FÚTBOL

Pedro Munitis: "Me avergüenzo de haber deseado que mi equipo no ganara para que se notara mi ausencia"

Fue una leyenda internacional del Racing y ganó una Champions con el Madrid. Ahora se desnuda y hace autocrítica como técnico y formador en 'Futbox' para servir de ejemplo a sus jugadores.

Pedro Munitis posa junto a un mural con su imagen en 'Futbox Santander'./RELEVO/ALFREDO MATILLA
Pedro Munitis posa junto a un mural con su imagen en 'Futbox Santander'. RELEVO/ALFREDO MATILLA
Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Pedro Manuel Munitis Álvarez (Santander, 1975) cita a Relevo en un campo de fútbol con vistas al Barrio Pesquero que le vio nacer. Normal. Ambos espacios son su vida y si algo le encanta es ir en chándal, su traje de faena. Tras foguearse en el Badajoz, convertirse en una leyenda del Racing -con el que llegó a disputar la UEFA en 2008-, ganar la Champions de 2002, una Liga y una Supercopa de Europa con el Real Madrid y mostrar su valía en el Deportivo y la Selección, el delantero que formó con Zigic el 'Dúo Sacapuntos' ahora es entrenador en busca de un nuevo equipo.

Empezó en los banquillos, como una de sus grandes experiencias, en el fútbol femenino. Luego dirigió a su Racing, Ponferradina, UCAM Murcia, Badajoz y Sabadell. Estos meses ha descartado alguna que otra propuesta de urgencia, pero en junio todo pinta a que volverá a la trinchera. Mientras, se dedica en cuerpo y alma a consolidar 'Futbox Santander', un proyecto formativo en forma de escuela de tecnificación que ha levantado en su tierra junto a su inseparable amigo Gonzalo Colsa, con unos 300.000 euros de inversión y con la participación de otros referentes cántabros como Canales, Álvaro González, Higuera, Raba, Picón...

Con todo lo que has hecho y has sido en el fútbol, ¿cómo les explicas ahora a los niños a los que formas quién ha sido Munitis? 

No lo explico. Sus padres igual se encargan de esa labor. No me han visto en vivo, pero hay imágenes por ahí y están muy puestos con todo. Nunca me gustó hablar de mí y sigo en la misma línea.

Ahora, visto con perspectiva, ¿te hubieras retirado más tarde? 

No. Aguanté hasta 2012 con 37 años. El último fue muy desagradable, quizá lo peor que me ha tocado vivir. Un descenso a Segunda por primera vez, en el equipo de tu casa y que llevas tan dentro. La posibilidad de seguir hacía que tuviera que salir otra vez de Santander y estaba muy establecido con mi familia. Me siento afortunado: me llegó el final cuando no tenía ganas de continuar.

¿Por qué no se queda mejor con los títulos que ganó?

Bajar de Primera fue muy duro. Te sientes incluso muy culpable porque era la cabeza visible. Mi forma de ser pesó. Me hago muy responsable en cada cosa que me toca participar. También se vendió algo que no fue por una parte de los medios. Ya sabes, creo que estabas por aquí entonces: a Gonzalo [Colsa] y a mí nos hicieron responsables. Por momentos llegué a sentir vergüenza de salir a la calle.

¿Vergüenza? 

Sí. Va un poco con la personalidad de cada uno. Me implico demasiado. A lo mejor en el defecto tengo la virtud, o en la virtud el defecto: lo vivo todo con demasiada pasión.

¿Has llegado a no disfrutar del fútbol por esa autoexigencia? 

Sí. Pasa por enfocar permanentemente en lo siguiente, en mejorar, en seguir creciendo, en nuevos retos. Ahora le traslado esto a los chicos: que sean capaces de enfocar desde la objetividad y de darle tanto valor a lo positivo como a lo negativo, cosa que no he hecho yo. Cada vez lo gestiono mejor, pero he pasado gran parte de mi carrera sin disfrutar del todo lo bueno que me ha tocado vivir..

¿Cuándo lo pasabas peor: en la previa de los partidos, en el hotel de concentración, durante el juego o en la resaca? 

Siempre. Era una constante. Era estar permanentemente intentando estar a tu mejor nivel. Me apasionaba tanto mi profesión que tampoco me costaba. Mi vida era de un monje: descansar bien, entrenar, alimentarme y pensar en la competición. Cuando íbamos para el campo empezaba el mayor cosquilleo...

