CELTA - REAL MADRID

Los secretos de Lucas Vázquez, el secundario que vuelve a vestirse de hombre clave: "Siempre hacía cinco dominadas más que el resto"

El lateral recupera el estatus de titular tras la lesión de Carvajal. Los que mejor le conocen descifran su éxito: "Muchas veces se le hace duro no jugar, pero nunca se rinde".

Lucas Vázquez festeja su gol ante el Alavés. /REUTERS
Lucas Vázquez festeja su gol ante el Alavés. REUTERS
Manuel Amor

Manuel Amor

Siempre en segundo plano, sin hacer ruido ni reclamar miradas, Lucas Vázquez (33 años) vuelve a asomarse a un tramo decisivo de la temporada como una pieza esencial para el Real Madrid. El lateral será titular este sábado en Vigo (21:00) y durante lo que resta de curso por la desgraciada lesión de Carvajal. Y, aunque la baja del segundo capitán y candidato al Balón de Oro se llora y se llorará, el de Curtis ha demostrado estar capacitado para tapar su ausencia sin que se note demasiado: en el tramo final de la campaña pasada completó una actuación prodigiosa en el Clásico (gol, asistencia y penalti provocado), brilló en partidos decisivos como el de Mánchester, entró en las quinielas para la Eurocopa y este curso, en sus apariciones contadas, marcó y entregó un pase decisivo contra el Alavés y destacó contra Espanyol o Stuttgart.

A los que mejor le conocen no les sorprende el don del gallego, un "tío muy normal" que vive obsesionado con el físico, que siempre aparece cuando se le reclama, que acumula ya 358 partidos en sus 10 ejercicios en el primer equipo y que no falla nunca a su comida de los domingos con el núcleo duro que acogió a un chico de Curtis (pueblo coruñés de unos 2.000 habitantes), y que venía de jugar en el modesto Ural, en la intimidante capital. "Solemos organizar las quedadas en su casa, que es la grande. No fallamos ni una semana", cuenta entre risas Carlos Expósito, canterano del Madrid que abandonó el fútbol en 2021 para centrarse en otro escenario habitual de esas veladas: su restaurante El Picaporte, en la zona de Gregorio Marañón y a poco más de dos kilómetros del Bernabéu.

Expo, Ignacio Boto (reconvertido a fisio del primer equipo), David Mateos (mirlo que debutó en Champions y acaba su carrera en el Móstoles) y Andy Rodríguez (centrocampista del Cartagena) forman ese retén de confianza de Lucas, sus apoyos en los buenos y en los malos momentos. Con todos, salvo con Mateos, al que conoció más tarde, coincidió en su estreno en el Juvenil C. "Recuerdo que vino a un torneo de pretemporada en Italia, estaba como a prueba. Ya tiene demasiadas tablas (risas), pero cuando vino era un chico muy tímido. Y el Madrid te espabila muy rápido. A los dos meses se empezó a soltar", recuerda el ahora hostelero y ex de Toledo o DUX Internacional.

Ahí, en un escalón todavía bajo, empezó a germinar el gen de Lucas, siempre talentoso y encarador: "Se le veía algo diferente, que te podía dar cosas distintas". La morriña la curó con Expo: "Andy, Boto y él vivían en la residencia, pero todos los findes se venían a mi casa. Mi madre aceptaba eso de acoger a todo el mundo. Estábamos las 24 horas juntos". Y a su calidad le unió algo entonces excepcional: un mimo exagerado con el cuidado físico y las sesiones extra de gimnasio, algo poco habitual en aquella época. Fue, además, uno de los primeros futbolistas de Valdebebas en empezar a trabajar con un preparador personal en sus ratos libres, una práctica que no abandonó en los veranos en Curtis (A Coruña).

"Él es bajito, y cuando llegó a Madrid se le veía más delgadillo que a los demás, pero el cabrón volvió cuadrado de un verano. Recuerdo que el cuerpo le cambiaba en cada pretemporada. Se metió en serio con el tema del gimnasio y en lo físico pegó un volantazo gordo. Ahora cualquier niño lo hace, pero en ese momento era lo raro", enfatiza Expósito, que pone en valor su capacidad para remangarse: "En Valdebebas hacía cinco dominadas más que los demás, no regateaba una repetición".

