OPINIÓN

Vuelven Madrid y Barça, y Ancelotti y Xavi piden vacaciones

Carlo Ancelotti y Xavi se saludan en el Camp Nou./Efe
Carlo Ancelotti y Xavi se saludan en el Camp Nou. Efe

El panorama del primer día después de las vacaciones va cambiando con el paso del tiempo. Las sensaciones fluctúan, aunque la emoción no tiene por qué ir a menos. Salvo mi querido Manolete, que reconocía abiertamente que nada más entrar con olor a playa en la redacción de AS ya estaba mirando fechas y destinos para su próxima escapada, el resto de humanos ha tenido o sigue teniendo altibajos más o menos confesables.

En parvulitos, que es el primer contacto con el mundo externo, lo normal es que uno entrara en el aula llorando por separase de su gente y saliera del debut queriéndose ir a casa de los primeros amiguitos. En el colegio, siguiente paso vital, hacía ilusión el regreso al tajo por las trepidantes pachangas del recreo. En el instituto, ya empezaba a dar pereza salir de casa. En mi pueblo, este día de autos llegaba justo después de la Feria y no había ganas de afrontar las clases de Física y Química a quemarropa y sin anestesia. Sin embargo, en la universidad reaparecían las inolvidables mariposas del estómago entre el 'No a la guerra'. Volvías a salir de la madriguera cargado de tupers, compartías pupitre con alguna repetidora interesante y regresaban los botellones sin necesidad de esperar al fin de semana. Hasta que el trabajo, ese nuevo mundo que espera hasta la vejez, te agria el carácter para siempre, curiosamente en el momento en el que -bien, mal o regular- por fin se digna a pagarte por lo que haces.

El regreso de hoy a la tarea del Real Madrid y el Barcelona, como tantos otros equipos, será una buena coctelera sentimental, pues en esas plantillas cabe absolutamente todo. Uno puede recordar cómo ha sido su vida haciendo un simple repaso a varias de las caras que darán lustre a ambas plantillas. Siendo lunes además, se esperan sonrisas y lágrimas. En Valdebebas y en la Ciudad Deportiva Joan Gamper comparecerán bebés (desde Güler a Yamal), adolescentes con la mochila colgada en la espalda, con el sandwich incluido (Nico Paz o Casadó), jóvenes imberbes que, con su precocidad, ya están casi de vuelta (Brahim o Ansu), universitarios en busca de confirmar un porvenir (Fran García y Balde), expertos en la zona (Carvajal y Ter Stegen) o recién llegados (Bellingham e Íñigo) y una pila de veteranos con mil trienios a los que, después de gozar de su privilegiada vida en Ibiza y Maldivas, ver a tipos como Pintus les borra de un plumazo la sonrisa.

Florentino Pérez felicita a Carlo Ancelotti. AFP
Florentino Pérez felicita a Carlo Ancelotti. AFP

Pero de todos ellos me quedo, por compasión, con Ancelotti y Xavi. Sobre todo porque los entrenadores nunca desconectan. Aquellas vacaciones que vivían como futbolistas, en las que la única preocupación era si bajar a la playa o la piscina, se han convertido en una tortura china desde que viven en los banquillos. Con un ojo siempre pendientes de que no les desmantelen el equipo, con otro, de que sus presidentes vuelvan de la lonja con el mejor producto, y entre medias con la tensión de intentar que las alegrías procedentes del club, que las hay y se las dan, ganen a los disgustos, que de eso siempre sobra.

El corto verano de Ancelotti ha sido más estresante que nunca. Cuando él lo que buscaba era la jubilación, ahora se ha dado cuenta -sin comerlo ni beberlo- que es pluriempleado. Primero debe devolver la gloria al Madrid en el año de contrato que le queda y, casi a la vez, debe ir echando un ojo a los brasileños que juegan por el mundo para que cuando se haga cargo de la Canarinha, se supone que en 2024, rodee a Militao, Rodrygo y Vinicius de un plantel capaz de volver a reinar en América y en el mundo. Y, para colmo, tendrá que dar explicaciones próximamente a Florentino sobre si hay algo firmado o sólo se trata de un pacto verbal.

No le ha sido fácil desconectar, pese a que el italiano sabe disfrutar de la vida como nadie. Benzema se le ha ido, el nivel de los revulsivos ha menguado, se ha quedado sin nueve de garantías, vive como todo el madridismo angustiado por si Mbappé quiere ser rico o multimillonario -con toda la incertidumbre que ello genera- y, encima, tras pasarle algún que otro vídeo sobre Güler para que ratificara si es diestro o es zurdo, le han pedido que le diera un toque al chaval para darle cariño e intimidarle. Así no hay quien descanse. Al menos no tendrá que volver a ver la tripita de Hazard en los primeros exámenes médicos.

Xavi, junto a Joan Laporta. EFE
Xavi, junto a Joan Laporta. EFE

Lo de Xavi no ha sido mucho mejor. La consecución de la Liga le ha dado algo de tregua, pero el amago con Messi, el overbooking de jugadores a los que no logra dar salida, el coqueteo del City con De Jong y la salida de Busquets le han cortado el cuerpo. Más que por el adiós del mediocentro, casi cantado, porque su sustituto será la quinta preferencia. Todo con un Clásico veraniego, con nueva pinta de examen, a la vuelta de la esquina. Más vale que Gündogan no se haya excedido como Grealish y que Vitor Roque se adapte más rápido que Dembélé.

Puestos a pedir, hoy sería un estupendo día para meter un micro de incógnito en ambos vestuarios. Imagino a los más perezosos citando al escritor y filósofo Elbert Hubbard tras haber visto algún post con sus mejores frases en Instagram: "Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas". Podríamos captar a los más reflexivos y que menos se quejan de la vuelta, como Kroos o Pedri, que seguramente hayan imitado este tiempo el estilo de vida del mago y cómico Robert Orben: "En unas buenas vacaciones no tienes nada que hacer y tienes todo el día para hacerlo…". O a tipos como Vallejo y Ferran, que no pierden la fe pese a que pocos cuentan con ellos, con una sentencia shakespeariana: "Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar".

Sea como fuere, todos manos a la obra. Los títulos y las obligaciones están ahí y Haaland no perdona.