¿Y qué hacías para combatirlo?

Trataba de hacer, antes del calentamiento, un trabajo de visualización para coger el estado óptimo de activación. Si no, había veces que salía demasiado enchufado.

Esos términos que empleas tan técnicos quieren decir que lo has trabajado con profesionales...

Bueno, antes no teníamos tantos medios como ahora. Cuando nosotros empezamos tratábamos de ir descubriendo a partir de la experiencia, de darte un trompazo, de pensar a ver de qué manera puedo ir sobreviviendo por esto que me ha pasado. Ahora mismo los jugadores tienen de todo: nutricionistas, psicólogos, metodología para preparar los entrenamientos, buenas instalaciones... Yo iba adquiriendo conocimientos y juntándome con gente que te aporta cosas en función de las necesidades que tienes.

Pedro Munitis, atiende a Relevo: «Me buscaba los servicios fuera del club».

 ¿Llegaste a pedir ayuda a psicólogos deportivos? 

Entonces no había esos y otros servicios en los clubes que me tocó jugar. Me los buscaba fuera. Al final estaba hasta mal visto, que es curioso. Ahora, cuando un jugador se dirige a mí diciendo que se va a tratar fuera con un fisio o incluso con un preparador físico más orientado a la fuerza, yo lo veo como algo normal. En los equipos hay hasta tres o cuatro entrenadores a lo largo de una temporada, cada uno con una idea, cada uno entrena de una forma. Y es una locura. Es mucho mejor trabajar permanentemente con un especialista. Antes me generaba muchos problemas, me gastaba mi dinero, tenía que ir a tratarme fuera y todavía, cuando se enteraban, me maltrataban. Es algo que llama un poquito la atención y que ahora se ve con más normalidad. En esos momentos era un marciano dentro de un mundo que para mí era un poco de locos.

"Me trataba y buscaba soluciones fuera de los clubes, lo pagaba yo y encima me maltrataban: era un marciano en un mundo de locos"

Pedro Munitis Exdelantero de Racing y Real Madrid y entrenador

Te veo físicamente casi igual que cuando jugabas. ¿Te sigues cuidando de la misma manera? 

Estoy más flaco. He perdido masa muscular. Cuido la alimentación, nada que ver con lo que hacía antes. Trato de hacer algo de deporte. He tenido periodos en los cuales he hecho muy poco y lo paso muy mal, sobre todo a nivel mental. Es una necesidad.

Eras muy muy estricto. ¿Qué es lo más raro que llegaste a hacer? 

No salía mucho, pero cuando lo hacía siempre iba con mi comida en un táper. La mayor vergüenza que pasé fue en Las Rozas...

Cuenta, cuenta.

Lo siento así y lo hago sin preocuparme de nada más. Hicieron un gran evento en Madrid, creo que por los 50 años de la Federación, y nos llamaron a todos los internacionales. Hicieron una comida por todo lo alto y yo saqué mi táper delante de toda la gente que había presente. Me dio apuro. Fue pasta o mis espaguetis integrales, no recuerdo bien. Me daba cosa, pero lo saqué.

"¿Mi obsesión con la alimentación? Un día la RFEF invitó a todos los internacionales para celebrar los 50 años de la Federación, hicieron una comida por todo lo alto y saqué mi táper delante de todos"

Pedro Munitis Exdelantero de Racing y Real Madrid y entrenador

Ahora te permitirás algún lujo.

Como no tenemos mucho tiempo y tenemos dos niños pequeñitos, pues pedimos comida a domicilio.

¿Eso es un lujo?

[Risas]. Los sábados, cuando se puede, que es cuando mi mujer no tiene que trabajar, nos ponemos nuestra copita de vino. La cena del sábado es para mí como si fuera aquello, no sé, un fiestón.

¿De dónde aprendiste aquellos hábitos? 

Siempre he sido muy inquieto y he buscado la perfección, que ahora sé que no existe. Trataba de estar a mi mejor nivel y le daba muchas vueltas y era muy autocrítico con lo negativo. He tratado de aprender siempre mirándome el ombligo y buscando muy pocas excusas. Cuando buscas excusas, dejas de buscar soluciones. El punto de inflexión fue cuando voy cedido a Badajoz. Me hice daño en el hombro, una subluxación acromioclavicular que me tuvo fuera casi tres meses, y a través de compañeros del equipo conocí a un osteópata en Madrid al que iban ellos. Fui un punto de inflexión.

