ENTREVISTA

Miguel de las Cuevas cierra el círculo con el tuit que le ha acompañado toda su carrera: "Antón Meana me dijo que le perdonara si me molestó"

El alicantino, que acaba de colgar las botas, repasa su trayectoria en Relevo. "Ahora quiero valorar el tiempo".

Miguel de las Cuevas. /Salvador Fenoll
Miguel de las Cuevas. Salvador Fenoll
Isabel Pacheco

Isabel Pacheco

Charlar con Miguel de las Cuevas (Alicante, 1986) es hacerlo con un tipo humilde que jamás ha borrado de su memoria aquellos años de juvenil en el Hércules en los que, cuando subía a entrenar con el primer equipo, tenía que cambiarse en un vestuario distinto al del resto y limpiar, por petición del utillero, las botas de los mayores. "Esas cosas te hacen valorar más la profesión. Respetas mucho más al veterano, al compañero. Todo eso se va perdiendo y es una pena", cuenta el alicantino, que acude a la redacción de Relevo acompañado de su inseparable agente, Pepe Mesas, y de su hermano, Carlos.

Quien en 2011 pusiera patas arriba el Santiago Bernabéu con un gol al Real Madrid que le daría el triunfo al Sporting y que provacaría un tuit días después del periodista Antón Meana que ya es historia, ("no cambio a Luca Modric por Miguel de las Cuevas ni de coña...), acaba de colgar las botas. "No me he las he puesto desde el último partido que jugué con el Orihuela en junio", confiesa al que ya hay que llamar exfutbolista y que ahora prefiere matar el gusanillo con partidas de padel con los amigos.

A sus 38 años y convencido de que la grave lesión que sufrió siendo un chaval de 20 años en el Atlético de Madrid le hizo poner los pies en el suelo. "Llego a Madrid, me compro un coche, me compro un piso, probablemente más costoso de lo que me podía permitir. Ahí te das cuenta de que el fútbol también se acaba". De las Cuevas ahora solo piensa en disfrutar del tiempo y disfrutar de las sobremesas con los suyos.

En esta primera parte de la entrevista hablaremos del pasado, sin olvidar el presente y reservaremos el nombre de Manolo Preciado, que merece mención aparte, para la siguiente entrega.

Me comentabas que no has vuelto a ponerte las botas desde ese último partido con la camiseta del Orihuela a principios de junio.

No, no me las he puesto. De hecho, las tengo en una bolsa que me dio el utillero y aún no me ha entrado el gusanillo de ponérmelas porque lo tengo reciente y estoy jugando al pádel, que para mí es más cómodo porque al final es difícil encontrar a once amigos que quieran jugar al fútbol.

Cuando uno toma la decisión de retirarse, ¿es tambien por que ya le cuesta ponerse las botas?

Terminé de una manera que no me gustó, perdiendo el último partido que nos daba el ascenso a Primera RFEF. Tengo un poco esa espinita de haberme retirado de esa manera. Pero bueno, tenía claro que ya quería empezar a pasar más tiempo con mis hijos, con mi familia. Después de tantos años ya me iba quemando más eso de las concentraciones, los viajes... Por suerte terminé la temporada sin ninguna lesión y es bonito decidir cuándo te quieres retirar sin que tengas una lesión o algo que te lo impida.

Contigo, ¿el fútbol ha sido más justo o más injusto?

El fútbol siempre te pone en tu sitio. Como dice la gente, el verde no engaña. Hay momentos muy duros, momentos que no son tan fáciles como la gente piensa. Creo que me lo he ganado. Cuando he estado mal, he sabido sobreponerme y cuando he estado arriba, que es lo más difícil, he sabido mantenerme.

Miguel de las Cuevas y la anécdota cuando era juvenil del Hércules. Salvador Fenoll

En tus inicios en el Hércules, ¿es cierto que cuando eras juvenil y subías a entrenar con el primer equipo tenías que cambiarte en otro vestuario?

Sí, eran cosas que ahora serían impensables. Ahora dices eso, como está la sociedad hoy en día, y parece que te están haciendo bullying o algo de eso. Es más, me acuerdo que ni siquiera te avisaban para ir a entrenar. Yo tenía la puerta del vestuario entreabierta y cuando escuchaba el ruido de los tacos me asomaba e iba detrás de ellos porque si no te podías quedar ahí. Esas cosas te hacen valorar más la profesión. Respetas mucho más al veterano, al compañero. Todo eso se va perdiendo y es una pena.

El utillero también os ponía a limpiar las botas de los jugadores del primer equipo.

