OPINIÓN

No hay magdalenas para Iraola

Andoni Iraola, entrenador del Rayo Vallecano. /Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images
Andoni Iraola, entrenador del Rayo Vallecano. Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images

¡Al míster no le des magdalenas hasta que no renueve! Es lo que le gritaban algunos jugadores del Rayo a Lola, una aficionada emblema en Vallecas que, "para hacer equipo y animar", reparte en los entrenamientos y tras los partidos magdalenas y tortillas a los futbolistas, staff y a todo el que se preste.

Como el mejor director deportivo, ajusta los encargos a las peticiones de cada uno. Algo así como tener en cuenta las demandas de los futbolistas a la hora de incluir algunas cláusulas particulares en los contratos. Todo por una victoria con la franja en un club donde el pasaje suele tener turbulencias durante la temporada. Tanto es así que, voces más que autorizadas en el club y no necesariamente por estar en la junta directiva, consideran imprescindibles a todas esas Lolas que asisten a diario a los entrenamientos, hacen piña, animan y tienen al Rayo como parte esencial de su vida.

Todos saben en Vallecas lo difícil que va a ser retener al míster que ha traído la tranquilidad al barrio. Tiene varias ofertas sobre la mesa y, ya en la semana clave en la que el de Usúrbil se iba a sentar con el club para valorar la propuesta y el proyecto de futuro, las dudas sobre su continuidad aumentan. Andoni no sólo valorará la oferta económica, sino la apuesta del club para formar un equipo competitivo de cara a la próxima temporada. Y en eso, la salida de jugadores importantes como Catena, Fran García o Santi Comesaña, hacen pensar que el proyecto de Andoni se desmorona y es momento del cambio.

Son tres temporadas en el club, con ascenso incluido, en las que la afición ha disfrutado como en sus mejores tiempos. El equipo juega bien, la grada se divierte y el míster, que suele hacer poco ruido, mantiene un ambiente vital para un equipo que muchas veces se tiene que mantener en su burbuja por el ruido que hay fuera. Eso los jugadores lo saben y no quieren que le llegue la ansiada recompensa, las magdalenas, antes de renovar. Es el arma que les queda para intentar convencer al míster.

Y eso que Iraola es un técnico que, como él mismo asegura a su entorno más directo, no suele ser muy cercano con los jugadores. "Para eso está el resto del cuerpo técnico". Por su experiencia como jugador sabe que, aunque por su despacho no desfilen los futbolistas de la plantilla habitualmente, es en el césped, en los entrenos y en el banquillo donde los suyos tienen que sentir el calor de su entrenador.

Convencido de que su carrera antes o después pasará por el Athletic, el club de su vida como jugador, para Andoni ahora se abre un dilema: decidir si el ciclo pirata se ha terminado y es momento de dar el salto a algún equipo interesado en él desde hace meses, o continuar en Vallecas a la espera del club de sus amores.

En Vallecas, ni afición ni jugadores quieren oír hablar de una posible salida de Andoni, que se ha ganado con su estilo calmado y su sonrisa a toda la grada. Tenga el equipo el premio de jugar en Europa el próximo curso o no. En todo caso, sólo aceptarían un cambio de cromos si volviera Michel I de Vallecas, quien a pesar de estar feliz en Girona, siempre soñará, como Andoni con su Athletic, con volver al club de su vida. Será cuestión de días cuando en Vallecas sepamos si Andoni Iraola sigue disfrutando de las magdalenas de Lola la próxima temporada. En el vestuario lo tienen claro: si hace falta, se monta una pastelería.