¿Y eso?

Me llevan allí y conozco a Francisco Márquez, que me ha aportado muchísimo en mi vida. No sólo me recupera del hombro, sino que luego pasa muchos años a mi lado como terapeuta. Además, llevaba temas de nutrición y suplementación. Fue un descubrimiento para mí de la leche. Fue como un antes y un después, porque yo comía comida casera con mis abuelos.

El cocido montañés es el cocido montañés...

Cuando me fui a Badajoz estaba en 73 y pico, casi 74 kilos. Estaba pasadete. La primera parte funcionaba bien y a partir de la segunda parte las quería todas al pie. Empiezo a trabajar con él, que al principio fue un calvario porque soy una persona que me gusta mucho comer. Comía un montón. Veía lo que los demás tenían en el plato y me daban ganas de quitárselo. Te vas adaptando. Después eres incapaz de volver a comer porquerías. Hay jugadores que dejan el fútbol sin haber conocido cuál era su mejor estado de forma y es una pena. A mí no me queda eso. En aquel tiempo no era muy común ver esta forma de cuidarse. Ni en el Madrid.

¿Ni a Raúl? 

No conozco toda la profundidad de su vida. Compartí vestuario con muy buenos profesionales como Figo, Zidane, él... Después de los entrenos se quedaban a lo que tocara. El Madrid fue el sitio donde más gente tenías al lado. Es el único club donde los fisios venían a buscarte a ti, en vez de ir tú a buscar a los fisios. En los demás sitios estaban mirando a ver si te descuidabas y salían pitando. Yo creo que los fisios, cuando yo me marchaba de los equipos, descansaban.

Munitis, junto a Hierro en la Selección.
Munitis, junto a Hierro en la Selección.

¿De qué época futbolística disfrutaste más? 

En el Racing, antes de ir al Real Madrid. Ahí volaba. O yo sentía que volaba.

¿En aquella exhibición del Racing en el Bernabéu (2-4) en el 2000 por la que luego te fichan? 

Sí. Jugaba bien un fin de semana así y al otro, también. Cuando llegué al Madrid eso se cortó.

¿Por qué?

Yo tampoco lo entendí muy bien, porque tenía tanto carácter, tantas ganas, creía tanto en mí, que no entendí que tenía que tener la paciencia suficiente para esperar mi momento. Esto hizo que sufriera muchísimo. Me gusta tanto mi profesión que cada fin de semana sin jugar era una puñalada. No tuve la paciencia que debía para aprender de gente, para estar mucho más tranquilo, para esperar mi momento, que seguro que iba a llegar porque sólo tenía 24 años. Tuve experiencias que me sirvieron para gestionarlo de otra manera cuando llegué al Depor, que fue algo totalmente diferente.

Pedro Munitis, con Relevo, sobre la importancia del psicólogo.

Aún lo cuentas con dolor. 

La verdad es que solamente me quedé una vez sin convocar. En la final del Centenariazo. No jugaba todo lo que deseaba y lo llevaba fatal. Era un sufrimiento, una angustia. Lo viví muy mal. En ese momento sí que hubiera necesitado un psicólogo que me hubiera ayudado a entender esto de otra manera y a orientarme Si volviera a vivir aquello no dudaría en pedir ayuda. A los chicos hay que prepararlos desde pequeñitos. Trabajamos lo físico, lo técnico, lo táctico... Ahora, gracias a Dios, lo mental también. En aquel momento, no tanto. Pero es que lo mental es lo que dirige todo lo demás.

"En el Madrid hubiera necesitado un psicólogo. Si volviera a vivir aquello no dudaría en pedir ayuda. Lo mental es lo que dirige todo lo demás"

Pedro Munitis Exdelantero de Racing y Real Madrid y entrenador

¿Cuál era el momento más crítico?

