Paco Herrera revive sus mejores años en Vigo y Las Palmas: "Aspas era un rebelde; Valerón, un alma cándida y Aythami, el puto jefe"
El exentrenador recuerda en Relevo dos de sus etapas más felices en los banquillos.

Las Palmas y el Celta serán rivales este sábado. Los isleños necesitan volver a saborear la miel de la victoria y los celestes quieren sumar de tres en tres para agarrarse a los puestos nobles de la tabla. Los dos conjuntos comparten las ansias por ganar y también uno de sus ídolos: Paco Herrera (70 años). El técnico catalán verá el partido con especial cariño, como el que le guardan ambas aficiones. Lo hará ya retirado del mundo del fútbol, una vida a la que solo lo ata su amado Badajoz.
"No estoy muy actualizado", avisa antes de atender vía telefónica a Relevo, pero al pasar revista de sus años en Vigo y Las Palmas no da puntada sin hilo. Los ascensos a Primera División con ambos clubes no han abandonado su memoria y tampoco los jóvenes que vio despuntar. "Iago[Aspas] era un rebelde, un gamberro, pero un gamberro bueno", recuerda. Tampoco se olvida de sus 'mimados' en la isla: "Valerón era un alma cándida; Jonathan Viera era un bichillo, pero buena gente y Aythami era el puto jefe", rememora.
Este sábado se enfrentan Las Palmas y Celta de Vigo, dos equipos que te tienen mucho cariño. ¿Qué recuerdas de tu etapa en sus banquillos?
Después del año del Castellón [2009] y del Villarreal B [2010], que son buenos años, me aparecen varios equipos de más nivel y yo elijo el Celta entre todos. Era el que tenía más nivel de todos. El que me parecía, por las conversaciones que yo había tenido, mejor encajaría. El que más insistía era el Celta, hasta que les dije que sí.
¿Cómo fue tu aterrizaje en el equipo?
Lo primero que les dije, es lo que he dicho siempre, si hay posibilidades quiero ver el segundo equipo. Estaban en Tercera División y en ese equipo aparece Iago Aspas, que había jugado poco con el primer equipo. Además, salen un par de jugadores más que estaban por debajo de Aspas, pero eran muy interesantes. Es lo primero que les digo: 'A estos chicos hay que subirlos al primer equipo'. Es algo que casi siempre me ha salido bien.
¿Cómo era el Iago Aspas que te encuentras al llegar?
Iago era lo que era: un rebelde. Era un gamberro, un gamberro bueno. Era un gamberro, porque siempre estaba en los entrenamientos gastando unas bromas de niño. Esas bromas que son de niño, que no son malas. Y nada, pues tocó pelear con él. Igual que con Hugo Mallo. Tuvimos la suerte de que salieron adelante y formaron equipo. En el Celta me pasó como en casi todos los sitios, que al final jugaban nueve gallegos y con los cambios hasta once. Siempre he puesto muchos jugadores de cantera y el primer año salió bien.
Los dos han hecho carrera en la élite.
Sí. Hay veces que me dicen: 'tú sacaste a Iago Aspas'. Iago ya lo llevaba en la sangre, era un jugador que estaba hecho. Yo le doy más importancia al haber sacado a Hugo Mallo, porque había que enseñarle a defender algunas cosas y a entender algunas otras. Fue un jugador importantísimo para el Celta durante mucho tiempo. Al igual que Iago Aspas, que ya lo llevaba dentro.
Su primera temporada fue la 2010-2011, en la que se quedan a las puertas del ascenso a Primera, pero al próximo año subieron.
Pelamos el ascenso, pero nos eliminaron. El segundo año ya lo sacamos adelante. La tercera temporada es un año en Primera División donde estábamos abajo. Me parece que terceros o cuartos por abajo y me cesaron.
Valerón... un alma cándida. Fue siempre un ejemplo de saber estar, de ser humilde. Demasiado diría yo. Demasiado.
Antes de su cese, Carlos Mouriño [Presidente del Celta] declaró que le había ofrecido la renovación y aunque bajasen a Segunda lo querían como técnico.