Nos mandaba a los juveniles a que le ayudásemos a limpiar y él era el que mandaba. Eso era así. Tenías que sacarle brillo a las botas porque se las tenía que poner la estrella, y ese jugador tenía que tener las botas limpias para salir.

Ahora sería impensable ver una imagen así con jugadores como Lamine Yamal o Pau Cubarsí.

Así es. Eso te genera unos valores y unas raíces desde el principio. Ahora es otra cultura, que tampoco está mal, en la que te ayudan mucho desde el principio y antes te lo tenías que ganar tú. Que el veterano se acercara a ti a darte un consejo siendo tan joven era complicado. Ahora los chavales lo tienen más fácil porque todos se involucran mucho más, incluso el entrenador, que habla más con los jóvenes. Antes no. Antes era todo un poco más supervivencia. Si aguantabas eso, sí que podías llegar hasta arriba.

"Los primeros días de entrenamiento con el Atleti llamé a mi padre y le dije: 'este ritmo no lo aguanto".

Miguel de las Cuevas Exjugador

¿Se te subió a la cabeza pasar de jugar en el Hércules al Atlético de Madrid con solo 20 años?

Fue un cambio radical. Yo jugaba en Segunda. Me vino todo muy rápido porque con 18 años ascendí con el Hércules de Segunda B a Segunda. Cuando estás en el fútbol profesional piensas que es todo parecido, pero cuando ya das el salto al Atlético de Madrid... Cambiarte con Fernando Torres, con Antonio López, con el 'Kun' Agüero. Te cambia un poco la mentalidad, aunque es cierto que luego te acostumbras. Al principio sí que me acuerdo que llamé un día a mi padre y a Pepe, mi representate, y les dije: 'yo este ritmo no lo aguanto. El balón va muy deprisa, yo aquí no puedo jugar, esto es otro nivel'. Pero poco a poco te vas contagiando a ese ritmo y se me dio bien.

Miguel de las Cuevas y la enseñanza de su grave lesión en el Atlético de Madrid. Salvador Fenoll

¿Cómo llevaste el verte rodeado de tanta estrella?

Es difícil mantenerte con los pies en el suelo porque te vas a Madrid, la capital, todo es muy grande, vas a los restaurantes, te invitan a comer, te invitan a cenar, vas a cualquier acto, te regalan un móvil... Es complicado mantener los pies en el suelo, pero tuve una lesión importante que me hizo, para lo bueno y para lo malo, espabilar y valorar que el fútbol también se acaba. La lesión me puso más los pies en el suelo.

¿Por qué dices que la lesión te puso los pies en el suelo?

Porque llego a Madrid, me compro un coche, me compro un piso, probablemente más costoso del dinero que me podía permitir. Caigo lesionado, una lesión de gravedad (estuvo 500 días fuera de los terrenos de juego) y digo: 'Ostras, que no puedo pagar el piso y apenas el coche'. Eso te hace poner los pies en el suelo. De esforzarte más, de dar un poco más de ti. Es jodido lesionarte, sobre todo cuando eres tan joven, pero a veces te da un toque de atención para valorar realmente lo que tienes.

¿Crees que la lesión te ayudó más de lo que te perjudicó?

Mentalmente me ayudó. Me hizo mucho más fuerte. Mucha gente me lo dice, que qué hubiera sido de mí si no hubiera tenido esa lesión. Pero gracias a Dios me quedó bien. Tengo la suerte de que me pasó en el Atlético de Madrid, que me pusieron todos los medios. Me operaron tres o cuatro veces. No me ponían pegas de ningún lado. Me pasa lo mismo en un equipo más humilde y posiblemente no me habría recuperado igual. Es mala suerte, sí, pero a lo mejor es buena porque me ha tocado en este club. Mi familia también me apoyó mucho. Siempre me han dado buenos consejos. Hay veces que tienes que dejarte escuchar, porque a veces estás solo y es fácil tirar la toalla. A mí me ha pasado y como no tengas gente a tu alrededor que te levante…

Javier Aguirre era tu entrenador en aquel momento. ¿Cómo se portó?

Era muy joven, fue una entrada muy dura y justo una semana antes de empezar la temporada. Pienso que hubiera salido de inicio en su primer once de la temporada o eso me dijeron. Mi lesión fue un palo para todo el mundo. Para mí, para el míster, para el club… Él me decía: 'Miguel, recupérate aquí,' porque siempre tenía alguna opción de salir en diciembre. Yo pensaba que estaba bien, pero no estaba bien del todo y Aguirre me decía que no me fuera y que aprovechara que estaba allí. Le estoy muy agradecido a él, a los médicos. Cuando dicen que el Atlético de Madrid es un club especial es por cosas como esta. Que cuidaran tanto a un chaval joven, que venía de Alicante, cuando ellos podían firmar a cualquier jugador...

