VILLARREAL CF

Marcelino-Roig, una amistad rota por la tensión que Llaneza, un accidente y Pamesa cicatrizaron

El presidente echó al asturiano influido por el 'Caso Sporting' y sus exigencias. El cortejo para sellar la paz se aceleró hace tres años.

Marcelino y Roig se abrazan tras el ascenso del Villarreal a Primera en 2013./
Marcelino y Roig se abrazan tras el ascenso del Villarreal a Primera en 2013.
Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Justo antes de comenzar la temporada 2016-17, a mediados de agosto y con una previa de Champions ante el Mónaco a la vuelta de la esquina, el presidente del Villarreal destituyó, por sorpresa, al entrenador que había logrado el ascenso a Primera tres años antes, que había llevado al Submarino a disputar unas semifinales de la Europa League ante el Liverpool y, por si fuera poco, a quedar entre los cuatro primeros en Liga y acceder de nuevo a la madre de todas las competiciones. Nadie entendió nada.

Marcelino vuelve al Villarreal .VILLARREAL CF

En aquel momento, Fernando Roig aseguró que era "una decisión dolorosa, pero necesaria". Desde entonces han transcurrido siete años en los que se ha pasado del divorcio total a los preparativos de una segunda luna de miel que comienza ahora. Por eso, para entender la importancia de este regreso de Marcelino a casa, es más necesario que nunca retroceder en el tiempo y comprender -a base de detalles y off the records- por qué se fue en su día de Vila-real cuando el estadio que le coreaba aún se hacía llamar El Madrigal. Entre otras cosas porque el ayer tiene su influencia en el hoy. Un ejemplo: el acuerdo que ambas partes han firmado se ha hecho con el propósito de no repetir los roces de antaño. Marcelino, más allá de los dos años y medio de contrato, tendrá plenos poderes en la parcela deportiva.

Las cosas empezaron a torcerse en su día por varios motivos que fueron formando un caldo de cultivo peligroso. Roig empezó a sentirse incómodo con la gestión que había hecho el cuerpo técnico con Cani, un futbolista muy querido en la entidad, que pasó de ser un pilar en el proyecto a estar prácticamente descartado. Hasta el punto de que el propio mediapunta declaró tiempo después de aquel choque, en varias entrevistas, que el técnico llegó a hacerle la vida imposible. "Cuando llega es una pasada porque exige, pero cuando pasa el primer año de su llegada es muy desconfiado y muy controlador y me empieza a putear. Me hacía ir a los entrenamientos por las tardes a la ciudad deportiva. Me estaba haciendo, como quien dice, 'bullying' en el colegio. Que no era eso, ni mucho menos, pero para que me entendáis. Tomé la decisión de que no quería seguir con él porque me estaba haciendo infeliz".

Una teoría, la de su cambio de actitud y obsesión, que compraron varios futbolistas, algunos trabajadores del Villarreal que hoy permanecen en la casa y hasta algún que otro periodista. Entre otras cosas, porque jamás pensarían que Marce iba a volver por Castellón, así que cualquier crítica a toro pasado suponía -equivocadamente- un riesgo cero. Los capitanes del equipo por aquel entonces, con Bruno y Musacchio a la cabeza, arroparon a su compañero. Y ahí se fue empezando a enrarecer el vestuario, cansado también de la persecución con la báscula y el control de las comidas.

Ese conato de incendio llegó a la directiva que, ya de paso, andaba algo ofuscada por las continuas exigencias de Marcelino. Estas, según varios protagonistas de aquellos careos, se centraban en su obcecación para que no vendieran a los jugadores más relevantes, para que reforzaran alguna que otra posición clave para continuar la escalada y no estancarse, o con detalles más nimios referentes al régimen interno de la plantilla. Marcelino, reforzado por el rendimiento deportivo, se vio por momentos con más poder del que le habían delegado y chocó de lleno con Fernando Roig hijo, director general del club, que ya estaba mosca con algunas decisiones del técnico que habrían traído cola, y que desembocaron por ejemplo en la salida de Gerard Moreno al Espanyol o en la cara y fallida llegada de N'Diaye.

Marcelino, en El Molinón, en el último partido de LaLiga 2015-16.
Marcelino, en El Molinón, en el último partido de LaLiga 2015-16.

Tensión en aumento

Después de aquellos primeros capítulos serios, el presidente se molestó más que nunca con la manera en la que Marcelino había encarado el tramo final de su última temporada completa de amarillo, la 2015-16. El Villarreal tenía que visitar El Molinón, donde el entrenador había sido jugador y entrenador, y ya no se jugaba nada con el cuarto puesto abrochado. Mientras, el rival estaba a medio camino entre lograr la permanencia y el descenso. Entonces fue cuando Marcelino, muy solicitado en los medios de comunicación durante la semana por sus orígenes, dejó caer en alguna que otra comparecencia que no podía esconder que le gustaría que el Sporting se salvara. Hasta ahí algo normal, pero...

