FC BARCELONA

La ola de Montjuïc con 2-2 que refleja la disparatada temporada del Barça

La grada, repleta de turistas que desafiaron la lluvia, celebró cuando el partido ante el Valencia no estaba resuelto.

Gündogan, con el balón en juego en el Barcelona-Valencia. /FC Barcelona
Gündogan, con el balón en juego en el Barcelona-Valencia. FC Barcelona
Alberto Martínez

Alberto Martínez

A falta de 15 minutos para el final del partido, el Barcelona buscaba el 3-2 ante un Valencia que se defendía con diez jugadores como gato panza arriba con las uñas largas, porque Diego López había tenido una acción concluyente que desbarató Pedri cuando el canterano ché estaba a punto de armar la pierna derecha. Poco después, con empate y desesperación, la grada de Montjuïc, en la peor entrada de la temporada debido a la lluvia y a que LaLiga movió el partido a la noche del lunes, los 30.167 espectadores empezaron a hacer la ola.

Al Barça no le valía el empate para amarrar la segunda plaza que no solo otorga el subcampeonato sino la Supercopa de España, pero el estadio lo celebró ajeno al momento, una escena (que no es nueva) más propia de un concurso que de un partido donde hay en juego puntos y dinero. Una secuencia que refleja el surrealista momento del Barça, carente de ese pulmón, sin masa crítica cada 15 días.

Todo lo que rodeó el traslado azulgrana al Estadi Olímpic fue bizarro, desde los precios de los abonos hasta la poco ruidosa campaña comercial, siempre con el anuncio de la obra del Camp Nou como escaparate futuro. Apenas se alcanzaron los 18.000 abonados, por lo que la afluencia a Montjuïc, con capacidad para 52.000, se iba a basar en la venta de entradas a turistas. Y eso ha provocado momentos delirantes en la grada, uno de ellos el que se vivió en este lunes de barro, aguas y goles, envuelto en esa ola que pone fin a unos días trascendentales para el Barcelona.

Después de perder ante el PSG y en el Santiago Bernabéu, derrotas que metían la Liga y la Champions en el mismo cajón que la Copa del Rey y la Supercopa y certifican el año en blanco azulgrana, Xavi dio marcha atrás en su decisión de irse del Barcelona, que anunció el 27 de enero, por lo que en una semana de reuniones televisadas certificó que cumpliría su contrato hasta 2025. Un Joan Laporta emocionado no pudo reprimir las lágrimas en la conferencia de prensa del jueves, en la que ambos se expresaron sin titubeos sobre el cambio de rumbo que ha dado el banquillo del Barcelona.

La «ilusión» de Yuste y Deco mientras se mira las finanzas

Tanto Rafa Yuste, vicepresidente deportivo, como Deco, director deportivo, hablaron en la previa y durante el partido ante el Valencia de la "ilusión" que genera este proyecto que aún está por "construir", aunque la puesta en escena del Barça haya sido discontinua esta temporada y vulnerable en los grandes partidos del curso. Para poder dar forma y mejorar la plantilla es necesario que el Barça consiga al menos 100 millones de euros para poder cuadrar sus cuentas y volver a la regla del 1 a 1.

En el aspecto económico también el club tiende a ese surrealismo imperante, a golpe de improvisación. La venta de Barça Vision debía ser la salvación, pero los impagos de Libero (40+60 millones) meten al club en una situación de colapso financiero. Desde diciembre, la entidad se muestra optimista y anuncia reuniones clave con inversores que de momento no han fraguado, como tampoco el futuro acuerdo con Nike después de echarle un pulso e incluso querer romper unilateralmente el contrato. Todo ello para toparse con la justicia, que le dio la razón a la marca estadounidense.

El límite salarial azulgrana, incluso, también llegó a descender este curso, que pasó de 270 millones a 204, muy por debajo de la realidad de la plantilla, algo que estaba previsto por los contratos que se rescindieron anteriormente. Por este y otros motivos del balance, el Barça parece abocado a vender alguna pieza importante antes del 30 de junio si no logra otras operaciones extra.

Un año surrealista que se refleja en una ola en un momento inoportuno, como también lo es la ausencia de títulos y de ingresos, la única senda ahora mismo que puede recuperar la cordura, o al menos conceder los recursos para ello, en la entidad de Joan Laporta.