ESPANYOL

Luis García lleva 'entrenando' al Espanyol casi 10 años

El club hace oficial el fichaje del entrenador de 42 años, al que le llega la gran oportunidad de su vida como leyenda perica que es.

Luis García, durante un entrenamiento. /@Luis_Garcia__10
Luis García, durante un entrenamiento. @Luis_Garcia__10
Hugo Cerezo

Hugo Cerezo

A Luis García siempre le ha dolido el Espanyol. Un club acostumbrado a saborear pocos grandes hitos, aunque como jugador él propiciara un puñado de ellos, siempre ha tenido en Luis un soldado de adhesión permanente. Al asturiano le llega pronto el reto, apenas unos cursos en la Damm, categoría juvenil, y ni uno completo en el RSC Internacional, Casa Blanca, con todo lo que eso supone. Con 42 años, su fe mueve montañas. Luis lo tiene claro desde hace tiempo.

Como cuando siendo canterano del Madrid le dijo al club que cedido no iba a ningún lado. Que él traspasado, que las apuestas se hacen bien o no se hacen. Murcia, Mallorca y Espanyol, sangre blanquiazul para siempre, quizás no sea una coincidencia, blanca del Real y azul asturiana y de su Oviedo. Allí se convirtió en mito. Un jugador que supo explotar sus cualidades, competitivo nato, listo como pocos, sabedor de que cada día construye, pero que hay que ponerle entendimiento y emprendimiento.

Levantó la Copa perica de 2006, perdió en Glasgow (2007, contra el Sevilla) una final que seguro todavía le despierta alguna madrugada que otra. Hijo futbolístico de Tintín Márquez, al que siempre cita en cuanto se le piden referentes, su filiación perica le hacía mirar de reojo pero con desazón en ocasiones el rumbo que llevaban en Cornellà. Tiene ideas, muchas. Y lo que es más importante, ganas y valentía de implantarlas. Contra el inmovilismo y la corriente, apuestas.

Luis García celebra uno de sus goles con el Espanyol.
Luis García celebra uno de sus goles con el Espanyol.

Hay distintos episodios que le definen como profesional. Pocos como cuando se fue al Eupen belga, 33 años, primero con la familia, después solo. Los pequeños no se adaptaron y se volvieron a España. Él se quedó, formándose, viendo fútbol sin parar, inmune a los inviernos que nada tenían que ver con los del Mediterráneo. Tardes que consiguió que no se volvieran interminables, entre gimnasio, charlas y visionados. Se acabó quedando cinco años. Aprovechando el tiempo, todo el que no podía dedicar a su familia. Los sacrificios, trabajados, dan sus frutos. Porque Luis lleva entrenando al Espanyol diez años, desde que era jugador. Reflexionando, debatiendo, proyectando.

Cuando todo estaba enfocado a pelear el ascenso con el futuro Real Madrid C y prolongar un año más en La Fábrica, le llega la oportunidad de su vida. Representado por su amigo, y también leyenda perica, Iván De la Peña, aterriza en Cornellà con determinación. Sabe cómo quiere que juegue su equipo, valiente, progresivo en tanto en cuanto cada día tiene que ser mejor que el anterior, con un sentido productivo del balón, alérgico al pase que no lleva a ninguna parte. La grada verá a uno de los suyos en el área técnica. Y eso, para esa maravillosa minoría, ya es mucho.