OPINIÓN

"No he visto al Athletic jugar así en mi vida. Y va 0-0, pero da igual"

Los jugadores rojiblancos celebran el gol de Unai Gómez ante Las Palmas./Athletic Club
Los jugadores rojiblancos celebran el gol de Unai Gómez ante Las Palmas. Athletic Club

Cuando llegó Marcelo Bielsa al Athletic Club, hace ya más de 10 años, en Bilbao hubo mucha división. Unas semanas después, tras la polémica forma en la que apartó a un grupo de jugadores importantes y sobre todo tras unos primeros resultados negativos, imperaba la sensación de que el Athletic no podía 'jugar a eso' y que incluso el puesto del argentino corría peligro. Un derbi ganado en Anoeta en octubre -aunque yo siempre pensé que el clic fue un triunfo ante el PSG en San Mamés cuatro días antes- inició una dinámica positiva que llegó hasta que se acabó la gasolina en abril, poco antes de disputar las finales de Copa del Rey y la Europa League.

El camino fue precioso. Inolvidable. Único. Que se lo digan a toda esa generación de jóvenes que nunca habían visto triunfar a los suyos en Europa y que cada jueves disfrutaron de unas tardes inolvidables en Pozas, calentando para lo que luego se viviría en el terreno de juego ante PSG, Salzburgo, Slovan Bratislava, Lokomotiv de Moscú, Manchester United, Schalke o Sporting de Portugal.

En las tardes frías, en las que la lluvia bilbaína de fuera no invitan a nada más que a perder el tiempo en el ordenador, mis manos acaban inevitablemente escribiendo 'Manchester United vs Athletic 2011-12' en Youtube. No sé cuántas veces lo habré hecho y creo que ya es algo automático; hay veces que incluso me sorprendo de volver a estar viendo ese resumen. El de Old Trafford. El partido que resume una temporada pero, sobre todo, una forma de afrontar la competición. El día en que Llorente, De Marcos y Muniain golearon al United de Ferguson, Giggs y Rooney con una ambición desmedida.

¿Qué hago yo recordando al Athletic de Bielsa en pleno 2024? En estas últimas semanas me han venido más recuerdos que nunca de aquel curso. No solo porque el equipo rojiblanco está cuajando una temporada histórica, con números de récord; once triunfos, casi una media de dos goles por encuentro, cuarto clasificado y con un San Mamés inexpugnable, también porque encuentro muchos paralelismos con la temporada más bonita de este siglo en Bilbao.

Por ejemplo, el mencionado triunfo ante el PSG o en Anoeta como punto de inflexión anímico para el grupo, algo que trasladado a este curso se asemeja a los triunfos ante Osasuna o frente al Betis en la segunda y tercera jornada. Una victoria para sacarse de un plumazo los complejos por las derrotas de la temporada pasada ante los navarros y unos días después otra remontando un 0-2 ante los andaluces para que este grupo de jugadores se convencieran a sí mismos de que tienen mucho nivel.

Los jugadores celebran el gol de Guruzeta ante el Betis que certificó la remontada. Athletic Club
Los jugadores celebran el gol de Guruzeta ante el Betis que certificó la remontada. Athletic Club

A la afición, quizá, le costó más quitarse la losa de las decepciones de los últimos años. Unas temporadas positivas si se tiene en cuenta que se disputaron dos finales de Copa y otras dos semifinales, pero que siempre se analizaron, como casi todo, por el amargo regusto final. Tuvo que golear este equipo a Cádiz, Almería, Villarreal, Celta o Rayo Vallecano (cuarto máximo goleador general y primero como local), competir como pocos ante Barça o Girona -solo han perdido tres partidos- y, sobre todo, apabullar al Atlético de Madrid. Ahí quería llegar. Si Osasuna fue el clic para el vestuario, la victoria ante los del Cholo Simeone fue el descorche de la ilusión en Bilbao.

Era el descanso y el marcador de 0-0, pero me salió escribir, casi de forma tan inconsciente como tecleo en busca del resumen de Old Trafford, un tuit representativo. "No he visto al Athletic jugar así en mi vida. Y va 0-0, pero da igual. Es una barbaridad". En San Mamés se respiraba ese miedo a perder lo que no habían sido capaces de ganar en el primer acto, pero también había confianza en su equipo. Cómo no iba a haberla si Nico volaba, si Ander Herrera era el de los años de Bielsa, si Beñat Prados estaba desatado en su segunda titularidad en Primera o si Oihan Sancet descosía la presión colchonera con cada uno de sus giros característicos.

El triunfo ante el Atlético de Madrid en San Mamés fue el más completo de los once conseguidos por los rojiblancos en esta primera vuelta histórica en cuanto a números

Una generación joven, con Unai Simón, Sancet y Nico como estandartes, como lo eran entonces Javi Martínez, Muniain, Herrera o Llorente; con canteranos como Vivian y Paredes cumpliendo como lo hizo en su día Aurtenetxe; o veteranos como De Marcos al estilo Iraola. Por no hablar de Iñaki. Qué temporada la de Iñaki Williams, que con permiso de Guruzeta -ambos son los goleadores con ocho tantos- se está convirtiendo en una referencia ofensiva al alcance de muy pocos delanteros de Primera División. Un club como el Athletic está obligado a vivir a rachas, a expensas de generaciones de canteranos, de camadas, y la que está cuajando es de mucho nivel, como lo fue aquella que brotó con Caparrós, enamoró con Bielsa y maduró con Txingurri.

Volviendo al juego, aquella tarde ante los colchoneros acabó por todo lo alto. Después de la primera parte en la que se les negó el gol vino otra gran segunda mitad -sigo manteniendo que la primera fue mejor, más allá de no marcar- con el gol de Guruzeta y la obra maestra de Nico Williams que hicieron explotar San Mamés como no recordaba. Solo unos días después, el gol en el descuento de Unai Gómez para ganar a Las Palmas demostró que La Catedral aún podía vibrar más. Y ahí, en esa conexión irracional entre la grada y el equipo, volví a pensar en Bielsa. 

Los jugadores rojiblancos agradecen el apoyo de la afición.Athletic Club

Que no hay un mejor Athletic en este siglo queda claro al comprobar que los 38 puntos sumados tras cerrar con victoria en el Pizjuán son un récord desde las ligas de los 80. También al ver al equipo en cuarta posición, con 10 puntos de margen sobre el Betis y seis de la Real. Las dudas sobre ello, si es que las hay, estarán en los intangibles. Y yo no creo haber visto jugar mejor al Athletic que ese día ante el Atlético, ni tampoco si conocí un conjunto rojiblanco más divertido y, sobre todo, he visto pocas veces un estado de euforia como el de esos últimos partidos en San Mamés.

Lo único que se le acerca, aunque sea injusto con un Valverde que clasificó al equipo a la Champions en 2013, a una final de Copa en 2015 y levantó una Supercopa poco después, es aquello de "A lo loco, a lo loco, a lo loco se vive mejor: ¡Bielsa!". Solo queda esperar que al equipo no se le acabe la gasolina como le sucedió al del técnico rosarino y, quién sabe, que aquella generación que disfrutó tanto en Pozas cada jueves tenga también sus recuerdos para toda la vida de lo que significa levantar un título.