OPINIÓN

De villano a víctima en una rueda que nunca tiene final

Xavi da órdenes a sus jugadores en el partido ante el Sevilla. /EFE
Xavi da órdenes a sus jugadores en el partido ante el Sevilla. EFE

La gestión ha sido tan mala que quien estaba siendo hasta hace unas semanas el culpable de la pobre temporada del Barça ha terminado siendo una víctima más del engranaje del club, cuyo funcionamiento denota un mal endémico que Xavi, al que se apuntaba por el juego y resultados, ha terminado padeciendo, pasando así de villano a mártir. Y quizás hasta me parezca bien, no sé si justo, pero estoy a favor de que las leyendas, y poquísimas miran de cerca a Xavi, se marchen de los sitios que han hecho grandes con el recuerdo intacto. Que en unos años no se hable de que en la 23/24 no se jugó bien ni se ganó nada, sino que fue el primer año de Fermín, Cubarsí y Lamine.

Solo hay algo que funcione mejor que el miedo: la ilusión. Una vez se activa en nuestro cerebro, ya no hay nada ni nadie que logre aplacarla, y mucho menos la triste y grisácea realidad, por mucho empeño que tenga en mostrarnos las cosas tal y como son. Y lo confieso: yo ya vuelvo a estar ilusionado y a respirar el fútbol de la misma forma que se respira siempre en agosto, que no es otra forma que con un optimismo inconsciente. Estamos en mayo y la temporada ya ha acabado y yo ya empiezo a notar ese cosquilleo de quien abre los regalos la mañana de reyes, con una ilusión intacta pese al descalabro, porque no importa cuánto pierdes, sino cuánto estás dispuesto a aguantar. Y mi resistencia es maratoniana.

Es la primera vez desde el 24 de enero en la que Pedri juega los 90 minutos. El gol número 11 de Fermín en su primer curso como profesional. El partido número 50 de Lamine Yamal con 16 años y el enésimo choque repleto de una sobriedad funcional de Cubarsí, al que ya nadie adula porque en apenas cuatro meses el público ha normalizado con una rapidez sorprendente lo inaudito; que un adolescente se asiente en la posición más difícil de todas y lo haga sin levantar la voz, minimizando hasta lo ridículo los errores que uno creería normales a esta edad. Hace ya tantas jornadas que el culer ha asumido la condición de derrotado que el cierre crepuscular de esta temporada es una invitación a la siguiente, un guiño para volver a la pista de baile, de donde el fútbol nunca te permite salir.

Xavi valora su trabajo con los jóvenes. LaLiga

En el abrazo entre Xavi y Fermín simboliza un final menos amargo del que realmente ha habido, como si al acabar la serie existiese un cierre alternativo, de menor calado emocional, en el que refugiarte. Porque sí, Xavi se ha quedado muy corto en la mayoría de atributos que un entrenador necesita para llevar a un transatlántico como el del Barça, pero ha demostrado tener la valentía y el buen ojo necesario a la hora de permitir que los talentos que apretaban, floreciesen, porque es difícil poner a quien no tiene identidad conocida, pero sobre todo lo complicado es seguir confiando una vez se equivocan o bajan su nivel.

Nunca dejará de sorprenderme la velocidad a la que va todo. El lunes se anunciará a Flick con el cuerpo de Xavi todavía caliente, sin unas explicaciones previas que permitan entender los hechos, quedando a la vista un puzle roto carente de sentido, con LaLiga acabada y con la plantilla repleta de dudas e incógnitas, sin saber de quién habrá sido el último partido. Yo solo le pido al Barça que me avise con tiempo, que uno nunca está preparado para los cambios bruscos. Es ley de vida. El lunes Xavi ya no estará y habrá un juguete nuevo. La ilusión se renovará de forma automática. Y las dudas, ahora imposibles de olvidar, pasarán a un segundo plano. Que esto vuelva a empezar.