Te recuperas, incluso juegas la Champions, pero después te marchaste al Sporting. ¿Qué ha significado el club asturiano en tu carrera?

El sitio donde me asenté como jugador de Primera División. Al final venía del Atlético, donde jugaba ratitos y donde no acabé de ganarme nunca el puesto. En el Sporting tuve la suerte de coincidir con Manolo Preciado y me dio una confianza brutal. Me asenté como jugador. En tres años jugué 100 partidos. Lo jugué todo, no me perdí nada y fue una de las mejores experiencias de mi carrera.

"El año del descenso con el Sporting lo pasé muy mal. Era joven y me tiré casi todo el año metido en casa".

Miguel de las Cuevas Exjugador

¿Cómo fue el cambio de Madrid a Gijón?

La afición sportinguista es como jugar en el Madrid. Te conocen en todos los sitios y para ellos eres un poco la imagen de la ciudad. Te sientes muy querido. Es un club que por circunstancias está en Segunda División, pero que debería estar en Primera por todo lo que lleva detrás, todo lo que mueve, periodistas, masa social, afición... Allí todos los niños van con su camiseta del Sporting. Ellos son del Sporting, no son del Barça ni del Madrid. Es una cultura súper bonita. Me sentí como en casa. Recuerdo que en esa pretemporada no metí ni un gol. Los primeros cinco partidos de liga tampoco y emocionalmente estaba mal. Un día me cogió Manolo (Preciado) y me dijo que no me preocupara, que mientras siguiera haciendo lo que él me pedía los goles ya llegarían y que con él iba a seguir jugando. Que eso te lo diga un entrenador cuando acabas de llegar… A mí me dio muchísima confianza.

En el Sporting viviste también uno de los momentos álgidos de tu carrera, tu gol al Real Madrid en el Santiago Bernabéu que supuso el triunfo sportinguista la temporada 10-11. ¿Cuántas veces has visto el gol?

Muchas, y ahora que estoy retirado, más. Mis hijos me lo ponen, sus amigos... Para mí fue uno de los momentos más felices de mi carrera. Me acuerdo que tuve llamadas de Colombia y de Estados Unidos. Por las noches tenía que poner el móvil en silencio porque sonaba cada dos por tres. Rompimos el récord de Mourinho y por ahí venían las llamadas de tantos sitios.

Miguel de las Cuevas y el tuit de Antón Meana. Salvador Fenoll

Cuando acabó el partido, Mourinho fue al vestuario a felicitaros.

Al primero que felicitó fue a Manolo. Ahí también demostró su deportividad y su nobleza después de todo lo que se habían dicho días antes. A nosotros nos dio la enhorabuena y a Manolo le dio un abrazo y la mano. Nunca vi a otro entrenador hacer aquello. Esos detalles te marcan.

«No cambio a Luka Modric por Miguel de las Cuevas ni de coña...» ¿Cuánto te ha perseguido ese tuit del periodista Antón Meana?

Con Meana me he cruzado muchas veces, siempre nos lo hemos tomando a cachondeo. El otro día, cuando anuncié ya mi retirada, sí que tuve una conversación con él y me dijo: 'perdóname si te ha molestado'. Yo le dije que en absoluto, para mí es un halago que te comparen con Modric. Si me hubiese comparado con otro jugador pues igual sí me habría enfadado (risas). Modric es una leyenda y el tuit seguirá saliendo hasta que se retire. El es más sportinguista que ninguno y el corazón le tiró.

Muy buenos recuerdos, pero en el Sporting también lo pasaste muy mal el año que el equipo desciende a Segunda el curso 11-12.

Lo pasé fatal. Ahora, con más tiempo, lo hubiera llevado de otra manera, pero ahí era muy joven. En el Sporting siempre me habían ido las cosas muy bien. Había sido muy querido, era el jugador que le había hecho un gol al Madrid, el futbolista de moda, pero ese año las cosas no salían. Gijón es una ciudad increíble. Lo que pasa es que cuando van las cosas bien eres una estrella y cuando van mal tienes que tener la capacidad de soportar que vayas a un restaurante y te echen fotos sin que tú te des cuenta o ir a hacer la compra y que te digan cosas. Eso me afectó porque no estaba preparado. Era joven y me tiré casi todo el año metido en casa. En diciembre tuve que salir del club.

