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Los peores días de Míchel en el Rayo: "Me echaron a casa 15 días, iba a la deriva"

El entrenador del Girona ha sido el protagonista del pódcast 'Dile que baje, con Quique Peinado'.

Míchel celebra una victoria con el Girona./AFP
Míchel celebra una victoria con el Girona. AFP
Isabel Pacheco

Isabel Pacheco

El entrenador revelación de LaLiga, Míchel, ha sido el último protagonista del pódcast 'Dile que baje, con Quique Peinado'. Criado en el humilde barrio de Vallecas, su gran arranque de temporada con el Girona (los catalanes están empatados con el Real Madrid en la clasificación (48 puntos), han hecho que el madrileño se haya ganado el respeto y la admiración de todo el mundo del fútbol. "Mi madre flipa, pero lo que más ilusión le hace es que le digan 'tienes un hijo increíble como persona", cuenta. De familia frutera, antes de detenerse en el presente Míchel viaja hasta el pasado para recordar esa gran expectación que generó en Vallecas siendo un niño de sólo 13 años.

"Lo llevé muy mal y me costó mi sufrimiento", confiesa. "Entré con 13 años en el Rayo y con 17 estaba entrenando con Camacho en el primer equipo. Todo pasa tan rápido… Hay una información muy grande sobre mí que yo no la llevo bien (…) La prensa, lo que dicen de mí... Entras en una dimensión que un chico como yo, de barrio, no la asimiló bien. Me sorprendió mucho. Era un shock y eso es lo que me hace ir a la deriva", cuenta.

La calidad del joven futbolista despertó grandes esperanzas en el Rayo. Pero el problema, en un primer momento, estuvo en su comportamiento. "Tengo una anécdota con José Luis Martín, que fue mi entrenador y sigue estando en el Rayo, donde él me echa 15 días a casa porque yo pensaba que era la estrella. Era muy rebelde. Con 16 años a veces faltaba el respeto bastante y la liaba. Después llegar al primer equipo y ver una situación donde hay mucho foco puesto en ti… me supera", señala.

La frustración por no jugar y su ayuda a la familia

La consolidación de Míchel en el primer equipo franjirrojo tampoco resultó sencilla. "Vengo del Mundial sub-18, entreno con David Vidal en la pretemporada y las expectativas son de jugar, y no juego. Ahí lo pasé mal. Estuve dos temporadas bastante jorobado. No me saben ayudar en casa, pero sí que sigo siendo Miguel en casa y Miguel con los amigos. Como no iba convocado, el sábado por la tarde salía con mis colegas. Era un poco 'vale, está el fútbol, pero está tu vida'. Eso me ayudó bastante".

'¿Por qué no juegas?', me decían en casa. No lo sé. 'Pero, ¿Qué haces mal? Pues sigue trabajando'. Ellos no saben ayudarte. Yo no tenía representante. Mi primer representante fue de 18 para 19, Moli, que fue como mi segundo padre. Hasta esa época era yo con el balón y si no me dejan hacer lo que hago es porque todos están equivocados. Entras en un problema donde la solución por ti mismo es difícil conseguirla. Ahora soy mejor persona gracias a esas cosas que he vivido", reflexiona.

"El fútbol me ha enseñado a conseguir todo lo que quieres, aunque te parezca mentira"

Míchel Entrenador del Girona

Muy familiar, sus hermanos tuvieron que ponerse a trabajar para ayudar a la familia. Él, por suerte, pudo seguir con el fútbol. "En mis primeros cinco años en el fútbol profesional, ese dinero fue para la familia. Firmo tres años con esas cantidades (cinco, siete y nueve millones de pesetas). Al terminar el primer año me quiere el Castilla y el Rayo me dice que no y yo no me quería ir. Ahí el Rayo me mejora el contrato y el segundo año empiezo a cobrar ocho, 10 y 16 millones de pesetas. Después del segundo año, mejoro el contrato. Ahí me compré mi casa de las Rozas, un ático, pero sigo viviendo en Vallecas. Esos cinco años, el dinero que entra en mi casa va a la cuenta de mi madre. De ahí tiran porque la frutería empieza a decaer. La reforma de la casa, el día a día … Lo veo como algo natural", recuerda.