Sí, se me ofreció. La cosa es que mis manifestaciones en las reuniones que teníamos entre el presidente y el vicepresidente era 'vamos a ver si lo sacamos adelante'. Yo lo veía así. Hay un momento en el que ya se pusieron nerviosos y tomaron la decisión de cesarme.
¿Cómo es su relación con Mouriño?
Yo con Mouriño muy bien, muy bien en todos los sentidos. Es un caballero. Yo le dije: 'Carlos, ves cómo tenía razón. Si llegamos a tomar la decisión y me renuevas porque a mí me interesaba, después te hubieras arrepentido'. Lo más sensato era esperar y eso fue lo que hice. En ese sentido siempre he sido honesto, no he pensado como otros entrenadores que renuevan y después te echan, pero págame todo.
En su momento dijiste que te hubiese gustado que te llamasen para anunciarte el despedido, ¿te enteraste por la prensa?
Hubo un desfase entre unos y otros. Fue un pequeño lapsus que cuando salió la noticia me explicaron que había un error de comunicación con la persona que me lo tenía que decir. En ese momento no sé qué pasó, pero lo entendí perfectamente. La relación que tengo, y he tenido con ellos, es extraordinaria.

¿Y cómo es esa relación con Las Palmas?
Lo que recuerdo de Las Palmas es que siempre que ha habido un ascenso, las partes malas desaparecen. Si hay cosas malas, desaparecen. O tú mismo les das menos importancia. Lo mismo me pasó en Vigo. En la isla fueron también dos años y medio maravillosos. El segundo año ascendemos y después pasó lo mismo que en Vigo. En Primera División no sé si se me torció el equipo en ambos casos y no fui capaz de enmendarlo. Quizás mi nivel era para estar en Segunda, no lo sé.
Te he preguntado por Mouriño, tengo que hacerlo por Miguel Ángel Ramírez [Presidente de la U.D. Las Palmas]. ¿Es un presidente complicado?
El presidente es un poco distinto, pero no complicado. Es igual de complicado que todos los demás. Yo me llevaba fantástico con el presidente del Celta. ¿Si es complicado? Pues puede ser un poco complicado. Cualquier presidente lo es cuando las cosas no van bien. Tienen la necesidad de hablar contigo, de decirte qué pasa. Tú mismo te vas preocupando porque ves que están nerviosos. Yo creo que él [Miguel Ángel Ramírez] es un buen tipo, al igual que el del Celta. Tuve más relación con Mouriño, aparte de porque estuve más tiempo, porque solíamos hacer una comida cada semana. El de Las Palmas tenía otras actividades laborales que le tenían mucho tiempo ocupado. Era distinto, podía ser más proclive a la crítica y Carlos [Mouriño], no. Era una persona completamente distinta, pero con los dos tuve una buena relación hasta el final. Han sido buenos presidentes.
En su época al mando de Las Palmas entrenaste a jugadores como Jonathan Viera o Aythami. ¿Eran jugadores que tenían mucho poder en el club?
Tenían poder porque el presidente tenía buena relación con ellos. Eran un poco los capitanes para él, las personas que se iban a tomar algo o a comer con el presidente y le contaban cómo estaban las cosas. Es un poco así los dos casos que has nombrado, otro podría ser Valerón.
Por ejemplo.
Valerón... un alma cándida. Fue siempre un ejemplo de saber estar, de ser humilde. Demasiado diría yo. Demasiado. Me has nombrado a jugadores con los que yo tenía una relación extraordinaria. Jonathan Viera era un bichillo, pero era buena gente. Buena gente, por lo menos conmigo. Bichillo quiero decir que era movido en los entrenamientos. De Aythami yo diría que era el puto jefe, por decirlo de alguna manera. Con él tengo una excelente relación. Yo lo utilicé alguna vez para preguntarle cosas. 'Qué te parece esto Aytha', 'cómo ves aquello'... Era una persona en la que yo confié siempre al 100% y nunca me falló. Estuvo hasta el final, hasta que llegó mi cese, siempre conmigo.