"Ahora cualquier niño hace trabajo extra, pero en aquel momento era lo raro. Lucas no regateaba una repetición"

Carlos Expósito Amigo y excompañero de Lucas Vázquez

Todo ese empeño le ayudó a promocionar en la Casa Blanca, paso a paso y sin saltarse etapas: Juvenil C, Juvenil B, Juvenil A y de ahí al Castilla, a veces eclipsado por los Morata, Sarabia, Álex Fernández, Óscar Plano y compañía pero sin bajar nunca los brazos. "Su principal virtud, y lo que le hace grande, es que no se rinde jamás. Se ha mantenido fiel a sus principios; es el perfil de persona que, como entrenador, quieres tener siempre", asegura Andrés Prieto, su cuñado y portero de la Ponferradina.

Andrés Prieto, de vacaciones en Londres junto a Lucas y sus parejas.  INSTAGRAM
Andrés Prieto, de vacaciones en Londres junto a Lucas y sus parejas. INSTAGRAM

Él es desde hace años otra de las personas que asisten de lleno al día a día de Lucas y conocen de su esfuerzo. "La parte que se ve es la de: 'Ostras, qué gusto de jugador'. Pero eso no quita que, joder, para él muchas veces también sea duro no jugar. Trata de evadirse de esa falta de minutos con trabajo. La estabilidad familiar que encuentra en casa, con su mujer y sus hijos, le da fuerzas para seguir cuando vienen mal dadas", admite. También canterano del Real Madrid, Prieto pone de relieve su mentalidad y la ambición de "querer más": "Lo que para otros es un sacrificio, para él es una forma de vida. Fue uno de los primeros en tener esa inquietud: 'Oye, estoy teniendo lesiones, quiero ser más potente, mejorar en mi posición…'. Buscó un preparador físico y dio su primer gran cambio. Siempre ha tenido un buen físico, pero mejoró a la hora de prevenir problemas y en ir fuerte al choque. Ahora ya se ve que es muy difícil moverlo". Durante su etapa en el Juvenil A, Lucas encadenó cuatro roturas de isquiotibiales que le dejaron seis meses en la enfermería.

Normalizar lo extraordinario

Pocos hubieran predicho que aquel niño callado, que se colocaba en una esquina del vestuario del Juvenil para no molestar, iba a pasar a la historia del Real Madrid como uno de los jugadores con más Champions (cinco), más títulos (22, igualado con Manolo Sanchís hijo y Sergio Ramos y a uno de Kroos) y más partidos (va por 358). El éxito, coinciden todos, no le ha cambiado ni un ápice.

"¿Es el mismo, eh?", advierte Pedro Mosquera, su compañero en el Castilla y con el que también mantiene relación. "Sigue muy humilde, igual de discreto. Solemos encontrarnos en A Coruña en verano". A él, pilar del Rayo Majadahonda y con centenares de partidos a sus espaldas entre Primera y Segunda, sí le llama poderosamente la atención "que físicamente esté tan bien": "Cuando no tienes ritmo de competición es complicado rendir… y más en un Clásico o en Mánchester, como el año pasado. Ahí te pueden pasar por encima, pero siempre se ha cuidado y no ha perdido el fútbol de calle que tenía en el filial".

Lucas, con la Decimotercera conquistada en Kiev.
Lucas, con la Decimotercera conquistada en Kiev.

"Diría que Lucas va al contrario que los futbolistas; cuando empiezan a despuntar se vuelven un poco más ariscos con la gente, pero él, al contrario. Cuanto más pasa el tiempo, más normal es", elogia Andrés Prieto, un diagnóstico que corrobora Expósito: "El pensamiento humilde le viene de familia. El otro día lo hablaba con él: hay veces que, en nuestro círculo cercano, normalizamos ciertas situaciones. De pequeños, cuando iba al Bernabéu con Lucas y los demás, no pasábamos de octavos. Ahora tiene cinco Champions, lleva 10 años consecutivos en el Madrid… Me parece impresionante. Y su carácter es igual".

Para ellos, que le han visto crecer, supone "un orgullo" seguir viéndole con un papel relevante en el Madrid. "Conseguir lo que está consiguiendo era mi sueño cuando era pequeño, y él lo está cumpliendo", dice Expo. Si esta temporada vuelve a haber una situación de máxima presión, Mosquera sabe que Lucas levantará la mano, como en la final de Milán de 2016 y en la tanda del Etihad: "Se evade de la exigencia. Ni se crece en los buenos momentos ni se achica en los bajos; es muy tranquilo, tiene las ideas claras y confía en sí mismo". Apunten la receta de un ganador... que no se olvida de los suyos y que este sábado, contra el Celta, regresará al once a sólo 130 kilómetros de su pueblo, donde cambió su cuerpo y empezó a moldear su leyenda.