Cuando hacía un mal partido analizaba todo y trataba de poner soluciones. Era un no parar. ¿No estoy bien físicamente? ¿Qué me pasa? Sí, estoy bien. Empezaba a analizar. ¿O no ando fino con la pelota? Tranquilo, porque no se me ha olvidado jugar al fútbol. Si lo he hecho primero, lo haré después. Calma. ¿Mentalmente? No ando bien. Y así con cada aspecto. A medida que van pasando cosas, vas aprendiendo cómo gestionar.

¿Cómo solucionas este problema?

Ahí no tenía aún una persona cerca en la cual confiar. Cuando voy a Coruña conozco a Carmen. No recuerdo el apellido... Caparrós nos puso una psicóloga para trabajar con el equipo. No estuvo muy bien orientado el tema, porque lo que pretendían, más que ayudar al jugador, era tener información de cómo respiraba la plantilla. Un error muy grande. Pero yo lo aproveché y me sirvió. Me ayudó muchísimo para saber gestionar la competición, porque me sobreactivaba. Luego vine a Santander y trabajé con Manzanares, que también nos ayudó muchísimo al equipo y a mí. Luego seguí con él a nivel particular. Es una pena que fuera tan tarde. Lo hubiera necesitado al principio.

Y quizás también en la retirada. ¿Los futbolistas están preparados para el día después?

Esa es otra. Desde fuera se ve lo bonito, desde dentro... Yo no me quejo, porque si me quejo todavía me dan de palos. He tenido la suerte de hacer lo que me gusta. Pero no todo es como se cree. Acabas de jugar y lo que vienes haciendo durante toda una vida se acaba. De pronto dices... '¿y mañana no tengo que ir a entrenar?'. Tuve la gran suerte de dejar de jugar y empezar a entrenar, pero fue otra casualidad.

¿Y eso?

Acabé con el descenso y sabía que en muchos momentos había desatendido a mi familia. Quería estar una temporada larga en casa disfrutando de mis hijos. Y me viene Arancha, que la conocía de toda la vida en el Barrio Pesquero, que está metida en el fútbol femenino, que se habían quedado sin entrenador... Yo ya había sacado el nivel 1 y había estado entrenando al alevín del Escobedo. '¿Nos puedes echar una mano?', me dijo. Insiste y, como me cuesta mucho decir que no, le digo: 'Empiezo con vosotras, pero vete buscando a alguien porque en cuanto encuentres, yo pliego y me voy a descansar y a desconectar'. Empiezo a entrenar y lejos de que quisiera encontrar a alguien, le avisé: 'No busques a nadie, que continúo'. Me sentía tan bien... Me llenó tanto como el jugar. El fútbol femenino ahora mismo está de otra manera. En ese momento estaba hasta medio mal visto y con faltas de respeto. Fueron dos años maravillosos. No noté el cambio este de dejar de jugar a quedarme en el aire.

Dicen que se siente un vacío.

Eso lo sentí más adelante cuando dejé de entrenar una temporada larga. Después de la Ponfe. Ahí sí que noto por primera vez el decir, hostia, que no tengo que ir a entrenar. Es durillo el gestionar esto, es un vacío sí.

¿En qué momento notas que quieres ser entrenador? Si te soy sincero nunca pensé que te dedicarías a esto. Quizás director deportivo. Pero te veía demasiado reservado, y entrar a un vestuario es complicado...

Me fui preparando cuando iban llegando los últimos años y me saqué la titulación. Soy una persona muy diferente de cara al exterior a lo que soy dentro de mi familia o de un vestuario. Me siento muy seguro. No tengo ningún problema en aceptar mis imperfecciones, soy capaz de desnudarme y aceptar que me he equivocado en algo. Lo llevo todo con mucha naturalidad y me encuentro muy a gusto.

¿Qué es lo que más te ha hecho mejorar o cambiar?

Lo que he tratado de mejorar es no transmitir tanto cuando no estoy bien, porque hay mucha gente que depende de tu estado de ánimo. Lo peor que llevo es que empatizo muchísimo. Para mí el bien del grupo está por encima de cualquier individualidad, pero no dejo de ponerme en el lugar del que no juega, del que no está pasando un buen momento. Hay diferentes formas de llevarlo. Puede ser desde la lejanía, sin implicarte demasiado a nivel emocional y vives mejor, sufres menos, pero te pierdes tantas cosas que no me compensa. Sufro mucho, en muchos momentos chocamos, pero merece la pena. Cuando vas de frente y eres honesto el jugador lo huele según entras en un vestuario. Con la mayor parte de los que he compartido vestuario sigo manteniendo una buena relación y un buen recuerdo, de mí hacia ellos y de ellos hacia mí.

