Cambiar un país es el sueño 'imposible' de Piqué en Andorra: "No ha arraigado aún, los niños practican esquí o baloncesto"
El propietario, asociado con empresarios de allí, invertirá 25 millones en un estadio y se impone a las familias tradicionales.

Al pasar la aduana que da la bienvenida a Andorra no se atisba ni una brizna de nieve. Es diciembre y el termómetro apenas supera los tres grados. Al fondo, entre montañas, en las profundidades del 17º país más pequeño del mundo de apenas 83.000 habitantes, se aprecian las primeras manchas blancas, lejos del epicentro donde ahora Gerard Piqué es una de las personas más populares. El exjugador del Barça, de 36 años, preside el palco en el Andorra-Espanyol que finaliza 1-1. Ríe y celebra el gol con sus amigos, lejos del traje y la corbata, y se bebe un botellín de cerveza mientras bromea en el descanso. Ha sido una semana grande para el de La Bonanova de Barcelona… y encima su equipo le dio un baño sin premio al Espanyol.
En una reunión capital para el futuro del club, el Gobierno de Andorra y Piqué, máximo accionista, aprobaron el proyecto del nuevo estadio que se construirá junto a los dos campos de la Federació Andorrana de Fútbol en la Borda Mateu, entre Santa Coloma de Andorra y Andorra la Vella, y han firmado que los próximos dos o tres años (mientras dure las obras) el equipo de la Lyga Hypermotion siga jugando en el Estadi Nacional, por lo que el compromiso del empresario barcelonés y del país pirenaico es total. Y ya está firmado.
El nuevo estadio tendrá una capacidad para 7.000 personas (ampliable a 14.000) y costará 50 millones de euros. El Gobierno pagará la mitad y Piqué y su grupo de socios, el resto, mientras que la concesión para la entidad será de 50 años. Un plan ambicioso para un país poco futbolero y con un techo para crecer, como explican ilustres vecinos que se dedican también a este deporte en Andorra o que siguen desde la cercanía "el serio proyecto del Andorra".
"El estadio nunca se podrá ampliar a 14.000", cuenta uno de ellos, quien enumera los infinitos problemas que llevarían el colapso al país en caso de que el Andorra ascendiera a Primera División si se da esa circunstancia en el futuro y se generara una mayor expectación que trajera a aficionados de fuera. "Solo hay una carretera de entrada. No hay más. Los fines de semana la capacidad hotelera alcanza el 80 u 85% de ocupación… ¿Cómo va a entrar esa gente? Sí solo hay 400 policías en todo el país...", explica uno de los vecinos. "En el puente de la Purísima entraron 150.000 coches", cuenta otro.

Andorra "es un embudo", ilustra Horacio Gaggioli, representante que vive en el país desde hace años y que baja de vez en cuando a Barcelona y a otros puntos, aún agente de jugadores, quien se deja caer siempre que puede por el Estadi Nacional. Pero no todos opinan lo mismo. "Andorra vive para el turismo, no hay que temer que venga gente de fuera los días de partido. Vinieron 800 del Espanyol y no pasó nada. ¿Por qué debería ser diferente en Primera?", relata otro vecino. Con la duda de esas infraestructuras ("todos los sábados sube un avión de Madrid a la Seu d'Urgell") que pueden imposibilitar el crecimiento (desde el club en ningún momento se habla de Primera, sino de consolidarse en Segunda), se le añade también el arraigo del fútbol al país, donde la cultura deportiva 'esquía' por otro lado.
"Los sábados y los domingos los niños van al club de esquí de 9:00 a 17:00. Es una tradición", explica Unai Vergara, exjugador del Villarreal e internacional con España, que reside también en la zona. Al margen del deporte rey, que además es foco de turismo, el baloncesto (con un equipo que alcanzó varios años la ACB) y el rugby son otros deportes de mayor tradición, especialmente este último entre las familias de poder de Andorra. Una batalla que finalmente también ha ganado Piqué, pero le queda la más difícil, la de crear una cultura de fútbol: apenas hay 26 clubes.
"Los sábados y los domingos los niños van al club de esquí de 9:00 a 17:00"
Exjugador y vecino de Andorra"El otro día vino el Espanyol, el mejor rival de Segunda, y había 3.000 en la grada, un 30% eran de fuera. El fútbol no tiene arraigo aún. No hay fútbol base. Pero sí que hay baloncesto de base", añade otro andorrano, conocedor por su profesión del deporte. El fútbol, al jugarse al aire libre, no ha cuajado ante la imposibilidad de crear equipos en todas las categorías y de hacer ligas competitivas.
Las relaciones de Piqué en Andorra y sus negocios
Las zancadillas que sí que ha ido superando Piqué son las políticas. El pasado octubre, Alain Cabanes, secretario d'Estat d'Esports i Joventut del Gobierno de Andorra, abrió la caja de los truenos. Próximo al rugby, quienes querían recuperar su estadio (habían tenido que dejarlo por un campo de césped artificial en Encamp), declaró que no se le iba a prorrogar el contrato a Piqué y que tendría que abandonar su actual instalación. El ex jugador del Barça, visceral, declaró que "Andorra se quedaba sin fútbol", pero finalmente el Gobierno limó asperezas y se llegó al entendimiento. El fútbol seguirá con los mayores privilegios de instalaciones después de que Piqué invirtiera entre tres y cuatro millones en mejorar el recinto.
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— FC Andorra (@fcandorra) December 17, 2023
Uno de los méritos de Piqué, al margen de traer un proyecto ganador (el club pasó de regional a la LigaHypermotion), de dinero y reputación, ha sido el de rodearse de los empresarios más adinerados de Andorra. Uno de ellos, la marca Morabanc, que firmó un contrato de diez años por el patrocinio principal, y otro es la familia Cierco, que además posee un 10% del accionariado. Entre ellos está Higini, quien fuera directivo del Barcelona en 2015 y cuya familia era la dueña de la Banca Privada de Andorra antes de su desaparición y de sus problemas con la justicia. "El hijo es amigo de Piqué. Tienen hoteles y eran dueños de la Banca Privada. Han montado una empresa mitad andorrana, mitad española", explican otras fuentes. No es de extrañar ver a Piqué en el Hotel Plaza de Andorra la Vella, propiedad de Cierco.
La construcción del estadio asegura el futuro de Piqué en Andorra para muchos años y la apuesta por este deporte de un país que abre nuevas vías de negocio pero que sabe cuál es su techo, por orografía y por tradición. "Aquí no se juntan más de 2.000 personas viendo el fútbol", explican los vecinos. Otros, en cambio, ven el Andorra como una oportunidad para crecer, "mejorar las infraestructuras", seguir absorbiendo turistas y crear una cultura futbolística. Un sueño ¿imposible? o un negocio más de un Piqué que se diversifica una vez retirado.