, así lo confirman. El historial, entre otras muchas cosas, evidencia que el club blanco ha dado con la tecla. Y lo ha hecho después de dejar atrás una etapa gris en lo que a incorporaciones se refiere. Toca remontarse al año 2014.
Hace diez años, en verano de 2014, Zinedine Zidane llegó al banquillo del Castilla en su primera experiencia en solitario en los banquillos. La confección de la plantilla, después de un mercado de fichajes agitado, dejó la delantera como la demarcación más poblada. "Teníamos seis delanteros, se intentó una revolución", recuerdan algunos de los integrantes de aquel vestuario. Juni, en su intento de arropar al técnico francés y brindarle un equipo competitivo y con variedad de registros, recurrió al mercado brasileño: el Real Madrid incorporó a Abner (lateral izquierdo) en junio y a Pablo Felipe (delantero o segundo punta) en enero. Parches que llegaron en calidad de cedidos y que en ningún caso optaron a conseguir un contrato de larga duración.
Abner llegó al Real Madrid como posible recambio de Marcelo, con un físico sobresaliente y una pierna izquierda de quilates que, después, se vio mermada por las lesiones. No terminó de rendir y, aunque gozó de minutos y un papel protagonista, no cumplió las expectativas y no llegó al primer equipo, algo que se le auguraba en un inicio, cuando las comparaciones incluían en la ecuación hasta a Roberto Carlos, su ídolo. Un desenlace similar tuvo Pablo Felipe, que recaló en Valdebebas en calidad de cedido, procedente del Athletico Paranaense, y tampoco brilló.
La contratación del atacante brasileño aumentó la competencia en la delantera, una posición, la del 9, por la que pugnaron hasta cinco futbolistas más: Mariano, RDT, Borja Mayoral, Eero Markkanen y Marcos Legaz (sufrió problemas en la espalda desde el inicio de temporada). Incluso Burgui, habitual en las bandas, llegó a jugar como referencia en algún encuentro. En aquella plantilla se encontraba también Martin Ødegaard, llamado a liderar al equipo y baluarte ofensivo por excelencia de Zidane en su primera aventura en solitario en los banquillos.
Juni insiste en Brasil... sin suerte
En enero de 2015, el Real Madrid anunció el fichaje de Lucas Silva procedente de Cruzeiro. Llegó para reforzar el centro del campo del primer equipo, pero no logró aclimatarse y, relegado a un plano completamente secundario, pasó por el Bernabéu sin pena ni gloria. Dos años después, en febrero de 2017, el club blanco pagó un millón de euros (más dos variables) a Sao Paulo por el prometedor Augusto Galván, mediapunta zurdo que moldeó Guti en el Juvenil A. No obstante, su rendimiento tampoco fue el esperado y encadenó, sin demasiada fortuna, dos cesiones a Cultural Leonesa y Las Rozas.
En mayo de 2018, después de que los blancos anunciasen la llegada de Vinicius, las redes de Juni Calafat sobrevolaron de nuevo Brasil y se fijaron en Rodrigo Rodrigues, delantero polivalente del Grêmio Novorizontino. El conjunto merengue pagó algo menos de un millón de euros por hacerse con sus servicios y, aunque lo intentó y demostró versatilidad en la parcela ofensiva, se quedó corto para el primer equipo. Probó suerte en calidad de cedido en el Talavera y en el filial del Valencia, pero tampoco cuajó. Ahora milita en el Operário Ferroviário de la segunda división brasileña.
Después, Rodrygo siguió el mismo camino y aterrizó en Madrid en 2018. Dos años después, Reinier hizo lo propio. Sin embargo, nunca terminó de adaptarse y su periplo con la casaca blanca ha estado marcado por las cesiones, todas ellas sin demasiada fortuna. Militao y Endrick han sido los últimos descubrimientos de un Juni Calafat que no tira la toalla y ya mira a los Juegos Olímpicos, consciente de la importancia de ser el primero en detectar el talento joven en el próximo gran evento que acogerá París.
Las diferencias del Castilla
Después de abastecer al Castilla de Zidane con varios fichajes extranjeros que no cuajaron, Juni Calafat y el Real Madrid optaron por seguir otra hoja de ruta: apostar por la columna vertebral del Juvenil A, peinar el mercado nacional y renunciar a otros como el brasileño o el griego (el delantero heleno Nikos Vergos llegó en 2016). Así, la política de fichajes de hace diez años del filial contrasta con la actual, pero mantiene el mismo propósito: facilitar la formación de los mirlos blancos, prepararles para la élite y mostrar una versión competitiva en una categoría tan exigente como Primera Federación.
El simple hecho de que algunos de los fichajes no cumpliesen las expectativas, y de que otros decidiesen emprender otro rumbo (Leny Yoro al Manchester United) no hace sino poner en valor el trabajo de Juni Calafat al frente del departamento de captación, con Vinicius y Rodrygo, fichados cuando coqueteaban con la mayoría de edad, como dos de los mejores jugadores del mundo en la actualidad.