¿Del 0 al 10 cuánto te gustan las ruedas de prensa? 

Menos uno [risas].

¿Y cómo llevas esa relación?

Entiendo que es una parte importante. Antes me costaba mucho más entenderlo, me sigue sin gustar, no me encuentro muy cómodo, pero entiendo que es súper necesario. La gente quiere saber. Trato de no vender nada que no es, ni ocultar nada. Trato de contar mi verdad o como yo lo he visto, aceptando que me haya podido equivocar.

¿No te ves abriendo una cuenta de Twitch como Luis Enrique? 

No. Y le admiro, la verdad. Pero ahora no. Mañana yo qué sé. Estamos en permanente evolución.

¿Qué es lo más difícil de ser entrenador? 

La toma de las decisiones. Tratamos de enfocar también en eso, en acabar haciendo del vestuario una familia, que tratemos de empatizar, de vivir cosas no solamente relacionadas con el juego, sino de convivir lo máximo posible. Hay que tener la humildad de aprender de cada cosa que te pase. Que te aporte a todos los niveles y disfrutes. No puede depender todo de si metes más o menos goles. Yo les digo siempre que he tenido comportamientos a veces como jugador…

….

El fútbol es el deporte colectivo más individual que hay, nos educan así desde la base. Si uno destaca y otro también..., tú eres mejor. Y tienes que jugar, y a ver cuántos goles has metido... El fútbol es un transmisor de valores tremendo que no se aprovecha, para todo lo contrario, y nos educan de esa manera. Hay veces que, y lo voy a decir aquí públicamente, no sé la gente que va a ver esto, pero yo en muchos momentos me avergüenzo de los comportamientos que he tenido. Internos. De, joder, de no jugar y casi que, no sé si me atrevo a decirlo o no, pero es verdad, de casi que desear que el equipo no gane, para que se note la ausencia del gran Pedro Munitis. El ego a veces te juega malas pasadas. Cuando va pasando el tiempo y cuando tienes algo dentro y eres una persona, y has tenido ese tipo de pensamientos, te vas a tu casa, te miras al espejo y te quieres matar contra él. Es que te miras y dices: 'Me das pena'. Lo que generas no es bueno tampoco, no es bueno para ti y no es bueno para el grupo. Cuando empiezas a entenderlo y a comportarte de otra manera, y cuando no te toca jugar, animas a tu compañero, te empiezas a sentir partícipe de ello. Cuando acaba el partido, si has ganado, dices, pues mira, desde el punto que me ha tocado, me he portado como me tengo que portar, como un hombre, he estado con mi gente, y te sientes bien. Si el equipo ha perdido, pues mira, estás ahí aportando, te acabas sintiendo bien, al equipo le haces bien. Todo es positivo. De la otra manera, es toda una basura.

«Llegué casi a desear que perdiera mi equipo»

No es fácil verbalizarlo. Muchos lo piensan o lo han vivido, pero nadie lo dice. Me viene a la cabeza una frase, en una entrevista a Marcelino, en la que me dijo: 'Yo el primer día que entré a un vestuario como entrenador me di cuenta de lo cabrón que había sido como jugador'. 

Claro, claro, es que una mala cara de un jugador que no es titular, para el jugador que entra en su lugar... Lo está reventando. Es una cabronada buena. Y seguro que el gesto que hace no va dirigido al compañero, y muchas veces hacemos cosas sin darnos cuenta, pero es que la energía negativa que transmite eso hace mucho daño,. Yo les cuento esto a mis jugadores. Me pongo en primera persona, admitiendo que mis comportamientos no han sido buenos, y tratado de transmitirles mi experiencia. Por lo menos para hacerles pensar, para tratar de generar algo totalmente diferente. Cuando consigues generar esa magia de tirar todos en la misma dirección, y de sentirlo como una familia, te da un plus tan grande, que potencia la capacidad del equipo. Es una barbaridad y una pasada lo que se vive.

¿Ha ido a ver trabajar a otros entrenadores por ahí? 