Roig censuró la intensidad con la que el equipo trabajó esa semana (tres días libres), el planteamiento, la intensidad y hasta el once (Asenjo, Víctor Ruiz, Bruno, Bakambu y Soldado fueron suplentes). Aun así, como esto es fútbol y la derrota (2-0) entraba dentro de las probabilidades, no se le dio mucha más importancia. Sin embargo, la mujer del preparador de Careñes, Mar García Tuero, puso un mensaje tras el partido que incendió las redes: "Me voy de Asturias con el trabajo hecho. Os dejamos en Primera". Eso enfadó a LaLiga, tan vigilante y sensible con los apaños, desató la ira de los dos equipos descendidos (Rayo y Getafe), así como de algunos afectados como el presidente vallecano Martín-Presa. El dirigente rayista llegó a decir: "Marcelino es como el piloto loco de Lufthansa que estrelló el avión". Javier Tebas, presidente de LaLiga, también le atacó: "Yo soy del Madrid y mi mujer no pone un tuit diciendo que ya se ha hecho el trabajo". Un lío en toda regla que dejó algo dañada la imagen del Villarreal, siempre ejemplo de tantas cosas.

De mal en peor

Llegado el verano, pareció calmarse la cosa. Pero sólo lo pareció. Con el regreso al trabajo del Submarino surgieron los roces más serios debido, sobre todo, a la configuración de la plantilla. Roig hijo ya había autorizado hace dos años la venta de Gabriel Paulista al Arsenal y en este mercado pretendía hacer lo propio con Bailly al United pese a la oposición de Marcelino, al que la velocidad de los centrales le parece clave. En mitad de esos encontronazos, la relación con Musacchio se agrió. El central venía de una larga lesión el curso pasado, con la que Marcelino tuvo mimo y paciencia, pero decidió ir con Argentina y recayó, volviendo a la casilla de salida en su recuperación. Eso, unido que al mismo tiempo aireaba su poder en la caseta y lideraba todas las causas, como un verdadero sindicalista se atrinchera ante su patrón, acabó de hartar a Marcelino. Le retiró la capitanía y en el Teresa Herrera estuvieron a punto de llegar a las manos. El ambiente era tan tenso que el entrenador fue tajante: "Musacchio o yo". Y Roig, temeroso de repetir un ecosistema irrespirable como el que dio con el Villarreal en Segunda en 2012, cortó por lo sano y despidió al míster.

Marcelino, por un momento, pareció hasta aliviado. Le llovían las ofertas, casi había tocado techo con el Villarreal y, aunque era feliz y deseaba continuar, no vio mal del todo echarse un lado y coger aire antes de que empezara el curso, le despidieran y ya no pudiera entrenar hasta la siguiente temporada en España. Su distanciamiento con una parte del vestuario parecía insalvable. Se fue a casa, llegó a un acuerdo económico con el Villarreal, pues tenía contrato hasta junio de 2019 después de su última renovación (la segunda) por tres años, y en mayo de esa campaña ya había fichado por un grande como el Valencia con el que después hizo historia.

Pero lo más feo vino días después de su salida. Nada más llegar Fran Escribá como sustituto, Roig fue presentando a los nuevos fichajes para esa temporada con el ánimo de remontar el vuelo, ya que el Villarreal no logró acceder finalmente a la fase de grupos de la Champions, con las pérdidas que suponía, al caer en la eliminatoria clasificatoria. Y en una de las protocolarias ruedas de prensa, se desahogó. Sin dar excesivos detalles ni nombres concretos, confirmó en un principio algunos de los problemas con Marcelino que habían trascendido. "Se hicieron las cosas como no se debían y ante esta situación decidí tomar una decisión. Las cosas ya no funcionaban bien y los signos que había eran malos". Después, al recibir una llamada de Marcelino bastante enfadado, tuvo que recular y retractarse. "En mis declaraciones nunca dije que lo despidiera por el partido ante el Sporting. No pronuncié ni la palabra Gijón ni nada parecido. No hubo ningún arreglo, amaño ni nada parecido. Si hubiera tenido la mínima duda de él, al día siguiente habría estado en la calle. Lo que sí dije es que hubo cosas en el final de temporada y el inicio de la actual que no me gustaron. No fue el detonante final. Ocurrieron más cosas".

