El Málaga alarga la agonía entre los pitos y la reivindicación de su afición
Los goles de Escassi y Lago Júnior superan al Mirandés y el conjunto costasoleño aún tiene opciones matemáticas de salvación.

El Málaga se resiste a caer al pozo de la Primera RFEF. La victoria ante el Mirandés alarga la agonía del conjunto malaguista, que sí vivió el triunfo en medio de la crispación y la resignación. Los tres puntos garantizan que el Málaga continúe con vida una semana más. Las matemáticas siguen otorgando una mínima rendija a los de Sergio Pellicer, por más que en la entidad ya se asumiera el descenso tras la derrota de Ponferrada. Habrá que esperar a los resultados de este domingo para conocer la distancia con respecto a la permanencia, que ahora mismo marcan Racing y Huesca con 48 puntos, cinco más que el Málaga.
Pero el ambiente fue extraño. Antes, durante y al final del encuentro, la afición mostró su disconformidad con la gestión de los dirigentes, pero también cargó contra sus futbolistas. "Jugadores, mercenarios", se escuchó en La Rosaleda incluso justo después de que Escassi abriera el marcador. 18.035 valientes, una entrada más propia de un partido de otra categoría, para dejar claro que el malaguismo estará siempre con los suyos como demostró en la recta final del encuentro. "Málaga, somo nosotros", estalló el estadio que también botó al grito de "Forza, Málaga".
El 1-0, eso sí, había aplacado algo el ambiente que se había vivido en la previa, con esa protesta organizada por las principales peñas de la entidad. La indiferencia y el silencio fueron mayoritarios durante el desarrollo del partido, salvo cuando el fondo de los más ultras mostraba el dedo acusador, tanto con cánticos como también con esas pancartas que fueron mostrando y cambiando durante el desarrollo del partido. "Lo que vieron nuestros abuelos también lo verán nuestros hijos. Gracias, ineptos", fue la primera, a la que siguieron otras que apuntaron al administrador y a los futbolistas, los más señalados durante toda la jornada. "Okupasteis un club de fútbol para hacerlo un cortijo", se leía en una crítica a los dirigentes. "Un corral de gallinas cluevas sin huevos. Jugadores, mercenarios", se apuntaba en otra. "Una plantilla de fracasados sólo aspira a descender" o "Los culpabes siguen dentro del cortijo" apuntaron las últimas que aparecieron en La Rosaleda.
También hubo críticas individualizadas, sobre todo para Alfred N'Diaye, protagonista de incidentes extradeportivos durante la temporada y que focalizó buenas parte de los pitos de una grada desencantada. Ante ese panorama Sergio Pellicer tuvo mano izquierda y dejó al franco-senegalés en la caseta en el intermedio, con esa intención de no enrarecer más el ambiente. Pero también hubo ovaciones para jugadores como Chavarría o Lago Junior, a los que la grada sí quiso reconocer el compromiso exhibido en los últimos tiempos.
Ha sufrido mucho el malaguismo desde el pasado verano y eso ha provocado una situación de hastío e incertidumbre. Nadie sabe qué será del Málaga del próximo curso, aunque los aficionados sí quisieron dejar claro que estarán junto a su equipo. "Málaga, Málaga", se escuchó a todo el estadio tras el 2-0 de Lago Júnior, como queriendo olvidar esa posición en la tabla.
El malaguismo vivió una noche de sentimientos contradictorios. De la protesta a la fiesta en cuestión de segundos. De la crítica a los aplausos o a la demostración de amor a unos colores. El descenso tendrá que esperar, pero lo único que quedó claro en La Rosaleda es que la afición blanquiazul estará siempre al lado de su equipo. Y de los suyos, como con esa petición para que saliera el juvenil Álex Calvo, un soplo de aire fresco entre tanta frustración. "Cómo no te voy a querer si yo te he visto jugar en Segunda B", cantó una grada a un equipo que todavía se resistió a consumar el descenso.