No me he movido mucho. He estado viendo a Marce y trato de seguir un poco desde la distancia, como trabajan diferentes entrenadores con diferentes características, porque no soy muy de extremos, creo que los extremos no son buenos.

Te guste o no el futuro del entrenador español cada vez está más en el extranjero. ¿Vigilas también el tema del idioma? 

Siempre digo que me tengo que poner, pero no lo hago. Es una asignatura pendiente porque me encantaría el tener una experiencia fuera de España. No tuve la posibilidad o no la acepté en su momento como jugador porque tampoco había tantas opciones.

¿Llegó alguna oportunidad? 

No se concretó. Hubo un momento que Liverpool tuvo un contacto y luego el Olympique de Lyon, pero al final ninguna de las dos se concretó. La del Lyon fue después del Deportivo, y la de Liverpool fue antes. Cuando firmé por el Real Madrid tuvimos también contactos con la Juve, pero al final lo blanco me tiraba mucho.

No está mal la elección. Te dio para jugar con Zidane, Raúl, Solari... ¿Percibías ahí, cuando erais jugadores, que había materia de entrenador? 

No lo piensas demasiado. Bueno, sí que tienen el perfil de gente que era súper centrada, pero no piensas en ese momento en quién puede ser entrenador o no.

Munitis, dando clases en 'Futbox'. DIARIO MONTAÑÉS
Munitis, dando clases en 'Futbox'. DIARIO MONTAÑÉS

¿Te gusta más el trabajo con chavales o con profesionales? 

Disfruto mucho con la formación, me encanta. Los que hemos sido profesionales podemos aportar un montón. Tratamos de acompañarles y cuando ves la evolución de un jugador te da una satisfacción muy grande. Pero la competición me vuelve loco, la verdad. Que luego estás ahí y dices, 'la madre que me parió, ¿quién mierda me mandó a meterme aquí otra vez en este fragao a sufrir el fin de semana?' Que si has ganado, tienes que volver a ganar. Si has perdido parece que te han metido siete puñaladas en la tripa y que no se pasa en dos días y que te quieres morir hasta que vuelves a entrenar y enfocas. Pero no puedo evitarlo, la verdad.

"Me gusta mucho formar a niños, pero lo mío es la competición, me vuelve loco. Quien más me ha marcado ha sido Marcelino. Y Cúper como persona"

Pedro Munitis Exdelantero de Racing y Real Madrid y entrenador

¿Cómo ves a los niños de hoy con los que entrenas? 

Tienen muchas más cosas a su alcance que lo que teníamos antes. Tienen muy poca tolerancia a la frustración. Las pocas veces que no consiguen lo que quieren, lo gestionan muy mal. Es el mayor problema que tienen. Es una cuestión de educación. Están acostumbrados a tener lo que quieren en cada momento. Y si eso no se produce, es un drama. Me pasa con mi hijo David, que tiene 11 años. Tengo aquí en Futbox unas peleas con él... Hasta que no nos ponemos de acuerdo, no salimos de aquí. Porque gestiona muy mal, es súper competitivo. Tenemos unos cristos de la leche. Y es por eso. Es un peligro de la leche. Y para mí es delicado el tema, porque luego a lo largo de la vida, cuando se hagan mayores, va a haber en muchos momentos, muchísimos, que las cosas no son como queremos y la cosa se complica. Si no están preparados para gestionar ese momento de que la cosa no funciona, lo van a pasar muy mal.

¿Se ha perdido el fútbol de la calle que tú viviste? 

Sí, por eso necesitamos un proyecto como Futbox. Antes metías tantas horas en la calle que lo ibas aprendiendo, no sé si el entrenamiento silvestre este que llaman... Ahora, como no entrenan tanto, tiene que ser un poquito más dirigido para que el tiempo que entrenan sea lo más eficaz posible. Pero si juntas esto a la calle, que por suerte en el Pesquero todavía hay dos pistas que se utilizan, ase nota. A mi hijo le digo muchas veces 'bájate a la calle, que va a ser el mejor entrenamiento que vas a tener. Bájate a la pista, aunque no conozcas a nadie, ponte a jugar con el primero que veas, y si es más grande que tú, mejor'. O sea, que le pinten la cara y que empieces a espabilar.

El Barrio Pesquero. Supongo que cuando Ronaldo te hablaba de las favelas y demás tú le explicarías lo que era aquella pista de fútbol sala de tu infancia... 