De las Cuevas y lo mal que lo pasó la temporada del descenso del Sporting. Salvador Fenoll

¿Quién o quienes te ayudaron a manejar esa situación?

Me apoyé en mi mujer y en mi agente. El club también me entendía. Sabíamos que el ciclo había terminado. Yo ese año no lo terminé bien. Tuve problemas de pubis, echaron a Manolo. Fue un descenso complicado y te apoyas en tu gente y en tus amigos. Desde mi estancia en Atlético Madrid siempre he trabajado con un coach. Después de la grave lesión, el club me puso un psicólogo y empecé a trabajar con él. Luego a través de la universidad, porque en Madrid estuve estudiando, conocí a Diego, que ha sido mi coach hasta hace muy poco. Me ayudó mucho mentalmente.

"En Córdoba el fútbol pasó a un segundo plano"

Miguel de las Cuevas Exjugador

¿Te dio pena marcharte así del Sporting?

Me dio pena porque me hubiese gustado que hubiera sido con el equipo en Primera. Había firmado un contrato largo y me hubiese gustado cumplirlo. Pero al final el club recibió un buen dinero por mi traspasado a Osasuna. He vuelto a jugar en el Molinón y siempre me han recibido de manera increíble y es un club al que le tengo mucho cariño. Pronto iré a ver algún partido desde la grada y llevaré a mis hijos, que aún no conocen el estadio.

De ahí te fuiste a Osasuna y allí también viviste dos descensos. ¿Lo llevaste igual que el del Sporting?

Lo llevé mucho mejor. Como dicen, con palos se aprende. Siempre era un obseso del fútbol, siempre vivía para ello y cuando te lo tomas todo tan a pecho, pues te cuesta. Eso es lo que me pasó en Gijón. Aprendí de aquello y en Pamplona, aunque estaba muy dolido, yo solo pensaba en la siguiente temporada y en intentar devolver al club a Primera. Recuerdo que en el partido que certificó nuestro descenso estábamos en el vestuario con gente por allí llorando y echa polvo y salimos de nuevo al campo porque la gente no paraba de aplaudir. El delegado nos dijo: 'chavales, salid al campo que os están esperando. A dar la cara'. Pensábamos que iba a ser una pitada histórica, y al revés, nos aplaudieron y esas son las cosas que hacen que este estadio y esta afición sean especiales.

Cuando Osasuna desciende (13-14), en invierno de 2015 te marchaste al Spezia de la Serie A y allí viviste otro duro episodio en el que tuvieron que operarte del corazón.

Desde pequeño siempre he padecido de jaqueca. Siempre me daba una vez cada seis meses o una vez al año. Me tomaba una pastilla, me iba a dormir y el día siguiente estaba bien. Me acuerdo que ese verano, en vez de un día, la jaqueca me dio tres o cuatro veces y era más habitual que de costumbre. Cuando llegué a Italia para hacer la pretemporada, se lo cuento al doctor del equipo. Empiezan a hacerme pruebas rutinarias y pruebas un poco más específicas que en España nunca me habían hecho. Recuerdo que fui a un neurólogo y me dijo: 'Miguel, estás bien, pero te tenemos que operar del corazón'. Imagínate mi cara. Yo estaba allí solo. Le dije al doctor: 'No es el corazón, es la cabeza lo que me molesta', por si no me había entendido. Mi italiano era como el de Joaquín el del Betis (risas). Me dijo: 'te tienes que operar del corazón'. Enseguida hablé con el doctor del Spezia, que estaba conmigo, y me dijo que no me preocupase, que era una cosa súper sencilla pero que había que operarla. Yo tenía un foramen oval que es que, cuando tú naces, tienes como un pequeño agujero en el corazón. No pasa nada, es algo que tiene mucha gente, pero al ser deportista de élite lo suyo es taparlo. Cassano tuvo un episodio parecido. Le llegó a dar un ictus jugando y era más o menos lo que tenía yo. Me operó el mismo doctor que a él. En el corazón hay un montón de operaciones y la mía duró solo cinco minutos. En tres meses estaba jugando otra vez, pero me tuve que venir a España porque el protocolo en Italia para volver a jugar eran ocho meses y aquí podías volver en tres. Por eso me volví a Osasuna en el mercado de invierno.

Tres años más en Osasuna, de ahí te ficha el Córdoba y vives la otra cara del fútbol. Impagos, detenciones....

