OPINIÓN

De lo malo queda lo mejor

Baena, en el partido contra el Almería./GETTY
Baena, en el partido contra el Almería. GETTY

Hay goles que ni siquiera se marcan para empatar un partido; se marcan para celebrarlos. Baena cabeceó a la red y salió corriendo como si lo mejor estuviera por llegar. Se levantó la camiseta como quien desenvuelve un regalo: un recuerdo de cariño para Llaneza y su familia, la familia del Villarreal.

El fútbol del VAR, de jugadores de otro planeta y tantos jeques millonarios nos está dejando un deporte cada vez menos humano. Aunque hay esperanza. En las remontadas, los goles en el último minuto, las celebraciones descontroladas. Los futbolistas se expresan más a gusto quitándose la camiseta que ante los micros de la prensa.

De Burgos Bengoetxea es un árbitro muy humano. Se le ve en sus gestos, hasta en su peinado. Lo primero que hizo tras expulsar a Baena fue salir correteando de los nervios. Chillando a cada jugador que también le gritaba, explicando lo que todos sabían, tan difícil de explicar, porque no admite explicación.

De Burgos sabe que no se puede ser libre sin semáforos. Hay que seguir unas normas. Si te quitas la camiseta te sacan amarilla, si la levantas por encima del cuello. No se puede invadir el área en los penaltis, ni los entrenadores asomarse por fuera de su zona técnica. El fútbol solo es un juego de once contra once y un balón.

Un deporte en el que pasan cosas imposibles. Que un equipo con un hombre menos se sienta superior por una injusticia. Que el rival falle un gol cantado en el epílogo, que Parejo se quede solo en el último minuto del añadido, que Jackson adelante con una carrera a toda una defensa. Que se plante en la meta de Pacheco y le entre la calma. Que marque el gol de la remontada en el último segundo, y que todo su equipo lo celebre junto con la emoción desbocada. No por el triunfo: por esa camiseta. Por todas esas veces que el fútbol muestra que las reglas no importan. Por Llaneza. De lo malo, nos queda lo mejor.