ATHLETIC CLUB

Jon Uriarte, el presidente que dio un volantazo para devolver la sonrisa al Athletic

El bilbaíno cumple dos años al frente del Athletic y tendrá la complicada tarea de confeccionar un equipo competitivo para el regreso a Europa.

Jon Uriarte, durante su presentación con el Athletic./EFE
Jon Uriarte, durante su presentación con el Athletic. EFE
Íñigo Corral

Íñigo Corral

Cuando hace dos años Jon Uriarte accedió a la presidencia del Athletic de Bilbao, la palabra Gabarra parecía un trabalenguas de imposible pronunciación. En la afición había miedo, impaciencia, decepción, o tal vez las tres cosas, que impedían recitar las tres sílabas de corrido. Si alguien lo conseguía, lo hacía en voz baja y con cierto tono mitad de resignación, mitad nostálgico. Cuatro décadas marcadas por la ausencia de títulos y la marcha de algunos jugadores al término de cada temporada, muchos de ellos por la puerta de atrás, hacían ver a los athleticzales el cielo con negros nubarrones. En la campaña electoral de 2022 brilló con fuerza la figura de un empresario sin ninguna vinculación hasta entonces con el mundo del fútbol que apostaba por desengrasar las estructuras de un club a punto de cumplir entonces 125 años de vida. Solo un borrón. Tuvo que prescindir de su director deportivo, Carlos Aviña, en plena contienda electoral por unos comentarios homófobos y sexistas que habían sido publicados en redes sociales hacía más de diez años y por los que el mexicano se disculpó públicamente.

Con el respaldo de cerca del 47 por ciento de los socios, Uriarte se decantó por Ernesto Valverde para la parte deportiva y por gente experimentada en el mundo empresarial para buscar un mayor músculo financiero. La bisoñez y la falta de experiencia marcaron sus primeros doce meses de mandato, al margen de un permanente alejamiento de la prensa que le impidió trasladar sus mensajes a la afición rojiblanca. Todavía resulta complicado de entender en Bilbao cómo es posible que dos personas que vivían en el mismo edificio, como Jon Uriarte e Iñigo Martínez, fueran incapaces de entablar durante un año una conversación para tratar de su renovación, aunque fuera en el ascensor. Cuando ambos hicieron públicas sus explicaciones sobre su divorcio, ya era demasiado tarde. Pero es que, además, las versiones fueron tan dispares que todavía se hizo más difícil entender lo que había ocurrido.

En su primera campaña el club Uriarte tuvo un déficit heredado de 21,5 millones, y para la actual, tiene previsto reducirlo hasta dejarlo en 16 millones. Dicho así, de sopetón, nada invita al optimismo. Pese a todo, lo cierto es que los ingresos han aumentado en 10 millones de euros y la política de contención de gastos, que incluida la rebaja de la ficha a algunos jugadores, ha permitido ahorrar otros 3,3 millones. En lo deportivo, tanto jugadores como técnicos y directivos se empecinaron en lanzar mensajes optimistas sobre la posibilidad de regresar a Europa. Hasta que se dieron de bruces con la realidad. Osasuna apeó al Athletic de la Copa en semifinales y en la Liga pareció deambular como un muerto viviente durante las ocho últimas jornadas. A las derrotas cosechadas en San Mames frente a Sevilla, Betis y el ya por entonces descendido Elche, se sumaron las de fuera de casa frente a Osasuna y otra más dolorosa ante un rival como el Villarreal (5-1). Una victoria frente al Celta, y dos empates frente a Mallorca y Real Madrid, cuando ya no se jugaba, resultaba un paupérrimo balance que no hacía presagiar nada bueno para siguiente temporada.

Jon Uriarte, durante su presentación con el Athletic. EFE
Jon Uriarte, durante su presentación con el Athletic. EFE

El descenso del Bilbao Athletic a Segunda RFEF, después de una temporada catastrófica, fue la gota que colmó el vaso. Y eso que se empeñaron en aguantar hasta el final con un entrenador como Alex Pallares que cuando llegó a mitad de temporada para sustituir a Bingen Arostegi apenas tenía conocimientos del fútbol vizcaíno. Uriarte, hijo de un exconsejero de Economía del Gobierno vasco durante el mandado de Carlos Garaikoetxea y de madre hincha de la Real Sociedad, se vio obligado a dar explicaciones públicas de su gestión, algo a lo que hasta entonces se había mostrado bastante reacio. La cosa salió bastante mal. Hizo un ejercicio de voluntarismo para transmitir la idea de que todo lo ocurrido en su primer año de mandato había sido un "accidente". Por supuesto, no convenció a nadie. Ni siquiera a sus máximos defensores. La renovación de Valverde -la única noticia buena-, parecía muy poca cosa frente a una gestión apática y tanto opaca en algunos aspectos generó muchas dudas.

