La contraseña de Mbappé

Hoy encendí el ordenador del trabajo y ahí estaba. Se manifestó de nuevo como una aparición mariana, este vez en forma de correo: "Su contraseña caduca en 14 días". En mi anterior puesto laboral se presentaba en forma de rectángulo grisáceo con un signo de cierre de exclamación amarillo en la parte superior izquierda y un mensaje de advertencia. Confiaba en que un cambio de vida implicara también un cambio de protocolo; me pasé 18 años poniendo nombres clave. Pero no. En su momento, telefoneé a un informático y le trasladé mi queja. "¿No me podéis programar el ordenador para que me salga el dichoso letrero, no sé, pongamos cada seis meses?", pregunté. "No. Es necesario variarlas en periodos más cortos para evitar que entren en tu perfil y lo hackeen", contestó el compañero, de forma académica. Me disculpé por las molestias y colgué. Siempre que hablaba con ellos tenía la sensación de que la llamada había caducado.
Tengo la misma sensación con Mbappé. Cada cierto tiempo, lanza un mensaje para que le renueven algo. Si no es el contrato, es el salario. Si no es alguna cláusula de patrocinio, es la plantilla. Si no es el entrenador, es un turno en la tanda de penaltis. Y, como los mensajes informáticos, se ha convertido en algo molesto. Da la impresión de que Mbappé sólo está cómodo entre halagos. No admite un obstáculo. Como cuando rechazó fichar por el Real Madrid porque quería una garantía de titularidad, algo que Florentino no le pudo asegurar en aquel equipo con Cristiano, Benzema y Bale. La noticia de que quiere irse del PSG, sólo cuatro meses y medio después de renovar su contrato hasta 2025 (o 2024, quién lo sabe ya), es tan grotesca como sintomática. El francés, desconozco si guiado por un entorno insatisfecho, por verse convertido en una cuestión de Estado o por ese carácter casi pueril que manifiesta, ha querido arrogarse tanto poder que está quedando continuamente en mal lugar. No se despega de la polémica.
Todos los acontecimientos que están salpicando su imagen en los últimos meses refuerzan aquel "este no es mi Mbappé" que Florentino expresó en El Chiringuito después de que el delantero del PSG dejara en cueros al Real Madrid, compuesto y sin fichaje. Un lamento que sonó a mensaje. Si un día quieres jugar en el Real Madrid, ese no es el camino, pareció deslizar. Desde entonces, ha montado incendios por temas publicitarios, porque Neymar le miró mal en un entrenamiento, porque Galtier le pone en un puesto que no le gusta, porque... Desde luego, este Mbappé con multicargo y multicargas es una bomba de relojería.
Cuando saltó la noticia de RMC, que confirmó Marca, la pregunta surgió como una erupción volcánica: ¿y el Madrid? ¿Le ficharía ahora? Tranquilos, que diría Florentino. El presidente, con media estocada cuando Mbappé le rechazó, no cerró del todo la puerta. Pero mucho han cambiado las cosas. Vinicius se ha vestido de protagonista, Rodrygo ya es decisivo, Benzema sigue siendo Benzema, Valverde lo es todo... y Haaland es un huracán en la Premier. El noruego está devorando Inglaterra y en el Bernabéu, me consta, le tienen en cuenta para el futuro. Él parece que también maneja la opción. De ahí que en su contrato, según The Athletic, haya una cláusula de 200 millones para salir en 2024. Con Benzema a las puertas de la jubilación y con Vinicius en este estado de crecimiento, yo no tendría dudas (sin menospreciar, obviamente, las enormes cualidades futbolísticas de Kylian). Haaland se está dedicando a jugar y entusiasma; Mbappé se está obsesionando con negociar y presionar. Y cansa. Como las contraseñas de ordenador. La única salida para el delantero del PSG es formatear su disco duro.