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Lo que 'mató' a Mendilibar: discrepancias en la planificación, problemas en sala de prensa y falta de apoyos

El vasco ya es historia en el Sevilla. Nunca se sintió arropado por los dirigentes que no casaban con algunos de sus métodos.

Mendilibar dando instrucciones en un partido del Sevilla./EFE
Mendilibar dando instrucciones en un partido del Sevilla. EFE
Alonso Rivero
Samuel Silva

Alonso Rivero y Samuel Silva

La salida de José Luis Mendilibar del Sevilla podría llevar el título de la obra de García Márquez, 'Crónica de una muerte anunciada'. En el fútbol, tan impredecible como el año pasado comprobó el propio entrenador vasco, pueden pasar muchas cosas, pero si el proyecto deportivo no se sustenta en bases sólidas, hay muchas opciones que quede abocado al fracaso. Mendilibar nunca tuvo el apoyo total de los dirigentes, que mientras solucionaban la papeleta de la salida de Monchi, vieron en su continuidad un marrón menos que solucionar.

"Mendilibar se renovó solo". Era la frase que uno podía escuchar cada vez que salía a la luz el nombre del técnico vasco. Precisamente antes de su marcha, el propio Monchi ya transmitió que el paso del exentrenador del Eibar tenía que ser transitorio, y que el proyecto nervionense debía estar liderado por un entrenador de otro perfil. Con Mendi se obró diferente a otras contrataciones: sólo un año de contrato y un salario menor al de sus predecesores.

El gran problema entre las dos partes ha sido los resultados deportivos, pero también desde el club se ha apuntado en varias ocasiones que algunas de las maneras de actuar de su exentrenador no acababan de gustar. Las declaraciones en sala de prensa sobre Suso, que provocaron llamadas entre todas las partes, aquellas sobre la obligatoriedad de la entidad de ganar partidos o la poca creencia del vasco en los recursos tecnológicos para la mejora deportiva, son algunos de los desencuentros que provocaron un distanciamiento entre las partes.

Mendilibar nunca se sintió arropado

Ya al término del partido ante el Rayo, notó más frialdad que de costumbre, cuando José María del Nido Carrasco lo saludó en el vestuario, donde solía quedarse unos minutos charlando sobre el partido. Eso llamó la atención del guipuzcoano que no imaginaba eso sí, que un día más tarde sería destituido.

Desde antes de la pretemporada y con la distancia que dan los kilómetros que hay entre Sevilla y Zaldibar, Mendilibar leía con sorpresa todo lo que iba pasando en el caso Monchi. Declaraciones de las dos partes, la búsqueda de un nuevo director deportivo o la inestabilidad accionarial, provocaba cierto recelo en un entrenador que no acaba de entender tantos líos en un club que acaba de celebrar un nuevo título europeo.

Mendi, quiso aligerar plantilla pronto y más pronto comprobó que eso iba a ser una quimera y que el club no tenía mucho músculo financiero para cambiarla. Las llamadas eran constantes pero poco fructíferas. Tuvo que esperar hasta el final del mercado para tener cubiertas algunas de las piezas que él consideraba importantes. Mariano casi no ha podido estrenarse y Sergio Ramos, por el que apostó firmemente aún manteniendo discrepancias con la dirección deportiva, necesitaba tiempo para alcanzar su mejor nivel competitivo.

Tampoco le gustó que no se atendiera ninguna de las peticiones que hizo al club. En vista de que nunca aparecía la posibilidad real de algún delantero que completara la nómina en ataque, el vasco dejó el nombre de Lucas Boyé encima de la mesa. Fue rechazado. Tampoco le gustó que el club le solicitara los últimos días del mercado que hablara con alguno de los descartes para presionar en sus salidas. Él tiene por bandera que para conseguir éxitos deportivos tiene que existir unión en el vestuario y no estaba dispuesto a que eso cambiara.

Para Mendilibar existían varias voces dentro del club que a veces no casaban en sus ideas, provocando roces y discusiones que se fueron incrementando con el paso de las jornadas. Demasiado ruido externo que influían en la toma de decisiones. Mendi ya es historia en el Sevilla y lo hará como el entrenador que salvó una situación dramática en tiempo récord conquistando un nuevo título europeo. Que pase el siguiente.