El núcleo duro de Ramos que se quedó por el camino: "Era el más rebelde de un Sevilla golfete y un gallo que callaba a los veteranos"
Juan Barea y Dani Barral, dos de los miembros más destacados de la generación del 86, relatan lo que ha supuesto su regreso a casa.

Sevilla.- Si Sergio Ramos ha sido noticia en las últimas semanas por su emocionante regreso al Sevilla, por sus perennes ansias de sumar otra internacionalidad en la Selección -aunque sea suplicando ser titular cada día para ponerse en el escaparate- o porque unos indeseables han entrado a robar en la finca donde se rodó en pretemporada, cómo no lo va a ser hoy. Estamos a orillas de un Sevilla-Real Madrid (sábado, 18:30) que mide a los dos equipos de su alma. Si en Sierpes o La Alameda no se habla de otra cosa a estas horas, con permiso de Diego Alonso, imaginen las conversaciones en el barrio sevillano de Santa Ufemia de Tomares, el mismo en el que la familia del central echó raíces nada más llegar de Camas.
Allí, en una cafetería cercana de San Juan de Aznalfarache, Juan Barea y Dani Barral acuden a la cita con Relevo con ese caminar inconfundible de piernas arqueadas que anuncian que en esos cuerpos residió un futbolista, y también portando un cartel que pocos pueden sostener con tanto orgullo: son dos de los mejores amigos de Ramos en la infancia -Sergio para ellos- que compartieron con él seis años de travesía en la cantera del Sevilla. La deliciosa tertulia, entre otras muchas cosas más, servirá para exponer dos vidas contrapuestas: la del canterano que se hace estrella mundial y vuelve al estadio de sus amores entre ovaciones, con la del canterano que se estrella deportivamente y acude al estadio de sus sueños a aplaudirle. La vida. El fútbol.
"Antes el Sevilla no tenía categorías inferiores tan pequeñas. La primera era la alevín, para chicos de 10 u 11 años. Ahí es donde cada uno veníamos de nuestros respectivos pueblos y barrios, y fue el momento en el que contactamos con Sergio", recuerda Juan, un interior derecho que era uno de los futbolistas más destacados de aquella hornada y que hoy tiene 37 años y una bonita tarea por delante como representante de futbolistas en 33Sport. "Llegué del Triana, un club de barrio. Estuve hasta División de Honor. Nueve temporadas. Ahí se frenó todo. Tuvimos de entrenador a Luis de la Fuente. Por una parte bien, porque era bueno, pero por otra... Igual es el que sabía de fútbol de verdad [risas]. El año anterior, que era más chico, me subía porque le gustaba. Y cuando me tocó estar con él a diario, nada. El mejor de aquella generación era Dani. Una de mis debilidades. Y también Rubén Jurado, Enrique Carreño... Lógicamente, Sergio en su momento ya destacaba mucho, pero había otros jugadores iguales o mejores. Teníamos un equipazo".
"El mejor de aquella generación era Dani. Y también Jurado, Carreño... El gran cambio de Sergio fue en juveniles"
Excompañero de RamosLas vidas de Ramos y del resto de sus compañeros de camada se empezaron a distanciar en juveniles hasta situarse en la actualidad en polos opuestos: "Ya en la pretemporada del primer año de juveniles nos quitaron a Sergio para subirlo al Liga Nacional. Nosotros estuvimos con él, enteras, enteras, seis temporadas. Asciende como lateral derecho. Jugó ahí casi siempre, menos algunos partidos en cadete de segundo año, que lo ponían de mediocentro... Pero siempre solía ser lateral, porque de pequeño no tenía tanto físico. Dani y yo brillábamos, ésa era la verdad, pero alguna vez nos teníamos que quedar fuera de las selecciones sevillanas porque no podían ir todos y había un límite. Sergio siempre iba. Era fijo, pero su gran cambio, uno muy grande, fue en juveniles. Recuerdo que una vez se quedó fuera por lesión y yo llevaba una camiseta interior dedicada a él por si marcaba. Digo, por si hago gol y él no está ahí. Es una pena no encontrar esa foto. El bueno, bueno, bueno era Dani...".