Ya te digo. Siempre jugaba con gente mucho más mayor que yo. Recuerdo que algunos de ellos no querían jugar conmigo porque tenían miedo de hacerme daño, porque me metía en todos los charcos. Ahí no estás protegido, estás en la calle con mayores y te tienes que buscar la vida. Antes era mucho más fácil, ahora lo tienen más complicado. Yo bajaba a la calle por la mañana, volvía a comer y me bajaba de nuevo. Vivía en la calle. Ahora mismo, como están las cosas, a todos nos da un poquito de miedo de vivir así. Y luego tienen muchas más cosas en casa, con la electrónica y con todo esto, que a ellos tampoco les apetece tanto. Pero se pierden tantas cosas...

¿Tú ahí en esa pista es casi donde más has disfrutado? 

Ahí me lo he pasado muy bien. Había un ambientazo de la leche. Desde los cuatro años que empiezo a jugar hasta los 11 es mi vida. Hasta que me marcho al Racing. Y aquello siempre estaba lleno de gente viéndonos jugar. No hay ningún vídeo, qué rabia.

Munitis, de crío en el Barrio Pesquero. DIARIO MONTAÑÉS
Munitis, de crío en el Barrio Pesquero. DIARIO MONTAÑÉS

Hablabas antes de la relación entre los padres y los hijos... 

[Risas]. Atrévete a preguntar, a ver.

¿Cómo se comportaban tus padres contigo? 

Mis padres siempre me han acompañado. Mi abuela, fundamentalmente, y mis padres también. Mi abuela no se perdió ningún partido mío hasta que llegué a ser profesional. Y a partir de ahí, en Badajoz sí que iba al campo, porque era más cómodo. Luego ya a estadios grandes no iba, por incapacidad física. Y supongo que por no escuchar. Supongo que para un padre también tiene que ser muy doloroso porque no lo entienden de la misma manera. El jugador acaba más o menos conviviendo con la crítica. Para la familia es mucho más duro. Mi padre era muy exigente, tampoco me machacaba. Pero si teníamos una conversación del partido, siempre me sacaba lo que no había hecho bien. No tengo ningún trauma en ese sentido. Ellos disfrutaron de mi etapa de fútbol base y a mí tampoco me lo han hecho pasar mal.

¿A qué entrenador tienes más presente cuando diriges? 

Vas cogiendo cosas de cada uno. Lo bueno, lo que quieres y lo que no quieres. Uno a lo mejor es más táctico, otro gestiona muy bien el grupo, otro es ni uno ni lo otro y es un tirano y sabes lo que no harías nunca... Para mí el que más me ha marcado, porque quizás ha sido el más completo y ha sido un antes y un después también, es Marcelino.

¿Qué tenía?

Controlaba todos los aspectos dentro y fuera del campo. Me identificaba mucho con él. Empezabas a entender el porqué de las cosas. Daba pautas muy concretas que facilitan mucho la labor y muy prácticas. Y luego tenía muy presente también la gestión de vestuario, que es fundamental. Pero luego, Del Bosque, por la gestión del grupo. Manolo Preciado y Nando Josu. Portugal es muy metódico. Héctor Cúper te daba cariño desde la distancia. Menuda humildad con todo lo que ha sido. Es una de las personas a nivel humano que más me ha marcado. Buenísima persona.

¿Cómo llevas las críticas como entrenador? 

No lo he llevado bien nunca como jugador ni como entrenador. Cada vez mejor, porque sin despreciar a nadie ni a nada, cuando las críticas vienen de un aficionado, vienen impregnadas de una emoción y no siempre son objetivas. Hay que ver qué tipo de crítica es. Lo analizo todo. Como soy yo muy autocrítico, hay veces que te ayudan y que te hacen ver que puede ser que estés equivocado en alguna cosa. Lo llevo bien.

¿Ves ahora algún de tus mejores partidos?

No, no veo casi nada. Suelen sacar de vez en cuando algún reportaje de estos y me lo pasan. O cada equis tiempo sale lo del 2-4 en el Bernabéu, pero son flashes.

¿Aquel fue tu mejor partido? 

Fue una gran noche.

¿No te dolió siendo madridista? 

