Los valencianistas retenidos en Singapur vuelven a casa con solo una 'amonestación'
La familia muestra su agradecimiento y critica 'el ruido generado por intereses personales'.

La historia va a acabar con final feliz. Si todo va bien, Daniel Cuesta y su mujer, Mireya, van a regresar a Valencia en las próximas horas tal y como ha podido confirmar este medio con el entorno del aficionado valencianista. Cuesta ya tiene en su poder el pasaporte y volverá a Valencia en el primer vuelo disponible.
Así lo ha confirmado la propia familia en un comunicado que reza así:
Las familias de los retenidos en Singapur queremos comunicar que las autoridades de Singapur han procedido a la devolución de los pasaportes de la pareja y regresarán a Valencia en el primer vuelo disponible.
Finalmente ha quedado todo en una amonestación. Queremos agradecer a todas aquellas personas e instituciones (Embajada de España en Singapur y Delegación de Gobierno en València), que se han preocupado realmente por ellos y lamentar el ruido generado por otras que ha retrasado por intereses personales la resolución de esta pesadilla.
Agradeciendo nuevamente a todas las que nos han hecho llegar su apoyo estos días, nuestra petición en estos momentos es que respetéis la intimidad de la familia para poder volver a la tranquilidad y normalidad".
Es necesario destacar que la pareja estaba siendo investigada por un delito de orden público por exhibir las banderas de 'Lim Go Home' en público. A este respecto, tal y como desveló Relevo, la familia imploraba por discreción en redes y en los medios, de ahí que insistan en decir que ''el ruido se ha generado por intereses personales''. De hecho, desde que se hizo público ''el talante de los singapurenses cambió a peor'' como reconocen fuentes gubernamentales.
Lo cierto es que el gobierno se volcó desde el minuto uno con esta situación. Desde el mismo viernes que le retiraron los pasaportes a Daniel y su mujer, la delegación del gobierno (Pilar Bernabé) y la embajada estuvieron trabajando en el asunto. A Daniel le recomendaron una actitud de humildad y aceptar su error, algo que el chico hizo sin duda. Pero, como reconoce la familia, el estallido de la noticia ''retrasó'' su resolución por el ruido que se generó.
Afortunadamente todo ha quedado en una pequeña amonestación. Y ese 'afortunadamente' es literal, las penas en Singapur por dichas acciones podían llegar desde los 3000 euros, hasta multas físicas en caso de reincidencia, de modo que Daniel dentro de lo que cabe ha tenido suerte. Su pesadilla ha terminado.