Dani se quita importancia, pese a que era el capitán de aquella generación mágica -en la que también estaban Casado (Rayo), Alejandro Alfaro (Tenerife, Valladolid, Mallorca), Gallardo (Recre) y Rubén Jurado (se fue a Chipre y Polonia)- y a que todos le veían como el mediocentro con más proyección: "Yo empecé en el Altair, que es un colegio con una escuela muy grande. Estuve hasta División de Honor. Ahí no contaron mucho conmigo. Venía de jugar todo, pero ese año nada. No me querían, lo que pasa es que Pablo Blanco me convenció para quedarme, igual por el temor del club a que me fuera al Betis u otro rival directo. Me quedé el último año sin jugar. Estaba De la Fuente. Pasé de ser capitán del Juvenil Nacional a no jugar. Sergio también destacaba, lo que pasa es que él era lateral y lucía menos. Yo jugaba de mediocentro, tocaba el balón cien veces más que él. Es otro fútbol y gusta más. Pero al final, el núcleo duro, digamos, éramos Sergio, Rubén, Juan, Ramírez y yo. Los que destacaban siempre. Podía llegar cualquiera de estos cinco o incluso todos".
De niño a referente
A finales del siglo pasado, y ya rozando la mayoría de edad, Ramos empezó a entender que para ser profesional no bastaría con el talento. Así que se puso manos a la obra. Los vídeos machacándose que hoy sube a Instagram no son postureo. "Un día, al final del verano en las vacaciones, se presentó en la playa con un cuerpo que no veas. Daba miedo. El tío había estado trabajando desde junio con un entrenador personal. Había empezado a darle a las pesas a buena marcha. Ya era bueno con balón y bueno físicamente, pero le ayudó mucho también su padre y que tenía un hermano mayor, René, que había jugado y le guiaba muy bien. Porque Sergio se perdía mucho. Era un niño rebelde, un niño adelantado. Eso le hacía tener mucha personalidad dentro y fuera del campo desde pequeño", desvela Juan, mientras es interrumpido por Dani para poner la puntilla: "Una vez coincidí con René en una biblioteca... [por no decir discoteca] y se lo dije: 'Las condiciones de Sergio son buenísimas y va a volar, pero la personalidad que tiene desde pequeño es espectacular y es lo que le hace diferente'. Eso, y su descaro. Aún me acuerdo cuando marcaba un gol en los entrenamientos y se ponía a imitar a Ronaldo. Era su ídolo. Quería ser como él. Y mira, qué cosas, luego jugaron juntos".
"René le guiaba muy bien porque Sergio se perdía mucho; era un niño rebelde. La personalidad y el descaro es lo que le ha hecho diferente"
Excompañero de RamosSi alguien tenía dudas de que la fuerte personalidad que tiene Ramos es la base de su éxito, con Juan y Dani quedarán despejadas. Es más, ellos apuntan con criterio al origen y consolidación de ese gen: "Si había un partido importante, Sergio era el primero que daba la cara. Después iba siempre fuerte al balón. No era grande, pero ahora veo vídeos y no veas cómo entraba. No se esconde, no se arruga. A nosotros, con la selección andaluza, nos hacían muchas entrevistas y él era el primero en aparecer. Daba la cara por todos", resalta Dani.

O las parte si hace falta. "A mí siempre me dijeron que un día, ya con el filial, Ramos cogió a uno por el pescuezo en Jaén. En Cádiz, por ejemplo, en otro partido la lió con algún que otro error. Entonces, uno de los veteranos se lo hizo ver y Sergio le contestó sin cortarse un pelo y le calló. La verdad es que le han permitido algunas cosas por lo bueno que era. Siempre recuerdo que no se quitaba el sello ese que llevaba en uno de sus dedos de la mano y un día me destrozó la cara. Cualquiera le decía algo... Y hay más".
