Las vidas que cambia el Camp Nou: playa, mejores sueldos y el orgullo de construir "el mejor estadio del mundo"
Algunos trabajadores fueron estafados y volvieron a Rumanía, tal y como destapó 'El Periódico'. Los que permanecen aseguran estar muy contentos con las condiciones.
Faltan pocos minutos para las ocho de la tarde y el primer autobús estaciona en una rotonda al lado del Hotel Esplai, en Calella. Con caras de cansancio, algunos todavía con el casco y el peto puesto, bajan. En el rótulo del bus pone Limak. Hace una hora salieron del Camp Nou y llegan a su residencia temporal. No todos viven aquí. Primero los rumanos. Luego, llegan dos autobuses más, la mayoría con trabajadores portugueses y brasileños.
Ha sido una jornada larga, como todas. A las seis y media de la mañana se les espera para ir hacia Barcelona. A las ocho empieza el turno y termina sobre las seis de la tarde. Tiene una hora para comer. Durante las últimas semanas, El Periódico ha ido destapando casos de irregularidades y estafas de algunas empresas subcontratadas a sus trabajadores. El último fue que un grupo de rumanos que tuvieron que luchar para que les pagaran un vuelo de vuelta a Rumanía.
Con 300 euros en mano, después de pelearlo mucho, abandonaron la obra. Les prometieron un sueldo que no cumplieron. Cuando se les pregunta a los residentes del hotel sobre el suceso, todos los identifican. "Les estafó una empresa de su país", reconocen. Los rumanos, cuya gran mayoría no hablan ni inglés ni español, se explican a través del traductor del móvil. Saben por lo que pasaron sus compañeros, pero ellos vinieron contratados por otra empresa y aseguran no tener ningún tipo de problema.
"Si nos engañaran, no estaríamos aquí"
Lo primero que hacen muchos de los obreros al bajar del bus es entrar al supermercado, a escasos metros del hotel. Salen con latas de cerveza y bolsas con algo para picar, su cena. Es el momento de recompensa diaria. Lamentan lo sucedido con parte de los rumanos, pero todos los preguntados afirman estar felices. "Nos pagan más que en nuestro país y las condiciones son muy buenas. Si nos engañaran, no estaríamos aquí. Leímos todo el contrato que firmamos", explica un carpintero.
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— Relevo (@relevo) June 18, 2024
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Trabajan de lunes a viernes y dos sábados de cada mes. Los domingos, descansan. El hotel está en un pueblo de la costa catalana. "Tenemos piscina, la playa cerca... no nos podemos quejar", comenta otro. Ven la Eurocopa juntos, se juntan en alguna de las habitaciones. Los viernes por la noche, si el sábado no se trabaja, bajan a los chiringuitos a beber y bailar. "Va bien para despejar la cabeza un poco", dicen. Ya lo dice el lema de la comarca: Maresme, lliure i tropical [Maresme, libre y tropical].
El grupo de portugueses, lata de cerveza en mano, cuentan que trabajan para una empresa que les ha llevado por varias partes de Europa. "He trabajado en Da Luz, en el campo del Rennes, en Marsella... y ahora en el Camp Nou", cuenta el carpintero. Algunos aprovechan la hora para hacer videollamadas con sus familias.
Todos coinciden en que las obras van bien de plazos, aunque todavía quedan años para que se termine por completo. Confían en que a finales de año se podrá abrir con aforo disponible para la mitad de espectadores, el club lo cifra en el 60%. Ahora ya piensan en las vacaciones del mes que viene. Tiene 15 días para regresar a su Portugal y estar con la familia.
Algunos de ellos visitaron el museo blaugrana, instalado ahora en la antigua pista de hielo, y quedaron asombrados. Lo que más les gustó fue ver las Champions. Y aunque no son seguidores del Barça, dicen orgullosos que podrán decir a sus hijos que "construimos el mejor estadio del mundo".