El mensaje en el vestuario

Afrontando su tercera temporada al frente del banquillo del Girona, los malos resultados que propiciaron su destitución en el Rayo y en el Huesca nunca le hicieron dudar de su gran pasión: el balón. "Dejo de ser futbolista en junio y en julio estoy trabajando de director de metodología en el Rayo. Ganaba muy poco, pero ganas dinero para que la familia siguiera igual. Cuando me echan del Rayo es un parón de cuatros meses y me llama el Huesca. Cuando me echan del Huesca son seis meses y me llama el Girona. Nunca he tenido un plan b. No hay una sensación que diga ' no voy a poder trabajar en lo que me gusta'. Toda mi vida me he movido con ese convencimiento de que las cosas van a salir bien".

Con un fútbol vistoso y despertando la ilusión de toda una ciudad que sueña con ver al Girona entre los grandes del fútbol europeo la próxima temporada, los valores que adquirió Míchel siendo un niño en las calles de Vallecas siempre le han acompañado en todos los vestuarios por los que ha desfilado.

"Es un mensaje real, un mensaje de vida y un mensaje que no engaña. A los jugadores, al principio de todo, les hablo siempre de cultura deportiva. Hay gente que no me lo ha comprado (el mensaje), pero ven que no freno en eso. Voy a vivir con ellos desde una idea colectiva que es el fútbol y desde algo que considero que es vital. No digo ser grandes personas, pero sí tener muy claro los valores deportivos que yo siento para un equipo. Eso lo tienen que tener clarísimo. Los transmito constantemente. Lo de la cultura deportiva, la capacidad de adaptación al compañero, que es a la persona que no tienes que engañar, lo del respeto…", apunta.

Y para ello Míchel utiliza el mismo ejemplo. "Siempre les pongo una pirámide. En una empresa está el CEO, los trabajadores… Siempre les digo que nosotros somos un círculo. En mi vida voy a estar en una empresa piramidal. Mis puertas están abiertas, siempre. No estoy por encima de los jugadores. Ahora, vosotros no penséis que vais a entrar por mi puerta y no os llevéis una hostia de lo que os voy a decir. Tú me vas a decir lo que no te gusta de mí, pero yo te voy a decir lo que no me gusta de ti porque somos iguales. Estas no diferencias, ellos las cogen muy bien. Muchos no y en algún momento te dicen '¿por qué me dices esto?'. Coño, porque tú me has preguntado y te digo lo que pienso en ese momento. 'Esto no lo estás haciendo bien y por esto no juegas'. Siempre hay una discusión, pero siempre desde el circulo y si tú estás dentro de él siempre voy a ir a apoyarte. Hay veces que el círculo se empieza a abollar. Se puede abollar mucho, pero como se rompa vuelvo a cerrarlo y te quedas fuera. Me pasó en el Rayo, me pasó en el Huesca y me pasó en el Girona. Llega un momento que ves que no va a haber un diálogo - solución. Hay una ruptura y ahí sí que les digo somos iguales, pero el poder de decisión es mío. El que decide soy yo y si estoy viendo que hay una cosa mala para el equipo y tú ya te has salido del círculo, ya no hay vuelta atrás tío, ya estás fuera".

Su salida del Rayo

Feliz por todo lo que está consiguiendo, Míchel es de la creencia de que en la vida se pueda conseguir todo lo que uno se proponga. "El fútbol me ha enseñado que puedes conseguir todo lo que quieres, aunque te parezca mentira. Que los sueños se cumplen y que no te puedes sentir más pequeño que nadie. Eso en el barrio también te lo enseñan. En Vallecas somos muy reivindicativos. Yo no me conformo. El fútbol me ha enseñado que hay rivales que son muy grandes, pero que en algún momento se les puede meter mano".

Con los mismos puntos que el Madrid, de momento ha conseguido 'meter mano' situándose a siete del Barça y a diez del Atlético con su Girona. Su despido como entrenador del Rayo hace unos temporadas, "hizo mucho daño en la familia", fue sólo el comienzo de todo lo que estaba por venir. "Lo que no me habría perdonado es tener un enfrentamiento con la afición (del Rayo) que más quiero. Pasar página y salir de ahí me hizo muy bien". Su madre, por el momento, que continúe flipando.