"Ramos cogió a uno por el pescuezo en Jaén. En Cádiz la lió... La verdad es que le han permitido algunas cosas por lo bueno que era"
Excompañero de RamosY tanto que hay más. El salto al profesionalismo derribando la puerta sin ni siquiera llamar: "Al subir al primer equipo con Caparrós, por lo visto en los primeros entrenamientos pegaba unas patadas de las buenas. Más de uno le pidió que bajase la intensidad y el míster, a sus más cercanos, les dijo por lo bajo: 'Como se achante por lo que le acaban de recriminar no vuelve'. Al instante hizo una entrada aún más dura". Todos empezaron a entender en 2003 en el vestuario del primer equipo que aquel chico melenudo no iba de broma y que había llegado para quedarse. Por eso Darío Silva, que fue una de las dianas de su intensidad y con quien las tuvo tiesas, luego iba a recogerle a casa como favor. Ramos no tenía entonces carnet de conducir.

De las pachangas sin jugar a 'La Alegría'
A estas alturas de la conversación, los asiduos a la cafetería donde charlamos con cierta vehemencia y mil risas, empiezan a asimilar que somos alguien relacionados con el fútbol y que sabemos de Ramos más de la cuenta. Así que conviene bajar el volumen. Más de uno ha acercado la silla disimuladamente y va acoplando la oreja para escuchar los chascarrillos de estos dos exfutbolistas. "Cuando Sergio estaba por aquí, en la adolescencia, éramos una piña. De quedar fuera del campo, de ir de vacaciones. Él se mudó aquí al lado. Nosotros lo recogíamos para ir a entrenar. Y se quedaba a dormir en nuestras casas y nosotros íbamos a la suya, a la piscina. Hemos hecho mucha vida juntos. Y nos seguimos escribiendo. Incluso le hemos dado un toque por si le importaba que habláramos para este reportaje. Antes de volver al Sevilla en esta segunda etapa le escribí [se sincera Dani], que llevaba montón sin hacerlo, y estuvimos intercambiando audios. Quería montar partidillos con amigos para no perder la forma mientras le salía equipo. Y nos llamó varias veces. Lástima que nos pilló de vacaciones o trabajando. Yo es que estoy en Mercadona ahora, en el bloque logístico de Hueva, siempre curro de 14:00 a 22:00 y eso me corta mucho para jugar hasta las pachangas de veteranos. No me puedo comprometer a nada".
Esa sintonía infantil se mantuvo luego con el tiempo, pese que Ramos era un referente en el Real Madrid y en la Selección y sólo bajaba al sur de pasada para refugiarse en su familia. Juan da fe de aquellas juergas en la Finca La Alegría que hace poco ha sido ultrajada: "Antes del Mundial 2010 que ganó España en Sudáfrica tuvimos un par de quedadas de las buenas. Nos invitaba allí, donde ahora ha habido estos lamentables incidentes. Algo que ya le pasó a Luis Fabiano, y que es raro puesto que ahí no es fácil acceder; es un sitio grande, grande, y además está apartado como en una especie de campo. Otra vez hicimos la quedada en un restaurante. Íbamos varios de la generación del 86. Quedábamos ocho o nueve que empezamos a la vez. Pero se paró un poquito la cosa, y ya después, empezamos a llamarnos puntualmente, pero ya todo estaba muy distanciado. De hecho, alguna vez, cuando yo iba a Madrid y le escribía para vernos... Me decía que al final del partido íbamos todos a su casa para charlar con nuestros padres, pero luego no se daba. Bueno, lo entendía como algo normal. Él tiene su vida montada. Pero, claro, cuando le escribes tres veces y nada… En realidad es que no veíamos la repercusión que tiene e intentábamos contactar entre nosotros como habíamos hecho toda la vida. Y las cosas cambian. Nunca me ha importado la distancia. Ayer, hoy y mañana, es uno de los nuestros".