Fue muy bonito. Había estado antes como aficionado en el Bernabéu viendo al Manchester United en Champions, que el Madrid lo gana y lo elimina. Y fue una pasada. Había estado viendo también el partido de la Juve y cómo apretaba la gente. Fui con mi cuñado y le dije: 'Tiene que ser la leche enmudecer el Bernabéu'. Chillaban tanto que le decía que tenía que ser increíble montarla gorda y dejarles mudos. Y curiosamente, al poco tiempo, jugamos y conquistamos el Bernabéu. Fue una pasada. Salió todo muy bien, nuestros aficionados se lo pasaron genial.

"Una vez fui a ver un Madrid-Juve y pensé: 'Tiene que ser la leche enmudecer el Bernabéu'. Al poco tiempo pude hacerlo y fue muy bonito"

Pedro Munitis Exdelantero de Racing y Real Madrid y entrenador

Thuram, con quien te enfrentaste con la Selección, siempre ha tenido otro partido en la cabeza. Tras la Euro 2000, en la que se la liaste, llegó a poner una foto tuya en su despacho… 

Me sorprendió. Fue un verdadero elogio, además viniendo de una persona tan grande como él. No hay casualidades: ha llegado a ser lo que ha sido seguramente porque es capaz de hacer autocrítica. Él sacó una enseñanza de un día negativo. Él decía que quería tenerlo presente para no olvidarse. En cualquier momento viene alguien y te pinta la cara, y tienes que estar siempre al 200% y tener la humildad de respetar a todos. Los grandes acaban siendo grandes, no solo por sus cualidades físicas, técnicas y tácticas, sino que volvemos otra vez a lo mismo, por su cabeza, por su mentalidad.

¿Alguien te recuerda ahora jugando a Munitis?

No sé, quizá mi hijo.

Es difícil encontrar a alguien con ese tren inferior y esos músculos en las piernas. ¿Qué hacías?

Soy de constitución así fuerte. Mido 1,20 [risas] y solo falta que fuera flaquito… No hubiera podido jugar al fútbol, algo tenía que tener.

¿Y que es lo que más te recuerda la gente? 

Haber ganado una Champions. La gente se queda con los resultados. Es normal. Y a mí me gusta. Yo era madridista, lo soy y lo seré. Es un sentimiento que te viene desde crío. No he sido forofo nunca de nada, pero sí que Real Madrid me gustó cuando era un crío y eso te marca. Y ahora mismo ves todo de otra manera cuando le ves jugar.

Munitis y Zidane celebran un gol en el Bernabéu.
Munitis y Zidane celebran un gol en el Bernabéu.

Últimamente, ya retirado, estás jugando algún partido con las leyendas del Madrid. Y siempre que te veo pienso lo mismo: con lo competitivo que es, no sé si disfrutará o se frustrará por no poder hacer lo que hacía... 

¿Ves? Tú me has cogido el punto, ¿no? Vale, pues cuando digo que no me apetece jugar mucho es por eso. Ni con la Selección española. Y cuando voy con ellos me lo paso súper bien. Ves a gente que hace muchísimo que no ves, y estamos todos parecidos, de jodidos, pues todavía puedes hacer alguna cosa, pero nada que ver con lo que hacíamos... Y cuando me cogen temporadas de estas en épocas que a lo mejor no puedo hacer tanto deporte... Dios, es que es una tortura el ir porque no vas a estar en condiciones de poder hacer el mínimo que hay que hacer.

Munitis y Zigic celebran un gol con el Racing.
Munitis y Zigic celebran un gol con el Racing.

El partido que sí te gusto jugar fue el del verano pasado junto a Zigic y otros ídolos del Racing...

Me encantó y me hizo muchísima ilusión porque no tenía relación con él desde hace mucho. Nico es un 11 como persona. Ayudó a sacar lo mejor de mí mismo. Cómo nos compenetrábamos, éramos un complemento perfecto. El fútbol es armonía, tiene que haber un poco de todo y nos complementábamos muy bien. Además, era el más inteligente jugando. Con lo grande que era, tenía mucho mejor manejo con los pies casi que con la cabeza. Era un jugador con un gran entendimiento del juego. La verdad es que me cuesta mantener el contacto con la gente que no está por aquí. Soy un auténtico desastre con el teléfono. Pero que no llame no quiere decir que no sienta.