Nadie sabe cuándo fue el momento preciso en que comenzó a cambiar la suerte de Uriarte. La afición necesitaba algo a lo que aferrarse para volver a ilusionarse. Visto que el club no podía traer de fuera gente experimentada que permitiera dar un salto de calidad a la plantilla, se optó por invertir en gente con un futuro prometedor. Aquí emerge con fuerza la figura del director deportivo Mikel González, que trajo a Bilbao por 1,2 millones de euros a un juvenil navarro de 17 años procedente del Liverpool llamado Elijah Gift. Fue el comienzo de una agresiva política de fichajes de jugadores jóvenes que provocó el lógico mosqueo de sus vecinos de San Sebastián, por hacerse con los servicios de varios chavales del Antiguoko, y de Pamplona por llevarse al lateral de 21 años Adama Boiro. Al grupo de agraviados se sumó poco después el Villarreal cuando le arrebataron a Igor Oyono, un baracaldés que ha disputado varios partidos con las categorías inferiores de la selección española. El Athletic fichaba todo lo que podía, incluido a Sylvain de Weerdt, el ojeador que tenía la Real Sociedad para la zona de Iparralde (país vascofrancés).

A la espera de que la inversión hecha en este grupo de jóvenes dé sus frutos, el otro objetivo prioritario para esta última temporada fue el de regresar a Europa después de seis años fuera, la peor racha en la historia del Athletic, y llegar lo más lejos posible en la Copa. Eso generaría ilusión y, lo más importante, dinero fresco para las arcas del club. Poco a poco el equipo empezó a desplegar un juego vertical con los hermanos Williams por los extremos y Guruzeta ejerciendo de killer. Los goles no tardaron en llegar. En ocasiones bordaban el fútbol con Iñigo Ruiz de Galarreta a los mandos, la única incorporación de fuera llegó la pasada temporada, y una defensa en la que ya nadie echaba en falta a Iñigo Martínez. Y si algo fallaba, allí estaba Unai Simón para solucionarlo.

Los brotes verdes en lo futbolístico devolvieron la sonrisa a las gradas de San Mames. La consecución del vigésimo quinto título copero ya fue el éxtasis. La Gabarra llevaba 40 años sin surcar por la ría del Nervión los 16 kilómetros que separan el puerto de El Abra del consistorio bilbaíno. Mientras, la junta directiva se frotaba las manos al dejar de ser un espejismo la posibilidad de aumentar su capacidad recaudatoria. Por ejemplo, un objetivo bastante asequible de cara a la próxima temporada para el Athletic sería el de superar la liga de 36 equipos en la que disputarán ocho partidos en la Europa League. Eso supondría unos 20 millones euros que podrían ser más a medida que vayan superando rondas. A eso se unen los alrededor de 2,5 millones que percibiría por participar en la Supercopa.

Lo que aún le cuesta comprender al aficionado es el posicionamiento del Athletic junto con el Real Madrid y el Barca contra la Liga por los acuerdos con CVC Capital Partners. El asunto se judicializó en ausencia de los catalanes y Javier Tebas ganó el pulso a madrileños y vascos. En síntesis, la sentencia venía a decir que el denominado Plan Liga Impulso tan solo suponía una operación estratégica para mejorar la competitividad de los clubes y de las ligas profesionales, asi como para "maximizar los ingresos derivados de la comercialización de los derechos audiovisuales de sus asociados". Es decir, que no hacía peligrar la existencia de los clubes que no fueran sociedades anónimas.

Con la parcela económica fuera de la UCI, y ya en planta, el Athletic espera recibir en breve el alta médica que tendrá que refrendar los socios en la próxima asamblea prevista para este otoño. Solo falta apuntalar ahora la parte deportiva. Llegan nuevos refuerzos como Alvaro Djaló (Braga) y Andoni Gorosabel (Alavés), al tiempo que se habló del más que complicado retorno de Aymeric Laporte o del fichaje del jugador del Girona Ivan Martín. También parece ahora compleja la incorporación del olímpico Aimar Oroz, a pesar de que sí que ha habido intención.

A falta de más incorporaciones, Uriarte estaba casi obligado a pujar fuerte con la renovación de Alex Berenguer, cuyo contrato expiraba este domingo. Y lo consiguió sobre la bocina. Hasta la fecha su política para retener a los principales jugadores del Athletic ha sido exitosa (Nico Williams, Sancet, Simón. Prados o Vivián) y dado que el club y el jugador navarro han expresado públicamente que desean lo mismo, parece lógico que haya un final feliz. Donde realmente tendrá que emplearse a fondo el presidente bilbaíno es en tratar de retener al menor de los Williams pese a que acaba de renovar su contrato con el Athletic. No hay día que desde Barcelona se deje de hablar de forma un tanto cansina del jugador. Los culés necesitan un golpe de efecto para tapar su mala temporada porque a día de hoy dan más la imagen una entidad convulsa e inmersa en mil problemas, que la de un club con proyecto atrayente de futuro. Pero, claro, también están los clubes ingleses que parecen tener el dinero por castigo. En fin, habrá que ver lo que depara el futuro al jugador que más ha brillado hasta el momento con la selección en la Europoca.