Marcelino García Toral, en septiembre de 2016, se defendió ante los medios de las acusaciones.
Marcelino García Toral, en septiembre de 2016, se defendió ante los medios de las acusaciones.

Marcelino, muy afectado porque se pusiera en tela de juicio su profesionalidad, y ya sin equipo, tiró del que fuera el director de comunicación del Racing que él llevó a la UEFA en la temporada 2007-08, Alberto Aparicio, para que convocara a los periodistas en un céntrico hotel de Madrid con el objetivo de poder argumentar su defensa. También hizo ronda por los diferentes periódicos y radios con sede en la capital de España para lavar su imagen a contrarreloj: "Ni estoy loco ni soy un asesino, mi profesión es ser entrenador de fútbol".

Aquello le marcó. A partir de ese momento, y con Marcelino ya volando con el Valencia -eterno rival del Villarreal-, la relación fue más fría que de costumbre con la directiva amarilla, pero la sangre no llegó al río. Sobre todo gracias a la experiencia de José Manuel Llaneza, sabio como pocos, que iba de un lado para otro como una celestina para templar los ánimos y acercar posturas entre dos hombres que se querían pero que habían discutido. Como si el malogrado vicepresidente supiera que el tiempo les podía reencontrar en cualquier momento. De hecho, en las visitas de Marcelino como visitante a La Cerámica hubo camaradería antes y después de los partidos, abrazos y alguna que otra conversación íntima. El asturiano jugó en Vila-real tres veces con el Valencia (una victoria, un empate y una derrota) y una más con el Athletic (empate). Pero fue otro hecho, el accidente de tráfico que sufrió Marcelino en la Navidad de 2017 y que casi le cuesta la vida viendo cómo quedó su coche, el que de verdad sirvió para que el entrenador sintiera el calor sincero de su antiguo jefe. Como cuando falleció recientemente su padre y volvió a recibir el cariño que un día le había faltado desde Castellón.

Una nueva relación

Desde ese momento, tanto Marcelino como Roig padre -que no el hijo-, siempre tuvieron una agradable palabra el uno hacia el otro. En público y en privado. Decidieron que todo lo bueno que habían vivido durante 44 meses juntos tenía que pesar más que lo malo. Así, los mensajes han sido constantes para desearse suerte o para regalar un "enhorabuena". El técnico envió más de un whatsapp cariñoso al presidente y otros trabajadores del club para celebrar los éxitos deportivos, como él mismo los recibió cuando le ganó la Copa del Rey con el Valencia al mismísimo Barça de Messi en el Benito Villamarín. El ejemplo y los consejos de Llaneza, sin duda, habían calado. Por eso, la noche que el alma mater del Villarreal levantó al cielo de Gdansk la Europa League ganando al todopoderoso Manchester United, ante la ausencia de Roig por Covid, Marcelino se emocionó como un niño.

Ahí, las relaciones ya estaban casi restablecidas del todo. Y si estas llegaron a acelerarse definitivamente fue por otros detalles que, aunque secundarios y curiosos, confirmaron que los malos rollos estaban olvidados para siempre. El más llamativo lo protagonizó el propio Marcelino, cuando decidió tirar de la cerámica de Pamesa, empresa de la que Roig es propietario, para poner guapa la nueva casa que se está haciendo en Gijón con vistas a la playa de San Lorenzo y a El Molinón. Fernando, empresario antes que presidente, lo agradeció por la complicidad y porque además la pandemia había pasado factura al negocio y era, más que otro ingreso puntual, un gesto de solidaridad. La relación estaba más que consolidada. Hasta que otra desgracia, la muerte de Llaneza, acabó por cerrar la herida.

El día del emotivo entierro, además de hablar de fútbol y de grandes anécdotas que habían vivido con Llaneza, se dejaron querer como nunca. Según varios testigos, hubo en concreto un abrazo muy muy sentido. Como si fumaran la pipa de la paz. Después, Marcelino fue invitado a la fiesta del Centenario, pero no pudo acudir por asuntos personales. No le importó. Sabía que la vuelta a casa estaba cantada. Su fichaje por el Marsella la retrasó, pero una vez libre, Roig no quería esperar a junio de 2024.

Marcelino y Fernando Roig Negueroles, este lunes, tras la firma del acuerdo.
Marcelino y Fernando Roig Negueroles, este lunes, tras la firma del acuerdo.

Hoy, hasta sus críticos, saben que el técnico es garantía de rendimiento inmediato. Por eso algunos están dispuestos a maquillar los dardos a sus estrictos métodos. El Villarreal se juega demasiado, así que el pacto es claro: borrón y cuenta nueva.