El 10-0 con Rüdiger en el centro de la escena que explica el arma estratégica del Real Madrid
El líder se apoya en su poderío a balón parado para acercarse al título. Sus datos impresionan: diez goles originados a partir de un córner… y ninguno encajado.

El Real Madrid perdió en pretemporada a su portero titular (Courtois), en agosto a su mejor central (Militao) y en diciembre a la pieza que completaba el triángulo de seguridad (Alaba). La respuesta del equipo, lejos de desmembrarse, ha sido tan sorprendente como meritoria: defiende mejor que nunca en este siglo (18 goles encajados en 28 partidos de Liga, un registro que supera a todos los anteriores) y su contundencia atrás le acerca enormemente al título, con siete puntos de ventaja sobre el Girona y ocho sobre el Barça a falta de diez jornadas. La arrolladora victoria contra el Celta (4-0) olió a sentencia.
Hay varios factores que ayudan a explicar la mejoría defensiva del Madrid, entre ellos el mayor número de presiones (este curso aprietan más arriba), el compromiso de atacantes como Bellingham o Brahim (realizan más de 20 acciones defensivas por partido) o la inspiración de Lunin, pero pocos lo ejemplifican mejor que el balón parado. Ancelotti ha convertido la estrategia en el arma estratégica de un Madrid que aprovecha como nadie ese tipo de jugadas.
Los datos son reveladores: el Madrid ha marcado diez tantos en lo que va de temporada en acciones originadas a partir de un córner… ¡y no ha recibido ninguno! En el centro de la escena se encuentra Rüdiger, autor de dos (ante Mallorca y Atlético) y generador de unos cuantos (jugó un papel esencial en los de Vinicius y Guaita frente al Celta, sin ir más lejos). Bellingham también es protagonista: tres (Athletic, Celta y Unión Berlín) llevan su firma, aunque todos ellos llegaron entre agosto y septiembre. Joselu (Getafe), Tchouameni (Girona y Las Palmas), Valverde (Nápoles), Rodrygo (Villarreal) y Lucas (Alavés) también se aprovecharon de los saques de esquina para marcar.
A estas alturas de la campaña pasada, por ejemplo, el Madrid sólo había anotado siete dianas después de un córner. El crecimiento es evidente y también se manifiesta en lo defensivo, sin haber recibido ni un solo gol después de que un rival ejecute un golpeo desde la esquina. En la 2022-23 se había encajado uno, obra de Mario Hermoso en la jornada seis, y se lamentó otro en la 31, de Taty Castellanos (Girona).
En este aspecto vuelve a cobrar importancia la figura de Rüdiger, que se ha convertido en los últimos meses en el líder de la defensa del Real Madrid. El alemán no permite que nadie se relaje y ha mejorado en su compenetración con Nacho (la pareja que forman había dejado dudas a principios de año). Es, entre otros, el futbolista que más balones despeja (61, por 37 de Bellingham) y el que más disparos bloquea (16). Pero la blanca es una tarea global: Carvajal es el que más errores provoca en los tiros de los oponentes (tres), Valverde el que más va al suelo y recupera (70) y el que más intercepta (34), Bellingham el que corta más pases (34)...
LA SOLIDEZ DEFENSIVA DEL REAL MADRID EN EL SIGLO XXI
Solidaridad y la mano de Mauri
Ancelotti ha elogiado en diversas ocasiones el esfuerzo grupal de sus futbolistas a la hora de defender, desde los delanteros hasta el portero. "Creo que la emergencia ha aumentado el compromiso colectivo defensivo; defendemos muy bien todos y después aprovechamos la calidad que tenemos", ensalzó después de arrollar al Girona en febrero. Camavinga (50 entradas con éxito) y Kroos (21 recuperaciones a rivales cuando tratan de regatear) comandan otros apartados estadísticos.
Detrás de todas estas cifras se esconde, además de Carletto y su hijo Davide, un tercer protagonista: Francesco Mauri, asistente técnico y otro de los hombres de máxima confianza de Ancelotti. Él es el encargado del balón parado, tanto en ataque como en defensa, y desde dentro se lo reconoce una importancia vital en el éxito del Madrid en la estrategia. Las decenas de horas invertidas en el laboratorio de Valdebebas están dando sus frutos.

Mauri, hijo de Giovanni (exintegrante del staff), elabora sus informes mano a mano con un analista que se encarga de avisarle sobre las fortalezas y debilidades de los contrarios a los que se enfrentan los blancos. Entre ambos diseñan acciones específicas, según el equipo al que se midan, y deciden potenciar a uno u otro jugador, además de preparar la defensa de córneres y faltas para anticipar acciones de los rivales.
El balón parado se practica especialmente en las sesiones previas a cada encuentro, con nuevos matices que facilitan que no haya ninguna jugada igual; y se repasa después de los partidos con sesiones de vídeo en las que analizan lo ocurrido junto a los futbolistas. Los números son brillantes, pero el único secreto, cuentan desde dentro, es el trabajo.