Cuando las gradas que ovacionan a Lamine sirvieron como tendederos para los refugiados de la Guerra Civil
Una exposición del club en la tienda de Sagrada Família recuerda un pasado oscuro que no se puede olvidar.

Las gradas donde hoy animan los culers se utilizaban como tendederos. El césped donde brillan niños como Lamine o Cubarsí era el patio de juego para los de la época. Sobre el verde, o lo quedaba de este, se hacían clases de educación física. Debajo de las gradas del gol del reloj, el de la llama olímpica, donde hoy se sitúa la grada de animación, había cientos de camas, dormitorios improvisados. Al lado, la enfermería. Y donde hoy directivos y VIP comen y beben antes y después del partido, miles de refugiados se alimentaban. "Las mujeres están tristes, pero los niños, a gusto y emocionados, están animados y hablan con nosotros", relataba el Illustrated London News en 1936.
Hasta marzo de 1937, por el ahora denominado Estadi Lluís Companys llegaron a pasar 21.000 refugiados. El Barcelona, para que aquella época oscura no caiga en el olvido, ha instalado una exposición temporal en su tienda delante de la Sagrada Familia. De los cientos de turistas que entran en la tienda, algunos de ellos, los más curiosos, suben al segundo piso donde el club y su fundación han decidido rescatar un pedazo de historia de la actual casa blaugrana. En sus paredes se cuenta que el Barça es un equipo comprometido con los refugiados -lleva ACNUR en la camiseta por segunda temporada consecutiva- y viaja al pasado para recordar que Montjuïc fue casa para miles de desplazados.
En su inauguración, en 1929, el estadio tenía capacidad para 70.000 espectadores y peleó con la Berlín nazi para albergar los Juegos Olímpicos de 1936. Entre los actos inaugurales se jugó un partido de la selección catalana contra el Bolton (Josep Samitier anotó el primer gol en el estadio) o un encuentro del Barcelona. Al no poder albergar los JJOO en 1936, prepararon unas Olimpiadas Populares previstas para empezar el 19 de julio. Justo el día antes empezaba la Guerra Civil.
El estadio fue una pequeña ciudad para cientos de refugiados
Más de 20.000 desplazados pasaron en algún momento por el estadio, que entre otoño de 1936 y primavera de 1937 fue una pequeña ciudad improvisada. Llegaron a coincidir hasta 2.000 personas conviviendo en el esqueleto del estadio. Lo hicieron de manera provisional, antes de ser repartidos por pueblos de los alrededores de Barcelona. La mayoría venían de Madrid, del sur del país (Córdoba, Málaga o Granada), de Aragón y del sur de Catalunya. En total, cerca de un millón de desplazados encontró acomodo en Catalunya.

El estadio de Montjuïc llegó a sufrir sobrepoblación y falta de provisiones. Hasta mayo de 1937, cuando se ordenó el desalojo para desinfectar y limpiar el actual templo culer, fue un pequeño pueblo. Dentro del estadio había habitaciones con cientos de camas, un comedor o aulas para los niños. Fotógrafos de la talla de Agustí Centelles, David Seymour Chim o Margaret Michaelis -que vino expresamente desde Alemania- fueron hasta Montjuïc para inmortalizar el decorado. Se ven incluso las clases que se impartían en las entrañas del estadio, mujeres haciendo labores domésticas u hombres repartiendo el correo.
Para huir de la guerra, el Barcelona, invitado, se exilió a México para jugar algunos partidos amistosos. Inició una gira americana en mayo de 1937 y duró hasta setiembre de ese mismo año. Escaparon de la ciudad, subiendo a Francia, por Portbou, donde tuvieron que refugiarse de un bombardeo fascista. Volaron desde el país galo. Aquel Barça disputó diez partidos en México y cuatro en Estados Unidos. La plantilla, de mínimos, la formaron 16 jugadores. Diez de ellos, visto el avance de las tropas franquistas, decidieron no regresar a Catalunya.
El Arena Lviv, un 'hermano' del Lluís Companys
En la exposición, el Barcelona compara lo que fue Montjuïc con lo que vive estos días el Arena Lviv. En Ucrania, millones de personas se han visto obligadas a cruzar las fronteras, aunque también hay refugiados dentro del mismo país. El Arena Lviv, casa del Shakhtar Donetsk en Leópolis, acogió al equipo de fútbol cuando estalló el conflicto en el Donbass en 2014. A principios de 2023, se calculó que unas 170 personas desplazadas vivían en las entrañas del estadio, en una planta superior que se acondicionó para que sirviera de refugio. ACNUR les dotó de productos de primera necesidad y organizaban actividades deportivas para los niños y niñas obligados a vivir ahí.

Con el avance de la Guerra Civil, el estadio pasó a utilizarse únicamente en situaciones de emergencia hasta que, con las tropas franquistas ya instaladas en la capital catalana, lo utilizaron como sede de actos políticos. Quedó en condiciones pésimas hasta los Juegos de 1992. Actualmente, según ACNUR, en 2022 se registraron más de 100 millones de desplazados en todo el mundo, el doble que en 2013. El Barça y su fundación colaboran con la organización desde 2009. Además de lucir el logo en la camiseta, tienen proyectos en cuatro continentes, donde dona fondos y material deportivo.
Unos meses atrás, el Real Madrid quiso tildar al Barça de ser el "equipo del régimen" con un vídeo manipulado, como respuesta a una afirmación de Laporta para defenderse del 'Caso Negreira'. La casa del Barcelona, exiliado ahora a Montjuïc, sirvió como refugio temporal durante la Guerra Civil. Lleva el nombre de Lluís Companys, expresidente catalán fusilado por los franquistas. La casa de los blancos, hoy remodelada y aspirante a albergar la final del Mundial 2030, sigue llevando el nombre de un militar franquista: Santiago Bernabéu, a quien Franco consideraba "un rey" y entró por la Diagonal el día que las tropas franquistas acabaron con la resistencia republicana en Catalunya.