Allí viví la otra cara del fútbol, sí. El problema de los impagos, compañeros que no tenían dinero… Hubo lío con el anterior presidente. Vino la policía, hicieron unos registros y no dejaban salir a nadie de la ciudad deportiva. Había gente llorando y aquello parecía una película porque vinieron por lo menos 50 coches de policía. Fue un momento complicado. Jugadores que no tenían para comer. Los veteranos tuvimos que juntarnos para ayudarles y la AFE también nos mostró su apoyo. Fue una situación complicada porque el fútbol ahí pasa a un segundo plano. No estás concentrado y por eso es muy difícil que un equipo se mantenga arriba cuando las cosas van mal. A nosotros nos pasó factura. Muchos días no sabíamos en qué campo íbamos a entrenar. El césped no estaba en condiciones porque los jardineros no cobraban. Nos llevaban a otro sitio para que entrenáramos y cuando lleggábamos estaban allí practicando otro deporte.

"No tengo camisetas de Messi ni de Cristiano. Me daba apuro pedirles la camiseta"

Miguel de las Cuevas

Los futbolistas no vivís ajenos a este tipo de problemas.

Por supuesto. Incluso nos puede afectar un poco más porque nosotros tenemos a mucha gente a nuestro cargo. Yo en mi caso tengo a mis hijos, a mi mujer, mis padres, que gracias a Dios tenían su trabajo, pero había gente que su padre no trabajaba y que lo tenían que mantener, o que su hermano estaba enfermo y había que ayudarle. Cuando empiezas a ver que ya no te llega para comer estás desesperado y eso es un poco lo que ocurrió en ese vestuario.

En 2023 te vuelves a casa para jugar en el Orihuela. ¿Sentías que tenías que retirarte allí?

Mi madre nació en Orihuela. Es de Callosa y le así hacía ilusión que terminara allí mi carrera. A mí se me conoce por el apellido de mi padre y quería tener un guiño con mi madre. Me salió la oportunidad y no me lo pensé. Un club con historia, que tiene afición, un campo que todos los domingos está lleno. Fue una bonita temporada y te lo tomas de otra manera porque ya viene a verte tu gente más cercana. Vienen tus tíos, tus primos, amigos del colegio de mi hija… La única pena es que no pudimos ascender a Primera RFEF.

Y de ese vestuario tan humilde, ¿qué enseñanzas sacaste que no aprendieras en otros clubes en los que has estado?

La profesionalidad que tienen los jugadores. Tenía compañeros que entrenaban por la mañana y trabajaban por la tarde. Eran súper profesionales y se llevaban su comida al vestuario. Se cuidaban mucho. Tenían a su nutricionista, que se pagaban ellos, y ahí dices: 'ostia, a esta gente le cuesta casi el dinero jugar al fútbol y yo siempre he sido un privilegiado'. Siempre he dicho que el futbolista es futbolista en Primera, en Segunda o en cualquier categoría. No por llegar a ser jugador de élite eres más jugador que uno de Tercera.

Ahora que tendrás más tiempo, te pondrás a ordenar todas las camisetas que has ido coleccionando de rivales.

Estoy haciendo una especie de museo en casa y casi no me caben porque tengo infinitas. No tengo ni de Messi ni de Cristiano porque me da un poco de apuro pedirles la camiseta. Casi siempre he tenido las del lateral derecho que me marcadaba durante el partido. Tengo también la de Iniesta, que es mi ídolo, la de Xavi, la de Cafú, la de Silva, Valerón… Pero de todas esas las que me hacen más ilusión son las que tengo de amigos.

Y ahora, ¿qué te gustaría hacer?

Voy a permitir el lujo de estar un año pensando y viendo fútbol, sobre todo a los equipos donde he jugado que son a los que más cariño le tengo. No tengo nada en mente porque quiero pensar bien qué hago. Siempre me gusta hacer las cosas bien. Ahora voy a dedicarme a ejercer un poco de padre, de marido, de hermano, de amigo, de hacer viajes y de valorar el tiempo. Eso es algo que nos ha faltado siempre a los futbolistas, el valor del tiempo. Siempre lo hemos tenido todo muy planificado. A las nueve desayuno, después el almuerzo, las charlas prepartidos, siestas. El hecho de poder saltarte esa rutina es algo que ahora valoro mucho. Hacer una cena con tus amigos y no tener hora para acostarte y levantarte al día siguiente. O ir a una boda.

¿Descartas dedicarte al mundo de los banquillos?

Volveré a hacer algo relacionado con el fútbol porque es lo que se me da bien y lo que me apasiona. La gente que me conoce me lo dice: 'tarde o temprano se te van a despertar otra vez las ganas de competir porque eso lo llevamos dentro'. Muchos me dicen que ahora estoy muy bien, pero que, tarde o temprano, lo voy a echar en falta.