Para lo bueno y lo malo. Las anécdotas así lo ratifican. Esta es la mejor de Juan: "Fuimos a Valladolid a un torneo. El entrenador no se quiso mojar con la convocatoria y, en vez de llevar a 18, nos citó a todos. Llegamos por la tarde y jugábamos el día siguiente. Estábamos locos por que alguien hiciera algo y rompiera el aburrimiento. Y fue Sergio el que se lanzó. Me cogió a mí y a otro para liarla y, claro, la primera en la frente. Empezamos a tirar cosas por la ventana del seminario en el que estábamos hospedados. Les tirábamos bolas a los curas y nos escondíamos. Alguien avisó, hubo chivatazo, nos reunieron a todos y pillaron a Sergio. Nos arrastró con él a todos los que estábamos en la habitación. Al día siguiente, cuando llegaron nuestros padres, que también habían viajado, y vieron que no nos habíamos vestido de futbolistas por estar castigados.... Hoy me río. Entonces, no".
"En un torneo en Valladolid, les tirábamos bolas a los curas del seminario donde estábamos hospedados. Pillaron a Sergio y nos arrastró a los demás: castigados y sin jugar"
Excompañero de RamosA Dani se le escapa una sonrisa cuando piensa en Portugal: "Era el primer año de alevín y jugábamos la final de un torneo en Sintra que perdimos contra el Benfica. Estábamos en el hotel, en la misma planta que otro de los equipos portugueses que participaban. Estábamos en habitaciones de dos, con 10 años. Entonces, en la primera noche, Sergio, que era muy travieso y muy desobediente el cabrón, hizo lo que hizo. Y la gente le seguía porque era un líder. Se metió en las habitaciones de los rivales para tirarse encima encima de los portugueses, agitarles, destrozarles la cama y la habitación… Tremendo. Y entrábamos unos cuantos detrás. Cuando oíamos ruido y ya habíamos echo polvo todo, pues a escondernos a nuestra habitación. Y cuando regresaba la calma, Sergio iba llamando por todas las puertas, una a una, para reclutarnos de nuevo y volver a la carga. Esa costumbre la tuvo durante cinco o seis meses en cada viaje. Una pasada. En todos los torneos pasaba algo y casi siempre estaba él. Teníamos un equipo muy, muy golfete, pero en el buen sentido. Éramos niños con mucha calle. Rubén Jurado era otro trasto, pero Sergio era uno de los gallos desde el principio".
Entra la ilusión y la morriña
Con estas vivencias juntos en la mochila, es normal que el regreso de Ramos al Sevilla emocione a sus excompañeros. Juan tiene cierta nostalgia: "Lo estamos viviendo con mucha ilusión. Tenía que quitarse esa espinita y que vuelva a disfrutar y a hacer disfrutar a los aficionados. Los chavales de 20 años para abajo están muy contentos. Ellos incluso no saben bien lo que pasó en su momento más polémico. Cuando se hizo oficial su fichaje me dio mucha alegría. Mucha. Y verlo jugar aquí contra el Real Madrid es muy bonito. Si eres sevillista, el Madrid no cae muy bien aquí. Lo que pasa es que cuando él ganaba cosas de blanco, pues te alegrabas. Yo, en directo, fui a verlo a un Madrid-Villarreal. Aquí, en el campo del Sevilla, sí le he visto jugar varias veces más con el Madrid. Tiene gente a su alrededor, de su barrio, de donde ahora es su cuñado, que sí han ido a verle muchas veces por ahí. Incluso a finales de Champions. Sigue teniendo muchos amigos de toda la vida".
"Sergio era muy travieso y muy desobediente, el cabrón. Y la gente le seguía porque era un líder. Éramos niños con mucha calle"
Excompañero de RamosDani lo ve hasta para la Selección: "Puede volver. Está bien para poder competir. Yo no sé si es algo personal con De la Fuente. Él ya lo tuvo en juveniles y lo conoce de maravilla. Hizo goles y todo. Igual el perfil que tiene no le beneficia en este caso porque influye mucho en el equipo, dentro y fuera. Demasiado por su forma de ser. Y a lo mejor el seleccionador no le quiere dar un peso que ya ha repartido entre otros jugadores más jóvenes. Pero él es así. Donde va y juega, se nota. Futbolísticamente está al nivel de los demás centrales que están yendo ahora".

Cada uno en su extremo
Así funciona este mundillo. Unos siguen en la rueda y otros van desapareciendo. Que se lo digan a Juan: "A mí, al final de mi etapa en el Sevilla, me ofrecieron ir al C, pero en esa época estaba muy abajo, no acababa de arrancar y, guiados por la inconsciencia, pues nos fuimos. Pasé por varios equipos de Tercera y Regional de aquí, algunos con solera, e incluso me fui a Extremadura. Pero con 23 o 24 años, sinceramente, estaba terminando la carrera de magisterio de Educación Física y dije, 'el fútbol, como hobby'. Hoy en día juego algunas pachangas de veteranos por el monillo y poco más. Ahora miro con orgullo por todos los que han llegado, pero por otra parte digo 'si hubiera sabido todo lo que sé ahora...', o 'si hubiera tenido alguien que me hubiera asesorado, igual estábamos hablando de otra cosa".
"Ahora miro con orgullo por todos los que han llegado, pero por otra parte digo 'si hubiera sabido todo lo que sé ahora, igual estábamos hablando de otra cosa".
Excompañero de RamosDani, cuando echa la vista atrás, prefiere tirar de humor: "No me gusta decir esto, porque todo el mundo dice lo mismo, pero yo tuve una lesión que no era grave aunque de la que recaí muchas veces. Una fisura en el peroné. Cuando me recuperé y subí al Juvenil A es como si nadie me conociera. Así que salí de ahí a equipos buenos de la zona. La Tercera de Andalucía era una locura con jugadores caros y espectaculares. Me llegué a ir a San Fernando, donde entrenábamos por las mañanas como los profesionales. Ahí cobraba 900 euros más el piso con 18 años. No había estudiado nada y era un bala perdida. Tuve como representante a Rodríguez de Moya en el Sevilla, el mismo que llevaba a Reyes, Navas, Puerta y tantos otros cracks. Llegué a comer una vez con todos ellos, en un evento con la agencia que nos representaba, ahí en el Círculo Mercantil. Y bueno, pues este agente colocaba a todos. Sólo se equivocó una vez y fue conmigo... [sonríe]. Y así, llega un momento que dices, lo dejo".
"Yo era un bala perdida. Tuve como representante a Rodríguez de Moya, el mismo que llevaba a Reyes, Navas, Puerta... Sólo se equivocó una vez y fue conmigo..."
Excompañero de RamosPara Juan y Dani, siempre quedará en el recuerdo un mural que andará por ahí en alguna parte de Portugal como nexo de unión de toda esa generación del 86. De los que llegaron y a los que se quedaron por el camino. "En el torneo de Sintra se repetía una imagen. Sólo por el escudo, nos pedían autógrafos por ahí y alucinábamos. Pero aquella vez fue distinto: comimos por la zona en un restaurante y el dueño nos pidió que todos los jugadores pusiéramos nuestro nombre en un cartel y firmáramos debajo. Quería guardarlo como oro en paño por si algún día éramos alguien y podía presumir. A veces pienso en aquello y me gustaría volver a echarle un ojo. Todo el mundo ponía Juan María no sé qué y su firma; Juan Barea, Dani Barral... Y ahí está, junto a nosotros, el nombre y el garabato de un tal Sergio Ramos. Casi ná".